El estado de ánimo de las masas a favor de la paz expresa a menudo el comienzo de la protesta, de la indignación y de la conciencia del carácter reaccionario de la guerra. Aprovechar este estado de ánimo es el deber de todos los socialdemócratas. Ellos tomarán la más ardiente participación en todo movimiento y en toda manifestación en este terreno, pero no engañarán al pueblo admitiendo la idea de que, a falta de un movimiento revolucionario, es posible una paz sin anexiones, sin opresión de las naciones, sin saqueo, sin el germen de nuevas guerras entre los actuales gobiernos y las clases dominantes. Tal engaño al pueblo solo vendría en ayuda de la diplomacia secreta de los gobiernos beligerantes y de sus planes contrarrevolucionarios. Quien quiera una paz duradera y democrática, debe estar por la guerra civil contra los gobiernos y la burguesía.