Tomemos otro tipo de inversión de capital en la tierra, técnicamente distinto del anterior: la aplicación de aperos y máquinas. Toda la estadística agrícola europea atestigua de manera irrefutable que cuanto mayor es la explotación, por la cantidad de tierra, mayor es el porcentaje de explotaciones que emplean máquinas de todas clases y mayor es el número de máquinas utilizadas. En este aspecto, sumamente importante, la superioridad de las grandes explotaciones está plena y absolutamente establecida. La estadística norteamericana también en este punto es algo original: no se registran por separado ni los aperos ni las máquinas agrícolas, sino que sólo se determina su valor total. Es posible, desde luego, que este tipo de datos sea menos preciso en cada caso aislado, pero, en cambio, en su conjunto permiten realizar determinadas comparaciones entre regiones y entre grupos de explotaciones, comparaciones que son imposibles con datos de otra índole.

He aquí los datos sobre aperos y máquinas agrícolas por regiones:

El antiguo Sur esclavista, región de la aparecería, resulta ocupar el lugar más bajo en cuanto al empleo de máquinas. Por acre de tierra corresponde aquí un valor en aperos y máquinas tres, cuatro, cinco veces menor —según las distintas regiones— que en los estados intensivos del Norte. Estos estados ocupan el primer lugar entre todos los demás y, en particular, dejan muy atrás a la región más típicamente agrícola, al granero de América, los Estados Centrales del Noroeste, que los observadores superficiales siguen considerando a menudo como región modelo en el empleo de máquinas y del capitalismo.

Señalemos que el procedimiento de los estadísticos norteamericanos —determinar el valor de las máquinas, lo mismo que el de la tierra, el ganado, las construcciones, etc., por acre de toda la tierra de las granjas, y no sólo de la tierra cultivada— aminora la superioridad de los estados "intensivos" del Norte y, en general, no puede considerarse correcto. La diferencia entre las regiones en cuanto al porcentaje de tierra cultivada es muy grande: en el Oeste este porcentaje desciende hasta el 26,7 % en los estados montañosos, mientras que en el Norte llega al 75,4 % en los Estados Centrales del Nordeste. Para la estadística económica es indudablemente más importante la tierra cultivada, y no la cantidad total de tierra. En Nueva Inglaterra, la cantidad de tierra cultivada en las granjas y su porcentaje descienden fuertemente, sobre todo a partir de 1880, probablemente bajo la influencia de la competencia de las tierras libres del Oeste (libres de renta del suelo, libres del tributo a los señores terratenientes). Y al mismo tiempo, en esta región está especialmente desarrollado el empleo de máquinas, y es particularmente alto el valor de las máquinas por acre de tierra cultivada. En 1910, éste era aquí de 7 dólares por acre, en los Estados del Atlántico Medio de unos 5 1/2 dólares, y en las demás regiones no pasaba de 2 a 3 dólares.

La región de las granjas más pequeñas, por la cantidad de tierra, resulta ser una vez más la región de las mayores aplicaciones de capital a la tierra en forma de máquinas.

Si comparamos, de entre las regiones "intensivas" del Norte, los Estados del Atlántico Medio con la región más extensiva del Norte, la de los Estados Centrales del Noroeste, veremos que, por la cantidad de tierra cultivada por granja, la primera región se caracteriza por una producción más del doble "pequeña" —62,6 acres frente a 148,0—, pero por el valor de las máquinas empleadas supera a la segunda región: 358 dólares por granja frente a 332. Las granjas pequeñas resultan ser más grandes por la magnitud del empleo de máquinas.

Nos queda por cotejar los datos sobre el carácter intensivo de la agricultura con los datos sobre el empleo de trabajo asalariado. Más arriba, en el § 5, ya hemos presentado estos últimos datos en forma resumida. Ahora debemos examinarlos con más detalle por regiones.

De aquí se desprende, en primer lugar, que los estados intensivos del Norte se distinguen incondicionalmente y en todos los aspectos por un desarrollo más elevado del capitalismo en la agricultura que los extensivos; en segundo lugar, que el capitalismo en las primeras regiones se desarrolla más rápidamente que en las extensivas; en tercer lugar, que la región de las granjas más pequeñas, Nueva Inglaterra, está por encima de todas las demás regiones del país tanto por el mayor grado de desarrollo del capitalismo en la agricultura como por la mayor rapidez de su desarrollo. El aumento de los gastos en trabajo asalariado, calculado por acre de tierra cultivada, es aquí del 86 %, y los Estados del Pacífico ocupan a este respecto el segundo lugar. Entre los Estados del Pacífico se destaca también en este aspecto California, en la cual, como ya hemos dicho, crece rápidamente el "pequeño" cultivo capitalista de frutas.

