No cabe duda de que el mayor interés para todos los internacionalistas lo representa la situación en la oposición socialdemócrata alemana. La socialdemocracia oficial alemana, que fue el partido más fuerte y dirigente de la II Internacional, asestó el golpe más sensible a la organización internacional de los trabajadores. Pero en la socialdemocracia alemana apareció al mismo tiempo la oposición más fuerte. De entre los grandes partidos europeos, en ella fueron los primeros en alzar una voz enérgica de protesta los camaradas que permanecieron fieles a la bandera del socialismo. Con alegría leíamos las revistas "Lichtstrahlen" y "Die Internationale". Con mayor alegría aún nos enterábamos de la difusión en Alemania de proclamas revolucionarias ilegales, como por ejemplo la proclama "El principal enemigo está en el propio país". Esto hablaba de que entre los obreros alemanes está vivo el espíritu del socialismo, de que en Alemania hay todavía hombres capaces de defender el marxismo revolucionario.

En el seno de la socialdemocracia alemana se perfiló con la mayor claridad la escisión en el socialismo contemporáneo. Vemos aquí con toda nitidez tres corrientes: los oportunistas-chovinistas, que en ninguna parte han llegado a tal grado de caída y renegado como en Alemania; el "centro" kautskiano, que se ha mostrado aquí completamente incapaz de desempeñar otro papel que el de servidor de los oportunistas; y la izquierda, que constituye los únicos socialdemócratas en Alemania.

Lo que más nos interesa, naturalmente, es la situación en el seno de la izquierda alemana. Vemos en ella a nuestros camaradas, la esperanza de todos los elementos internacionalistas.

¿Cuál es, pues, esta situación?

La revista "Die Internationale" tenía toda la razón al decir que en la izquierda alemana todo se encuentra todavía en proceso de fermentación, que aún se avecinan grandes reagrupamientos, que en su seno hay elementos más decididos y menos decididos.

Nosotros, los internacionalistas rusos, no pretendemos en lo más mínimo, por supuesto, inmiscuirnos en los asuntos internos de nuestros camaradas de la izquierda alemana. Comprendemos que sólo ellos mismos son plenamente competentes para determinar sus métodos de lucha contra los oportunistas, teniendo en cuenta las condiciones de tiempo y lugar. Consideramos solamente nuestro derecho y nuestro deber exponer con franqueza nuestra opinión sobre la situación.

Estamos convencidos de que tenía profunda razón el autor del artículo de fondo de la revista "Die Internationale" al afirmar que el "centro" kautskiano causa más daño a la causa del marxismo que el socialchovinismo abierto. Quien ahora disimula las divergencias, quien bajo la apariencia del marxismo predica ahora a los obreros lo que predica el kautskianismo, adormece a los obreros, es más pernicioso que los Südekum y los Heine, que plantean la cuestión con crudeza y obligan a los obreros a discernir.

La "Fronde" contra las "instancias", que últimamente se permiten Kautsky y Haase, no debe engañar a nadie. Las divergencias entre ellos y los Scheidemann no son divergencias de principio. Unos consideran que Hindenburg y Mackensen ya han vencido y que ahora ya se puede permitir el lujo de protestar contra las anexiones. Otros consideran que Hindenburg y Mackensen aún no han vencido y que por eso hay que "aguantar hasta el final".

El kautskianismo libra contra las "instancias" una lucha sólo aparente, precisamente para, después de la guerra, disimular ante los obreros la disputa de principios y embadurnar el asunto con una enésima resolución inflada de espíritu vagamente "izquierdista", en lo que son tan maestros los diplomáticos de la II Internacional.

Es perfectamente comprensible que, en su difícil lucha contra las "instancias", la oposición alemana deba utilizar también esta "Fronde" no principista del kautskianismo. Pero la piedra de toque para todo internacionalista debe seguir siendo la actitud negativa hacia el neokautskianismo. Sólo es verdaderamente internacionalista quien lucha contra el kautskianismo, quien comprende que el "centro", incluso después del viraje simulado de sus líderes, sigue siendo en el plano de principios un aliado de los chovinistas y de los oportunistas.

