En un aspecto, el gobierno ruso no se ha quedado a la zaga de sus homólogos europeos: al igual que ellos, ha sabido realizar un engaño a «su» pueblo en una escala grandiosa. Un gigantesco y monstruoso aparato de mentiras y maquinaciones se ha puesto en marcha también en Rusia para contagiar a las masas de chovinismo, para hacer creer que el gobierno zarista libra una guerra «justa», defiende desinteresadamente a los «hermanos eslavos», etc.

La clase de los terratenientes y las capas superiores de la burguesía comercial e industrial apoyaron ardientemente la política belicista del gobierno zarista. Con razón esperan para sí enormes ventajas y privilegios materiales del reparto de la herencia turca y austríaca. Toda una serie de sus congresos ya se relame con las ganancias que afluirían a sus bolsillos en caso de victoria del ejército zarista. Además, los reaccionarios comprenden muy bien que, si algo puede aplazar la caída de la monarquía de los Románov y retrasar una nueva revolución en Rusia, es únicamente una guerra exterior victoriosa para el zar.

Amplias capas de la «media» burguesía urbana, de la intelectualidad burguesa, de las profesiones liberales, etc. – al menos al comienzo de la guerra – también estaban contagiadas de chovinismo. El partido de la burguesía liberal rusa – los kadetes – apoyó plena e incondicionalmente al gobierno zarista. En el terreno de la política exterior, los kadetes son desde hace tiempo un partido gubernamental. El paneslavismo, mediante el cual la diplomacia zarista ha cometido más de una vez sus grandiosos fraudes políticos, se ha convertido en la ideología oficial de los kadetes. El liberalismo ruso ha degenerado en nacional-liberalismo. Compite en «patriotismo» con las Centurias Negras, vota siempre con gusto a favor del militarismo, del navalismo, etc. En el campo del liberalismo ruso se observa aproximadamente el mismo fenómeno que en Alemania en los años 70, cuando el liberalismo «librepensador» se descompuso y dio origen al partido nacional-liberal. La burguesía liberal rusa ha emprendido definitivamente el camino de la contrarrevolución. El punto de vista del POSDR sobre esta cuestión ha quedado plenamente confirmado. La vida ha destruido la opinión de nuestros oportunistas de que el liberalismo ruso es aún una fuerza motriz de la revolución en Rusia.

Entre el campesinado, la camarilla gobernante, con ayuda de la prensa burguesa, del clero, etc., también ha logrado suscitar un estado de ánimo chovinista. Pero, a medida que los soldados regresen del campo de la matanza, el estado de ánimo en la aldea irá cambiando, sin duda, en perjuicio de la monarquía zarista. Los partidos democrático-burgueses, en contacto con el campesinado, no resistieron la ola chovinista. El partido de los trudoviques se negó en la Duma de Estado a votar los créditos de guerra. Pero, por boca de su líder Kerenski, hizo pública una declaración «patriótica» que le vino extremadamente bien a la monarquía. Toda la prensa legal de los «populistas» siguió en general la corriente de los liberales. Incluso el ala izquierda de la democracia burguesa – el llamado partido de los socialistas-revolucionarios, afiliado a la Oficina Socialista Internacional – se dejó arrastrar por la misma corriente. El representante de este partido en la OSI, el señor Rubanovich, actúa abiertamente como un socialchovinista. La mitad de los delegados de este partido en la Conferencia de Londres de los socialistas de la «Entente» votó a favor de la resolución chovinista (absteniéndose la otra mitad). En la prensa ilegal de los socialistas-revolucionarios (el periódico «Nóvosti»{222} y otros) predominan los chovinistas. Los revolucionarios «procedentes del medio burgués», es decir, los revolucionarios burgueses no vinculados a la clase obrera, han sufrido un fracaso de lo más severo en esta guerra. El triste destino de Kropotkin, Burtsev, Rubanovich es extraordinariamente significativo.