Ya hemos dicho (véase el núm. 41 de *El Socialdemócrata*) que *Nuestra Palabra* debe, como mínimo, exponer con precisión su plataforma si quiere que su internacionalismo pueda ser tomado en serio[23]. En el núm. 85 de *Nuestra Palabra* (9/V), como si nos respondiera, se publica una resolución aprobada por la reunión de la redacción y del colegio de colaboradores parisienses de *Nuestra Palabra*, señalando que «dos miembros de la redacción, coincidiendo con el contenido general de la resolución, declararon que presentarían una opinión particular acerca de los métodos organizativos de la política interna del partido en Rusia»{186}. Esta resolución constituye un documento notable de confusión política y de impotencia.

Muchas, muchísimas veces se repite la palabra internacionalismo, se proclama «la delimitación ideológica *completa* respecto a *todas* las variedades del nacionalismo socialista», se citan las resoluciones de Stuttgart y de Basilea. Las intenciones son buenas, no cabe duda. Sólo que… sólo que huele a frase, pues es imposible e innecesario llevar a cabo una delimitación realmente «completa» respecto a realmente «todas» las variedades del socia­lnacionalismo, del mismo modo que es imposible e innecesario enumerar por completo todas las variedades de la explotación capitalista para ser enemigo del capitalismo. Pero sí se puede y se debe delimitarse sin equívocos de las principales variedades, por ejemplo: la de Plejánov, la de Potrésov (*Nuestra Causa*), la del Bund, la de Axelrod, la kautskiana. La resolución promete demasiado, pero no ofrece nada; amenaza con deslindarse por completo de todas las variedades, pero teme siquiera nombrar las más importantes.

…En el parlamento inglés, llamar por el nombre se considera descortés; lo aceptado es referirse sólo a «los nobles lores» y a los «honorabilísimos diputados de tal o cual circunscripción». ¡Qué magníficos anglófilos, qué diplomáticos refinadamente sutiles son estos señores de *Nuestra Palabra*! Rehúyen con tanta elegancia la esencia del asunto, alimentan con tanta cortesía a los lectores con fórmulas que sirven para ocultar sus propios pensamientos. Proclaman «relaciones amistosas» (¡Guizot y nada más!, como dice un personaje de Turguénev{187}) con todas las organizaciones «en la medida en que apliquen… los principios del internacionalismo revolucionario»… y mantienen «relaciones amistosas» precisamente con quienes no aplican dichos principios.

La «delimitación ideológica» que los de *Nuestra Palabra* proclaman de modo tanto más solemne cuanto menos quieren y pueden proporcionarla, consiste en elucidar de dónde surgió el socia­lnacionalismo, qué le dio fuerza, cómo combatirlo. Los socia­lnacionalistas ni se llaman a sí mismos ni se reconocen como socia­lnacionalistas. Orientan y se ven obligados a orientar todos sus esfuerzos a esconderse detrás de un seudónimo, a cegar a las masas obreras, a borrar las huellas de sus vínculos con el oportunismo, a encubrir su traición, es decir, su paso de hecho al lado de la burguesía, su alianza con los gobiernos y con los estados mayores. Apoyándose en esta alianza y teniendo todas las posiciones en sus manos, los socia­lnacionalistas son quienes más gritan hoy sobre la «unidad» de los partidos socialdemócratas y acusan de escisionismo a los enemigos del oportunismo; véase la última circular oficial de la Junta Directiva («Vorstand») del partido socialdemócrata alemán contra revistas verdaderamente internacionalistas: *Lichtstrahlen* (*Rayos de Luz*){188} y *Die Internationale* (*La Internacional*){189}. A estas revistas no les hizo falta proclamar ni «relaciones amistosas» con los revolucionarios, ni una «delimitación ideológica completa respecto a todas las variedades del socia­lnacionalismo»; empezaron directamente a delimitarse y lo hicieron de manera tal que, en verdad, «todas las variedades» de oportunistas lanzaron un aullido furioso, demostrando así cuán certeras dieron las flechas en el blanco.

¿Y *Nuestra Palabra*?

Alza contra el socia­lnacionalismo una rebelión de rodillas, pues no desenmascara a los defensores más peligrosos de esta corriente burguesa (como Kautsky), no declara la guerra al oportunismo; al contrario, guarda silencio sobre él, no emprende ni señala ningún paso real para liberar al socialismo de su vergonzoso cautiverio patriótico. Diciendo: la unidad no es obligatoria, pero tampoco lo es la ruptura con quienes se han pasado al lado de la burguesía, *Nuestra Palabra* se entrega de hecho a merced de los oportunistas, aunque haciendo un gesto tan bonito que puede entenderse en el sentido de que amenaza a los oportunistas con su cólera terrible, pero también puede entenderse como que les hace un saludo con la manita. Lo más probable es que los oportunistas realmente hábiles, que saben apreciar la combinación de frases izquierdistas con una práctica moderada, responderían a la resolución de *Nuestra Palabra* (si se les obligase a responder) aproximadamente del mismo modo en que lo hicieron dos miembros de la redacción: con «el contenido general» estamos de acuerdo (¡pues nosotros no somos en absoluto socia­lnacionalistas, nada de eso!), y en cuanto a «los métodos organizativos de la política interna del partido», presentaremos a su debido tiempo «una opinión particular». Y los lobos hartos y las ovejas enteras.

La sutil diplomacia de *Nuestra Palabra* se hizo añicos cuando hubo que hablar de Rusia.

