Hace unos días concluyó sus trabajos la conferencia de las secciones en el extranjero del POSDR, celebrada en Suiza. Además del examen de los asuntos puramente del extranjero, sobre los cuales procuraremos informar, siquiera sea brevemente, en los próximos números del Órgano Central, la conferencia elaboró resoluciones sobre la importante y candente cuestión de la guerra. Publicamos estas resoluciones de inmediato, con la esperanza de que sean útiles para todos los socialdemócratas que buscan seriamente una salida hacia una acción viva del actual caos de opiniones, que en esencia se reduce al reconocimiento verbal del internacionalismo y al empeño de conciliarse de hecho, a toda costa y de cualquier manera, con el socialchovinismo. Añadamos que, sobre la consigna de los «Estados Unidos de Europa», la discusión adquirió un carácter unilateralmente político, y se decidió aplazar la cuestión hasta que se examine en la prensa el aspecto económico del asunto.

Resoluciones de la conferencia

Sobre la base del manifiesto del Comité Central, publicado en el núm. 33[21], la conferencia, para dar mayor sistematización a la propaganda, establece las siguientes tesis:

Sobre el carácter de la guerra

La guerra actual tiene carácter imperialista. Esta guerra ha sido engendrada por las condiciones de una época en que el capitalismo ha alcanzado su fase superior de desarrollo; cuando ya no solo la exportación de mercancías, sino también la exportación de capital adquiere la importancia más esencial; cuando la cartelización de la producción y la internacionalización de la vida económica han alcanzado proporciones considerables; cuando la política colonial ha conducido al reparto de casi todo el globo terrestre; – cuando las fuerzas productivas del capitalismo mundial han desbordado los marcos limitados de las divisiones estatales nacionales; – cuando han madurado plenamente las condiciones objetivas para la realización del socialismo.

Sobre la consigna de la «defensa de la patria»

La esencia real de la guerra actual consiste en la lucha entre Inglaterra, Francia y Alemania por el reparto de las colonias y por el saqueo de los países competidores, y en la aspiración del zarismo y de las clases dominantes de Rusia a apoderarse de Persia, Mongolia, la Turquía asiática, Constantinopla, Galitzia, etc. El elemento nacional en la guerra austro-serbia tiene una importancia completamente subordinada, sin modificar el carácter imperialista general de la guerra.

Toda la historia económica y diplomática de los últimos decenios muestra que ambos grupos de naciones beligerantes preparaban sistemáticamente precisamente este tipo de guerra. La cuestión de qué grupo asestó el primer golpe militar o declaró primero la guerra carece por completo de importancia al determinar la táctica de los socialistas. Las frases sobre la defensa de la patria, sobre el rechazo de la invasión enemiga, sobre la guerra defensiva, etc., de una y otra parte, constituyen un completo engaño al pueblo.

En la base de las guerras verdaderamente nacionales, tales como las que tuvieron lugar sobre todo en la época de 1789–1871, se hallaba un prolongado proceso de movimientos nacionales de masas, de lucha contra el absolutismo y el feudalismo, de derrocamiento de la opresión nacional y de creación de Estados sobre bases nacionales, como premisa del desarrollo capitalista.

La ideología nacional creada por esa época dejó profundas huellas en la masa de la pequeña burguesía y en una parte del proletariado. De esto se aprovechan ahora, en una época completamente distinta, imperialista, los sofistas de la burguesía y los traidores al socialismo que se arrastran tras ellos, para escindir a los trabajadores y apartarlos de sus tareas de clase y de la lucha revolucionaria contra la burguesía.

Más que nunca son ahora verídicas las palabras del «Manifiesto Comunista» de que «los trabajadores no tienen patria». Solo la lucha internacional del proletariado contra la burguesía puede salvaguardar sus conquistas y abrir a las masas oprimidas el camino hacia un futuro mejor.

Las consignas de la socialdemocracia revolucionaria

«La transformación de la actual guerra imperialista en guerra civil es la única consigna proletaria justa, indicada por la experiencia de la Comuna, señalada por la resolución de Basilea (1912) y derivada de todas las condiciones de una guerra imperialista entre países burgueses altamente desarrollados»[22].

