En la época pasada, antes de la guerra, el oportunismo era considerado con frecuencia, aunque como una «desviación», una «exageración», pero de todos modos una parte integrante legítima del partido socialdemócrata. La guerra ha demostrado la imposibilidad de esto en el futuro. El oportunismo «ha madurado», ha llevado hasta el fin su papel de emisario de la burguesía en el movimiento obrero. La unidad con los oportunistas se ha convertido en una hipocresía total, cuyo ejemplo vemos en el partido socialdemócrata alemán. En todos los casos importantes (por ejemplo, en la votación del 4 de agosto), los oportunistas se presentan con su ultimátum, llevándolo a la práctica con ayuda de sus numerosos vínculos con la burguesía, su mayoría en las directivas de los sindicatos, etc. La unidad con los oportunistas significa ahora, de hecho, la subordinación de la clase obrera a «su» burguesía nacional, la alianza con ésta para oprimir a las naciones extranjeras y para luchar por privilegios de gran potencia, siendo la escisión del proletariado revolucionario de todos los países.

Por muy dura que sea en casos aislados la lucha contra los oportunistas que predominan en muchas organizaciones, por muy singular que sea en los distintos países el proceso de depuración de los partidos obreros respecto a los oportunistas, este proceso es inevitable y fructífero. El socialismo reformista agoniza; el socialismo renaciente «será revolucionario, intransigente, insurreccional», según la acertada expresión del socialista francés Pavel Golay{220}.