Se nos puede objetar: si el desplazamiento de la pequeña producción se verifica «también» en forma de intensificación (y «capitalización») de la explotación en las granjas más pequeñas, ¿se puede considerar que la agrupación por cantidad de tierra sirve para algo? ¿No resultan entonces dos tendencias contrapuestas que hacen imposible extraer una conclusión general?

Para responder a esta objeción, hay que presentar en conjunto todo el panorama de la agricultura norteamericana y su evolución. Para ello hay que intentar comparar y confrontar las tres agrupaciones, que constituyen, por así decirlo, el máximo de lo que ha aportado la estadística social en la esfera de la agricultura en los últimos años.

Esta comparación y confrontación es posible. Solo requiere la confección de un cuadro que a primera vista puede parecer demasiado abstracto y complejo y «ahuyentar» al lector. No obstante, con una atención relativamente modesta, la «lectura», asimilación y análisis de este cuadro no presenta dificultad alguna.

Para comparar tres agrupaciones diferentes, hay que tomar únicamente las relaciones porcentuales entre los distintos grupos. Los cálculos correspondientes figuran todos en el censo norteamericano de 1900. Cada agrupación la reducimos a tres grupos principales. Por la cantidad de tierra, tomamos: 1) granjas pequeñas (hasta 100 acres); 2) medianas (100–175 acres) y 3) grandes (175 acres y más). Por el valor del producto, tomamos: 1) granjas no capitalistas (hasta 500 dólares); 2) medianas (500–1000 dólares) y 3) capitalistas (1000 dólares y más). Por la fuente principal de ingresos, tomamos: 1) granjas débilmente capitalistas (ganado; algodón); 2) medianas (heno y cereales; mixtas) y 3) altamente capitalistas (los cultivos especiales, «comerciales», enumerados más arriba, en el § 12, bajo los epígrafes 5 a 14).

Para cada grupo tomamos, ante todo, el porcentaje de granjas, esto es, la relación porcentual entre el número de granjas del grupo dado y el número total de granjas de los Estados Unidos. Luego, el porcentaje de toda la tierra, esto es, la relación porcentual entre la cantidad total de tierra del grupo dado y la cantidad total de tierra de todas las granjas de los Estados Unidos. La cantidad de tierra puede servir de indicador de las dimensiones extensivas de la explotación (por desgracia, solo disponemos de datos sobre toda la tierra y no sobre la tierra cultivada, lo que sería más exacto). Si el porcentaje de la tierra es mayor que el porcentaje del número de granjas, por ejemplo, al 17,2 % de las granjas le corresponde el 43,1 % de la tierra, ello significa que nos hallamos ante granjas grandes, mayores que la media, y además más del doble de la media. Si el porcentaje de tierra es menor que el porcentaje de granjas, la conclusión es la inversa.

A continuación se toman los indicadores de intensidad de la explotación: el valor de los aperos y máquinas y la suma total de los gastos en abonos. También aquí se toma el porcentaje del valor y de la suma de gastos correspondiente al grupo dado respecto a la magnitud total para todo el país. También aquí, si este porcentaje es mayor que el porcentaje de tierra, se infiere una intensidad superior a la media, etc.

Por último, para determinar con precisión el carácter capitalista de la explotación, se emplea el mismo procedimiento con respecto a la suma total de gastos en salarios; y para determinar las dimensiones de la producción, con respecto a la magnitud total del valor de los productos agrícolas del país.

De este modo se ha confeccionado el siguiente cuadro, a cuya explicación y análisis pasamos ahora.

Composición de las tres agrupaciones: (las cifras indican los porcentajes respecto al total; la suma de las tres columnas horizontales = 100)

Tomemos la primera agrupación: por la fuente principal de ingresos. Las granjas están aquí distribuidas, por así decirlo, por la especialidad agrícola, en cierto modo análogamente a como las empresas industriales se distribuyen por ramas de la industria. Solo que en la agricultura la cosa es inconmensurablemente más compleja.

La primera columna nos muestra el grupo de las granjas débilmente capitalistas. Este grupo abarca casi la mitad del número total de granjas: el 46,0 %. Poseen el 52,9 % de la tierra, es decir, se trata de explotaciones mayores que la media (aquí se reúnen explotaciones especialmente grandes, extensivas, ganaderas, y granjas algodoneras de tamaño inferior a la media). Los porcentajes del valor de las máquinas (37,2 %) y de la suma de gastos en abonos (36,5 %) son inferiores al porcentaje de tierra: por consiguiente, la intensidad es inferior a la media. Lo mismo ocurre con el carácter capitalista de la explotación (35,2 %) y con el valor del producto (45,0 %). La productividad del trabajo está por debajo de la media.

