En cada país, la lucha contra su propio gobierno, que libra una guerra imperialista, no debe detenerse ante la posibilidad de la derrota de ese país como resultado de la agitación revolucionaria. La derrota del ejército gubernamental debilita a ese gobierno, contribuye a la liberación de los pueblos por él esclavizados y facilita la guerra civil contra las clases dominantes.

Aplicado a Rusia, esta posición es particularmente cierta. Una victoria de Rusia trae consigo el fortalecimiento de la reacción mundial, el fortalecimiento de la reacción dentro del país y va acompañada de la completa esclavización de los pueblos en los territorios ya conquistados. En virtud de esto, la derrota de Rusia, bajo todas las condiciones, representa el mal menor.