La clase obrera no puede cumplir su papel revolucionario mundial sin librar una guerra implacable contra este renegamiento, esta falta de carácter, este servilismo al oportunismo y esta inaudita vulgarización teórica del marxismo. El kautskismo no es una casualidad, sino el producto social de las contradicciones de la II Internacional, de la combinación de fidelidad al marxismo de palabra y sumisión al oportunismo de hecho.

En los distintos países, esta falsedad fundamental del «kautskismo» se manifiesta en formas diferentes. En Holanda, Roland-Holst, rechazando la idea de la defensa de la patria, defiende la unidad con el partido de los oportunistas. En Rusia, Trotski, rechazando también esta idea, defiende igualmente la unidad con el grupo oportunista y chovinista de «Nasha Zariá». En Rumania, Rakovski, declarando la guerra al oportunismo como culpable del desastre de la Internacional, al mismo tiempo está dispuesto a reconocer la legitimidad de la idea de la defensa de la patria. Todo esto son manifestaciones de ese mal que los marxistas holandeses (Gorter, Pannekoek) denominaron «radicalismo pasivo» y que se reduce a la sustitución del marxismo revolucionario por el eclecticismo en la teoría y al servilismo o la impotencia ante el oportunismo en la práctica.