La segunda columna son las granjas medianas. Precisamente porque en el grupo medio, en las tres agrupaciones, entran explotaciones «medias» en todos los aspectos, vemos aquí la mayor aproximación de todas las relaciones porcentuales entre sí. Las oscilaciones son relativamente pequeñas.

La tercera columna corresponde a las granjas altamente capitalistas. Ya hemos analizado detalladamente más arriba el significado de las cifras de esta columna. Señalemos que solo para este tipo de granjas disponemos de datos exactos y comparables, tanto de 1900 como de 1910, datos que demuestran que estos cultivos altamente capitalistas crecen más deprisa que la media.

¿Cómo se refleja este crecimiento más rápido en la agrupación habitual en la mayoría de los países? Esto lo muestra la columna siguiente: el grupo de las granjas pequeñas según la cantidad de tierra.

Este grupo es muy grande por el número de granjas (57,5 % del total). Solo posee el 17,5 % de la tierra del total, es decir, menos de la tercera parte de la media. Por consiguiente, es el grupo más «pequeño-terrateniente», el más «pobre». Pero a continuación vemos que tanto la intensidad de la agricultura (valor de las máquinas y gastos en abonos), como su carácter capitalista (gastos en salarios) y la productividad del trabajo (valor del producto) son aquí superiores a la media: del 22,3 al 41,9 % con un 17,5 % de tierra.

¿A qué se debe esto? Está claro: a que un número especialmente grande de granjas altamente capitalistas —véase la columna vertical anterior— entra precisamente en este grupo «pequeño» por la cantidad de tierra. A la mayoría de los agricultores realmente pequeños, que poseen poca tierra y poco capital, se ha agregado aquí una minoría de propietarios ricos, fuertes en capital, que en pequeñas parcelas de tierra han organizado una producción grande por sus dimensiones y una explotación capitalista por su carácter. En toda América, esos propietarios constituyen en total el 12,5 % (= porcentaje de granjas altamente capitalistas); por consiguiente, aun cuando todos ellos estuvieran incluidos en un solo grupo de granjas pequeñas por la cantidad de tierra, en este grupo quedaría un (57,5 – 12,5 =) 45 % de propietarios sin tierra suficiente y sin capital. En realidad, naturalmente, una parte, aunque pequeña, de las granjas altamente capitalistas pertenece a las granjas medianas y grandes por la cantidad de tierra, de modo que la cifra del 45 % aún subestima el número real de granjeros sin capital y con poca tierra.

No es difícil ver cuánto se embellece la situación de ese cuarenta y cinco por ciento —mínimum 45 %— de los granjeros más desprovistos de tierra y de capital, al ser incluidos en un mismo grupo con un 12, un 10, etc., por ciento de propietarios que están provistos, en proporción superior a la media, de capital, aperos, máquinas, sumas de dinero para comprar abonos, para contratar asalariados, etc.

No nos detendremos por separado en las granjas medianas y grandes de esta agrupación. Ello equivaldría a repetir, con expresiones ligeramente alteradas, lo dicho a propósito de las granjas pequeñas. Por ejemplo, si los datos sobre las granjas pequeñas por la cantidad de tierra embellecen la situación oprimida de la pequeña producción, los datos sobre las granjas grandes, según el mismo criterio, subestiman evidentemente la concentración real de la agricultura por la gran producción. Enseguida veremos la expresión estadística precisa de esta subestimación de la concentración.

Se obtiene la siguiente situación general, que puede formularse como una ley, aplicable a la agrupación de las explotaciones por la cantidad de tierra en todo país capitalista:

cuanto más amplia y rápidamente se desarrolla la intensificación de la agricultura, tanto más la agrupación por la tierra embellece la situación oprimida de la pequeña producción en la agricultura, del pequeño agricultor desposeído de tierra y de capital; embota la agudeza real de la contradicción de clase entre la gran producción, que prospera, y la pequeña producción, que se arruina; y subestima la concentración del capital en manos de la gran producción y el desplazamiento de la pequeña producción por aquélla.

Confirma de modo palpable esta situación la última, la tercera agrupación: por el valor de los productos. El porcentaje de explotaciones no capitalistas (o de pocos ingresos, si se tiene en cuenta el ingreso bruto) es igual al 58,8 %, es decir, un poco incluso mayor que el porcentaje de explotaciones «pequeñas» (57,5 %). Su tierra es bastante mayor: el 33,3 % (frente al 17,5 % del grupo de granjeros «pequeños»). ¡Pero la parte que les corresponde en el valor total de los productos es una vez y media menor: el 22,1 % frente al 33,5 %!

