La actual guerra mundial, que tantas calamidades ha causado allí donde ha estallado, que ha asolado y arruinado Bélgica y Galitzia, que ha destrozado miles y miles de existencias obreras, es una guerra imperialista, provocada por la lucha de las clases dominantes de los distintos países por el reparto de las colonias y el dominio del mercado mundial, así como por los intereses dinásticos. Es la continuación natural de la política de la clase capitalista y de los gobiernos de todos los países, y por eso la cuestión de quién asestó el primer golpe no reviste, desde el punto de vista socialista, el menor interés.

Esta guerra no sólo no sirve en absoluto a los intereses de los obreros, sino que es un arma en manos de las clases dominantes para quebrantar la solidaridad internacional de los obreros y, dentro de cada país, debilitar su movimiento y su lucha de clases. Del mismo modo, la consigna de «defensa de la patria», enarbolada por la burguesía y apoyada por los oportunistas, no es más que un señuelo mediante el cual la burguesía intenta persuadir al proletariado para que entregue su vida y su sangre en aras de sus intereses.

Teniendo todo esto en cuenta, la conferencia internacional extraordinaria de mujeres socialistas, apoyándose en la resolución de Stuttgart, que recomienda utilizar la crisis económica y política causada por la guerra para levantar al pueblo con el fin de acelerar la caída del régimen capitalista; en la resolución de Copenhague, que declara que los diputados están obligados a votar contra los créditos de guerra; y en la resolución de Basilea, que afirma que los obreros consideran un crimen dispararse unos contra otros, declara que los representantes de la mayoría de los partidos socialistas de los países beligerantes han actuado de manera completamente contraria a estas resoluciones y, cediendo a la presión de las circunstancias, han cometido una verdadera traición al socialismo, sustituyéndolo por el nacionalismo; afirma que los proletarios de todos los países no tienen otro enemigo que su enemigo de clase: la clase capitalista. Los terribles sufrimientos causados por esta guerra despiertan en todas las mujeres, y especialmente en las proletarias, un deseo de paz cada vez mayor. Al declarar la guerra a toda guerra imperialista, la conferencia considera al mismo tiempo que, para que este deseo de paz pueda convertirse en una fuerza política consciente, es necesario que las obreras comprendan bien que las clases poseedoras sólo aspiran a anexiones, conquistas y dominación; que en la época del imperialismo las guerras son inevitables y que el imperialismo amenaza al mundo con toda una serie de guerras si el proletariado no encuentra en sí la fuerza suficiente para poner fin al régimen capitalista, derrocando definitivamente al capitalismo. Si la obrera quiere acortar el período de sufrimientos vinculado a la época de las guerras imperialistas, es necesario que su aspiración a la paz se convierta en indignación y lucha por el socialismo. Sólo mediante el movimiento revolucionario de las masas, intensificando y agudizando la lucha socialista, la obrera alcanzará su objetivo en esta lucha. Así pues, su primer deber es el apoyo a las organizaciones sindicales y socialistas y la ruptura de la paz civil mediante la lucha contra los créditos de guerra, contra la entrada en los ministerios burgueses, mediante el apoyo y la propaganda del hermanamiento de los soldados en las trincheras del campo de batalla, mediante la creación, allí donde el gobierno haya suprimido las libertades constitucionales, de organizaciones ilegales y, por último, mediante la incorporación de las masas a la participación en manifestaciones y movimientos revolucionarios.

La conferencia internacional de mujeres socialistas exhorta a las obreras de todos los países a emprender de inmediato esta lucha, organizándola internacionalmente y vinculando estrechamente su labor con la de aquellos socialistas de todos los países que, como Liebknecht, combaten el nacionalismo y llevan a cabo una lucha socialista revolucionaria.

Al mismo tiempo, la conferencia recuerda a las obreras que en los países más avanzados de Europa las condiciones objetivas para la producción socialista ya han madurado, que todo el movimiento entra en una nueva fase, que la actual guerra mundial les impone nuevas y serias obligaciones, que su movimiento puede ser el precursor de una acción general de las masas que podría dar un nuevo impulso a todo el movimiento socialista y acercar la hora de la liberación definitiva. Tomando la iniciativa en la organización de manifestaciones y acciones revolucionarias de masas, las obreras, marchando de la mano del proletariado, podrán iniciar una nueva era de la lucha proletaria, durante la cual el proletariado conquistará el socialismo en los países más avanzados y la república democrática en los más atrasados.

Suplemento al núm. 42 del periódico «Sotsial-Demokrat», 1 de junio de 1915.

Se publica según el texto del Suplemento.