De enorme importancia es nuestra actitud hacia los elementos vacilantes en la Internacional en general. Estos elementos —predominantemente socialistas de matiz pacifista— existen tanto en los países neutrales como en algunos países beligerantes (en Inglaterra, por ejemplo, el Partido Laborista Independiente). Estos elementos pueden ser nuestros compañeros de viaje. El acercamiento con ellos contra los socialchovinistas es necesario. Pero hay que recordar que no son más que compañeros de viaje, que en lo principal y fundamental, a la hora de la reconstrucción de la Internacional, estos elementos no irán con nosotros sino contra nosotros, irán con Kautsky, Scheidemann, Vandervelde, Sembat. En las conferencias internacionales no se puede limitar el propio programa a lo que es aceptable para estos elementos. De lo contrario, nosotros mismos caeremos prisioneros de los pacifistas vacilantes. Así ocurrió, por ejemplo, en la conferencia internacional femenina de Berna. La delegación alemana, que sostenía el punto de vista de la camarada Clara Zetkin, desempeñó de hecho en esta conferencia el papel de "centro". La conferencia femenina dijo sólo aquello que era aceptable para las delegadas del partido oportunista holandés de Troelstra y para las delegadas del I.L.P. (Partido Laborista Independiente), el cual —no lo olvidemos— votó en la conferencia chovinista de la "Entente" en Londres en favor de la resolución de Vandervelde. Expresamos nuestro más profundo respeto al I.L.P. por su valiente lucha contra el gobierno inglés durante la guerra. Pero sabemos que este partido no se ha mantenido ni se mantiene sobre el terreno del marxismo. Y consideramos que la tarea principal de la oposición socialdemócrata en el momento actual es alzar la bandera del marxismo revolucionario, decir a los obreros con firmeza y claridad cómo vemos las guerras imperialistas, lanzar la consigna de las acciones revolucionarias de masas, es decir, de la transformación de la época de guerras imperialistas en el comienzo de la época de guerras civiles. Elementos revolucionarios socialdemócratas, a pesar de todo, existen en muchos países. Existen en Alemania, en Rusia, en Escandinavia (una corriente influyente cuyo representante es el camarada Höglund), en los Balcanes (el partido de los "tesniaks" búlgaros), en Italia, en Inglaterra (una parte del Partido Socialista Británico), en Francia (el mismo Vaillant reconoció en "L'Humanité" que recibía cartas de protesta de internacionalistas, pero no publicó íntegramente ninguna de ellas), en Holanda (los tribunistas{228}), etc. Unificar estos elementos marxistas —por poco numerosos que sean al principio—, recordar en su nombre las palabras ahora olvidadas del verdadero socialismo, llamar a los obreros de todos los países a romper con los chovinistas y ponerse bajo la vieja bandera del marxismo: he ahí la tarea del día.

Las conferencias con los llamados programas de "acción" se han limitado hasta ahora únicamente a proclamar con mayor o menor plenitud un programa de simple pacifismo. El marxismo no es pacifismo. Luchar por el cese rápido de la guerra es necesario. Pero sólo unido al llamamiento a la lucha revolucionaria adquiere la reivindicación de la "paz" un sentido proletario. Sin una serie de revoluciones, la llamada paz democrática es una utopía pequeñoburguesa. Un verdadero programa de acción sería únicamente un programa marxista, que diera a las masas una respuesta completa y clara sobre lo que ha sucedido, que explicara qué es el imperialismo y cómo luchar contra él, que declarara abiertamente que al hundimiento de la II Internacional lo ha llevado el oportunismo, que llamara abiertamente a construir una Internacional marxista sin y contra los oportunistas. Sólo un programa así, que mostrara que creemos en nosotros mismos, que creemos en el marxismo, que declaramos al oportunismo una lucha a muerte, nos aseguraría tarde o temprano la simpatía de las auténticas masas proletarias.