¿A qué se debe esto? Exactamente a que en este grupo no entraron las explotaciones altamente capitalistas en pequeñas parcelas de tierra, que artificial y falsamente elevaban la parte de capital —en forma de máquinas, abonos, etc.— correspondiente a los pequeños agricultores.

La desposesión, la opresión —y, por consiguiente, la ruina— de la pequeña producción en la agricultura resulta, pues, mucho mayor de lo que podría pensarse por los datos sobre las granjas pequeñas.

Los datos sobre las granjas pequeñas y grandes, por la cantidad de tierra, no tienen absolutamente en cuenta el papel del capital; es natural que no tener en cuenta esa «menudencia» en la economía capitalista deforme la situación de la pequeña producción, la embellezca falsamente, pues «sería» tolerable «si no existiese» el capital, es decir, el poder del dinero y las relaciones del asalariado con el capitalista, del granjero con el comerciante y el acreedor, etc.

La concentración de la agricultura por las grandes granjas es, por eso, mucho menor que la concentración de la misma por la gran producción, es decir, por la producción capitalista: el 17,7 % de las granjas «grandes» concentran el 39,2 % del valor del producto (poco más del doble de la media). En cambio, el 17,2 % de las granjas capitalistas concentran el 52,3 % de todo el valor del producto, es decir, más del triple de la media.

Más de la mitad de toda la producción agrícola del país —en el que existe un reparto gratuito de enormes cantidades de tierras no ocupadas y al que los Manilov llaman país de economías «laboriosas»— resulta concentrada en manos de cerca de una sexta parte de las explotaciones capitalistas, las cuales gastan en salarios cuatro veces más que la media, calculado por granja media (69,1 % con el 17,2 % de las granjas), y una vez y media más que la media, calculado por acre de tierra total (69,1 % de los gastos en trabajo asalariado con el 43,1 % de toda la tierra).

En el otro polo, más de la mitad, casi las 3/5 partes del número total de granjas (58,8 %), pertenecen al número de las no capitalistas. Poseen la tercera parte de toda la tierra (33,3 %), pero esta tierra está equipada con máquinas peor que la media (25,3 % del valor de las máquinas), se abona peor que la media (29,1 % de los gastos en abonos) y, por eso, su productividad es una vez y media inferior a la media. Poseyendo la tercera parte de toda la tierra, esa inmensa masa de granjas, las más oprimidas por el yugo general del capital, dispone de menos de la cuarta parte (22,1 %) de la suma total de la producción, del valor total del producto. — — —

En cuanto al significado de la agrupación por la tierra, obtenemos, por consiguiente, la conclusión general de que no se puede considerar esta agrupación como completamente inservible. Solo que nunca hay que olvidar que subestima el desplazamiento de la pequeña producción por la grande, y que subestima tanto más cuanto más amplia y rápidamente se desarrolla la intensificación de la agricultura, cuanto más considerables son las diferencias entre las explotaciones en la magnitud del capital invertido en la misma unidad de superficie de tierra. Con los modernos métodos de investigación, que proporcionan un caudal muy bueno y muy abundante de noticias sobre cada explotación, bastaría, por ejemplo, combinar dos métodos de agrupación: digamos, cada uno de los cinco grupos por la cantidad de tierra total subdividirlo en tres o dos subgrupos según el volumen de empleo de trabajo asalariado. Si esto no se hace, es en buena medida precisamente por temor a una realidad representada de modo demasiado al desnudo, a un cuadro demasiado vivo de opresión, miseria, ruina, expropiación de la masa de los pequeños agricultores, cuya situación tan «cómoda» e «imperceptiblemente» embellecen las explotaciones capitalistas «modélicas», también «pequeñas» por la cantidad de tierra, que constituyen una pequeña minoría entre la masa de los desposeídos. Desde el punto de vista de la ciencia, nadie se atreverá a objetar que no solo la tierra, sino también el capital, desempeñan un papel en la agricultura moderna. Desde el punto de vista de la técnica estadística o de la cantidad de trabajo estadístico, el número total de 10–15 grupos no es nada excesivo en comparación, por ejemplo, con los 18 + 7 grupos por la tierra en la estadística alemana de 1907. Esta estadística, que agrupa un abundantísimo material sobre 5 736 082 explotaciones en semejante cantidad de grupos por la tierra, es un modelo de rutina burocrática, de pacotilla científica, de juego insensato con los números, pues no hay ni sombra de fundamentos razonables, racionales, justificados por la ciencia y por la vida, para reconocer como típica tal cantidad de grupos semejantes.