La guerra civil, a la que la socialdemocracia revolucionaria llama en la presente época, es la lucha del proletariado con las armas en la mano contra la burguesía por la expropiación de la clase de los capitalistas en los países capitalistas avanzados, por la revolución democrática en Rusia (república democrática, jornada laboral de 8 horas, confiscación de las tierras de los terratenientes), – por la república en los países monárquicos atrasados en general, etc.

Las calamidades extremas que la guerra crea para las masas no pueden dejar de engendrar sentimientos y movimientos revolucionarios, para cuya generalización y orientación debe servir la consigna de la guerra civil.

En el momento actual la organización de la clase obrera está muy quebrantada. Pero, no obstante, madura la crisis revolucionaria. Después de la guerra, las clases dominantes en todos los países extremarán aún más sus esfuerzos para hacer retroceder durante largos decenios el movimiento de emancipación del proletariado. La tarea de la socialdemocracia revolucionaria, tanto en caso de un ritmo rápido del desarrollo revolucionario como en caso de un carácter prolongado de la crisis, consistirá en no renunciar a la labor prolongada y cotidiana, en no descuidar ninguno de los anteriores métodos de la lucha de clases. Su tarea consistirá en orientar también el parlamentarismo y la lucha económica contra el oportunismo, en el espíritu de la lucha revolucionaria de las masas.

Como primeros pasos en el camino de transformar la actual guerra imperialista en guerra civil, hay que señalar: 1) la negativa incondicional a votar los créditos de guerra y la salida de los ministerios burgueses; 2) la ruptura completa con la política de «paz nacional» (bloc national, Burgfrieden); 3) la creación de una organización ilegal en todas partes donde los gobiernos y la burguesía, al implantar el estado de guerra, suprimen las libertades constitucionales; 4) el apoyo al hermanamiento de los soldados de las naciones beligerantes en las trincheras y en los teatros de guerra en general; 5) el apoyo a todo género de acciones revolucionarias de masas del proletariado en general.

El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional

La bancarrota de la II Internacional es la bancarrota del oportunismo socialista. Este último ha surgido como producto de la anterior época «pacífica» de desarrollo del movimiento obrero. Dicha época enseñó a la clase obrera medios de lucha tan importantes como la utilización del parlamentarismo y de todas las posibilidades legales, la creación de organizaciones económicas y políticas de masas, una amplia prensa obrera, etc. Por otra parte, esta época engendró la tendencia a negar la lucha de clases y a predicar la paz social, a negar la revolución socialista, al rechazo de principio de las organizaciones ilegales, a reconocer el patriotismo burgués, etc. Determinadas capas de la clase obrera (la burocracia en el movimiento obrero y la aristocracia obrera, a la que tocaba una parte de los ingresos procedentes de la explotación de las colonias y de la posición privilegiada de su «patria» en el mercado mundial), así como los compañeros de viaje pequeñoburgueses dentro de los partidos socialistas, fueron el principal sostén social de estas tendencias y los conductores de la influencia burguesa sobre el proletariado.

La influencia funesta del oportunismo se manifestó de manera particularmente clara en la política de la mayoría de los partidos socialdemócratas oficiales de la II Internacional durante la guerra. La votación de los créditos, la entrada en los ministerios, la política de «paz civil», la renuncia a la organización ilegal en el momento en que se ha privado de la legalidad, significa echar por tierra las decisiones más importantes de la Internacional y una traición directa al socialismo.

La III Internacional

La crisis engendrada por la guerra ha puesto al descubierto la verdadera esencia del oportunismo, mostrándolo en el papel de auxiliar directo de la burguesía contra el proletariado. El llamado «centro» socialdemócrata, con Kautsky a la cabeza, en realidad se ha deslizado por completo hacia el oportunismo, encubriéndolo con frases hipócritas especialmente nocivas y falseando el marxismo bajo el imperialismo. La experiencia muestra que, por ejemplo, en Alemania, solo la violación decidida de la voluntad de la mayoría de las cúpulas del partido hizo posible defender el punto de vista socialista. Sería una ilusión perjudicial esperar el restablecimiento de una Internacional realmente socialista sin una completa delimitación organizativa con los oportunistas.