«La unificación del partido en las condiciones de la época anterior resultó imposible en Rusia», declara la resolución. Léase: la unificación del partido obrero con el grupo de legalistas liquidacionistas resultó imposible. Es éste un reconocimiento indirecto de la quiebra del bloque de Bruselas para salvar a los liquidacionistas. ¿Por qué teme *Nuestra Palabra* reconocer directamente esta quiebra? ¿Por qué teme explicar abiertamente a los obreros las causas de dicha quiebra? ¿Acaso porque la quiebra de este bloque demostró en la práctica la falsedad de la política de todos los participantes en ese bloque? ¿Acaso porque *Nuestra Palabra* quiere mantener «relaciones amistosas» con dos (por lo menos dos) «variedades» del socia­lnacionalismo, a saber: con los bundistas y con el Comité de Organización (Axelrod), que se han pronunciado en la prensa con declaraciones que testimonian sus miras y esperanzas de hacer resucitar el bloque de Bruselas?

«La nueva situación… socava el terreno bajo los pies de las viejas fracciones…» ¿No será al revés? ¡La nueva situación en modo alguno ha eliminado el liquidacionismo, ni ha hecho flaquear, pese a todas las vacilaciones personales y bandazos, a su núcleo fundamental (*Nuestra Zariá*), sino que ha ahondado y agudizado la divergencia con él, porque éste, además de liquidacionista, se ha vuelto socia­lnacionalista! *Nuestra Palabra* se sacude de encima la desagradable cuestión del liquidacionismo diciendo que lo viejo ha sido socavado por lo nuevo, ¡y silencia el nuevo terreno, socia­lnacionalista, bajo los pies del viejo… liquidacionismo! Una habilidad chistosa. Sobre *Nuestra Zariá* guardamos silencio porque ya no existe; y sobre *Nuestra Causa*, probablemente, porque Potrésov, Cherevanin, Máslov y compañía pueden ser considerados como políticamente neonatos…

Pero no sólo a Potrésov y compañía, sino también a sí mismos, los redactores de *Nuestra Palabra*, quisieran considerarlos como neonatos. Escuchen:

«Ante el hecho de que las agrupaciones fraccionales e interfraccionales creadas en la pasada época continúan siendo, en el presente momento de transición, los *únicos*» (¡nótenlo!) «puntos de cohesión organizada, aunque en extremo imperfecta, de los obreros de vanguardia, *Nuestra Palabra* considera que los intereses de su actividad fundamental, encaminada a la unificación de los internacionalistas, excluyen de igual modo tanto la subordinación organizativa del periódico, directa o indirecta, a una de las viejas agrupaciones del partido, como la cohesión artificial de sus partidarios en una fracción especial que se contraponga políticamente a las viejas agrupaciones».

¿Qué es esto? ¿Cómo es esto? ¡De modo que, como las nuevas condiciones socavan las viejas agrupaciones, por eso reconocemos que estas últimas son las únicas reales! ¡Puesto que las nuevas condiciones requieren una nueva agrupación, basada no en el liquidacionismo sino en el internacionalismo, renunciamos a la cohesión de los internacionalistas por considerarla «artificial»! Un verdadero apoteosis de la impotencia política.

Después de 200 días de predicar el internacionalismo, *Nuestra Palabra* ha firmado su más completa quiebra política: no «subordinarse» a las viejas agrupaciones (¿por qué esa palabra temerosa? ¿Por qué no «adherirse», «apoyar», «solidarizarse»?), no crear otras nuevas. Viviremos a la antigua, en las agrupaciones basadas en el liquidacionismo, nos «subordinaremos» a ellas, y *Nuestra Palabra* que siga siendo algo así como un rótulo chillón o un paseo festivo por los jardines de la verborrea internacionalista. Los escritores de *Nuestra Palabra* seguirán escribiendo, los lectores de *Nuestra Palabra* seguirán leyendo.

Durante 200 días hablamos de la cohesión de los internacionalistas y llegamos a la conclusión de que no podemos cohesionar absolutamente a nadie, ni siquiera a nosotros mismos, a los redactores y colaboradores de *Nuestra Palabra*, y declaramos «artificial» dicha cohesión. ¡Qué triunfo para Potrésov, para los bundistas, para Axelrod! Y qué hábil engaño a los obreros: la cara visible, frases internacionalistas efectistas de la auténticamente no fraccional *Nuestra Palabra*, liberada de las viejas agrupaciones que se han sobrevivido a sí mismas; el reverso, los «únicos» puntos de cohesión, las viejas agrupaciones…

La quiebra ideológica y política que ahora ha firmado *Nuestra Palabra* no es una casualidad, sino el resultado inevitable de los intentos de deshacerse verbalmente de las relaciones reales de fuerzas. En el movimiento obrero de Rusia, estas relaciones se reducen a la lucha de la corriente liquidacionista y sociopatriota (*Nuestra Causa*) contra aquel partido obrero socialdemócrata marxista que fue restablecido por la Conferencia de Enero de 1912{190}, consolidado por las elecciones a la IV Duma de Estado a través de la curia obrera{191}, afianzado por los periódicos pravdistas de 1912–1914 y representado por la Fracción Obrera Socialdemócrata de Rusia. Este partido continuó su lucha contra la corriente burguesa del liquidacionismo mediante la lucha contra la corriente no menos burguesa del sociopatriotismo. La justeza de la línea de este partido, de nuestro partido, ha sido confirmada por la gran experiencia histórico-universal de la guerra europea y por la pequeña, diminuta experiencia del nuevo, enésimo, intento unificador no fraccional de *Nuestra Palabra*: este intento ha sufrido un fiasco, confirmando la resolución de la Conferencia de Berna (núm. 40 de *El Socialdemócrata*) sobre los internacionalistas «platónicos»[24].

Los verdaderos internacionalistas no querrán ni permanecer (ocultándoselo a los obreros) en las viejas agrupaciones liquidacionistas, ni quedar al margen de todas las agrupaciones. Vendrán a nuestro partido.

*El Socialdemócrata* núm. 42, 21 de mayo de 1915