Suele considerarse como región capitalista "modelo" de la agricultura norteamericana a los Estados Centrales del Noroeste, donde es mayor el tamaño de las granjas (148,0 acres de promedio en 1910, contando sólo la tierra cultivada) y donde este tamaño aumenta con la mayor rapidez y de la manera más constante desde 1850. Vemos ahora que esta opinión es profundamente errónea. El nivel del empleo de trabajo asalariado es, por supuesto, el indicador más indiscutible y más directo del desarrollo del capitalismo. Y este indicador nos dice que el "granero" de América, la región de las famosas "fábricas de trigo", que tanto llaman la atención, es menos capitalista que la región industrial e intensivamente agrícola, donde el progreso agrícola no se expresa en el aumento de la superficie de tierra cultivada, sino en el aumento de las inversiones de capital en la tierra, al mismo tiempo que disminuye dicha superficie.

Es perfectamente posible imaginar que la ampliación del cultivo del "chernoziom", o de tierras vírgenes no roturadas en general, puede avanzar muy rápidamente, con el empleo de máquinas, a pesar de un aumento no muy grande del trabajo asalariado. En los Estados Centrales del Noroeste, el gasto en trabajo asalariado, calculado por acre de tierra cultivada, era de 0,56 dólares en 1899 y de 0,83 dólares en 1909. Un aumento de sólo el 48 %. En Nueva Inglaterra —donde disminuye, y no aumenta, la cantidad de tierra cultivada, donde disminuye, y no aumenta, el tamaño medio de la granja— el gasto en trabajo asalariado no sólo era mucho más alto tanto en 1899 (2,55 dólares por acre) como en 1909 (4,76 dólares), sino que aumentó durante este tiempo de manera incomparablemente mayor (+86 %).

La granja media en Nueva Inglaterra es cuatro veces más pequeña que en los Estados Centrales del Noroeste (38,4 frente a 148,0 acres), y el gasto medio en trabajo asalariado es aquí mayor que allí: 277 dólares frente a 240. La disminución del tamaño de la granja significa, por consiguiente, en casos semejantes, un aumento de las dimensiones del capital aplicado a la agricultura y una acentuación de su carácter capitalista, el crecimiento del capitalismo y de la producción capitalista.

Si los Estados Centrales del Noroeste, que proporcionan el 34,3 % de toda la superficie de tierra cultivada en los Estados Unidos, se caracterizan especialmente como la región más típica de la agricultura capitalista "extensiva", los estados montañosos nos muestran un ejemplo de economía extensiva análoga en condiciones de colonización rapidísima. El empleo de trabajo asalariado es aquí más débil por el porcentaje de granjas que contratan, pero mucho más fuerte por la magnitud media de los gastos en trabajo que en la región Central del Noroeste. Pero el aumento del trabajo asalariado se distingue aquí por la mayor lentitud (en total +22 %) de todas las regiones de América. Es probable que las circunstancias siguientes condicionaran la evolución de este tipo. En esta región es extraordinariamente fuerte la colonización y el reparto de homesteads. La cantidad de tierra cultivada aumentó más que en ninguna otra región: en un 89 % de 1900 a 1910. Los colonos, propietarios de homesteads, naturalmente, emplean —al menos al comienzo de su explotación— poco trabajo asalariado. Por otra parte, por dimensiones muy grandes del empleo de trabajo asalariado deben distinguirse aquí, en primer lugar, algunos latifundios; éstos son particularmente numerosos en esta región, como en el Oeste en general; y, en segundo lugar, las explotaciones con cultivos especiales y altamente capitalistas. Por ejemplo, en algunos estados de esta región es muy alto el porcentaje del valor total de la cosecha constituido por frutas (Arizona: 6 %, Colorado: 10 %), hortalizas (Colorado: 11,9 %, Nevada: 11,2 %), etc.

Resumiendo, debemos decir: la afirmación del señor Gimmer de que "no hay regiones donde ya no se produzca el proceso de colonización y donde la gran agricultura capitalista no se descomponga y no sea desplazada por la agricultura de trabajo" es una burla a la verdad, lo diametralmente opuesto a la realidad. La región de Nueva Inglaterra, donde no hay colonización alguna, donde son más pequeñas las granjas, donde es más intensiva la agricultura, nos muestra el nivel más alto del capitalismo en la agricultura y la mayor rapidez en el desarrollo del capitalismo. Esta conclusión tiene la importancia más esencial y cardinal para comprender el proceso de desarrollo del capitalismo en la agricultura en general, pues la intensificación de la agricultura y la disminución de la cantidad media de tierra en las granjas, relacionada con ella, no es un fenómeno casual, ni local, ni episódico, sino un fenómeno general de todos los países civilizados. La multitud de errores que cometen todos los economistas burgueses de todo tipo a propósito de los datos sobre la evolución de la agricultura, por ejemplo, en Gran Bretaña, Dinamarca, Alemania, se explican porque no se conoce, comprende, asimila y medita suficientemente este fenómeno general.