El POSDR debe apoyar todo género de acciones internacionales y revolucionarias de masas del proletariado, tendiendo al acercamiento de todos los elementos antichovinistas de la Internacional.

El pacifismo y la consigna de la paz

Una de las formas de engañar a la clase obrera es el pacifismo y la prédica abstracta de la paz. Bajo el capitalismo, y especialmente en su fase imperialista, las guerras son inevitables. Por otra parte, los socialdemócratas no pueden negar el significado positivo de las guerras revolucionarias, es decir, no de las guerras imperialistas, sino de aquellas que se libraron, por ejemplo, de 1789 a 1871, para derrocar la opresión nacional y crear Estados nacionales capitalistas a partir de los fragmentados feudalmente, o que son posibles para proteger las conquistas del proletariado victorioso en la lucha contra la burguesía.

La propaganda de la paz en la actualidad, si no va acompañada de un llamamiento a la acción revolucionaria de las masas, solo es capaz de sembrar ilusiones, corromper al proletariado inculcándole confianza en la humanidad de la burguesía y convertirlo en un juguete en manos de la diplomacia secreta de los países beligerantes. En particular, es profundamente errónea la idea de la posibilidad de una paz llamada democrática sin una serie de revoluciones.

La derrota de la monarquía zarista

En cada país, la lucha contra su propio gobierno, que libra una guerra imperialista, no debe detenerse ante la posibilidad de que, como resultado de la agitación revolucionaria, sobrevenga la derrota de ese país. La derrota del ejército gubernamental debilita a dicho gobierno, contribuye a la liberación de las nacionalidades esclavizadas por él y facilita la guerra civil contra las clases dominantes.

Aplicada a Rusia, esta tesis es particularmente cierta. La victoria de Rusia conlleva el fortalecimiento de la reacción mundial, el fortalecimiento de la reacción dentro del país y va acompañada del completo esclavizamiento de los pueblos en las zonas ya ocupadas. Por ello, la derrota de Rusia, en todas las circunstancias, se presenta como el mal menor.

Actitud hacia otros partidos y grupos

La guerra, al provocar el desenfreno del chovinismo, ha revelado la sumisión a él también de la intelectualidad democrática (narodnikista) y del partido socialrevolucionario, con la total inestabilidad de su corriente opositora en "Mysl", así como del núcleo principal de los liquidacionistas ("Nasha Zariá"), apoyado por Plejánov. De hecho, del lado del chovinismo se sitúan también el Comité de Organización, desde su apoyo encubierto por parte de Larin y Mártov hasta la defensa de principio de las ideas de patriotismo por Akselrod, y el Bund, donde predomina el chovinismo germanófilo{165}. El bloque de Bruselas (3 de julio de 1914) se ha desintegrado por completo. Y los elementos que se agrupan en torno a "Náshe Slovo"{166} oscilan entre una simpatía platónica por el internacionalismo y el afán de unidad a cualquier precio con "Nasha Zariá" y el Comité de Organización. De igual modo oscila la fracción socialdemócrata de Chjeidze, que, por un lado, expulsó al plejanovista, es decir, al chovinista, Mankov, y por otro lado, desea a toda costa encubrir el chovinismo de Plejánov, "Nasha Zariá", Akselrod, el Bund, etc.

La tarea del partido obrero socialdemócrata en Rusia es el ulterior fortalecimiento de la unidad proletaria, creada en 1912-1914 sobre todo por "Pravda"{167}, y la restauración de las organizaciones partidarias socialdemócratas de la clase obrera sobre la base de una demarcación organizativa resuelta con los socialchovinistas. Solo son admisibles acuerdos temporales con aquellos socialdemócratas que estén por una ruptura organizativa resuelta con el Comité de Organización, "Nasha Zariá" y el Bund.

Escrito en febrero, no más tarde del 19 (4 de marzo), de 1915.

Publicado el 29 de marzo de 1915 en el periódico "Sotsial-Demokrat". Nº 40

Se publica según el texto del periódico