El derrumbamiento de la II Internacional es el derrumbamiento del oportunismo socialista. Este último creció como producto de la anterior época «pacífica» de desarrollo del movimiento obrero. Esta época enseñó a la clase obrera medios de lucha tan importantes como la utilización del parlamentarismo y de todas las posibilidades legales, la creación de organizaciones económicas y políticas de masas, de una amplia prensa obrera, etc. Por otro lado, esta época engendró la tendencia a la negación de la lucha de clases y a la prédica de la paz social, a la negación de la revolución socialista, a la negación de principio de las organizaciones ilegales, al reconocimiento del patriotismo burgués, etc. Ciertas capas de la clase obrera (la burocracia en el movimiento obrero y la aristocracia obrera, a la que le tocaba una partícula de los ingresos de la explotación de las colonias y de la posición privilegiada de su «patria» en el mercado mundial), así como los compañeros de viaje pequeñoburgueses dentro de los partidos socialistas, fueron el principal apoyo social de estas tendencias y los conductores de la influencia burguesa sobre el proletariado.

La influencia funesta del oportunismo se manifestó de modo particularmente brillante en la política de la mayoría de los partidos socialdemócratas oficiales de la II Internacional durante la guerra. La votación de los créditos de guerra, la entrada en los ministerios, la política de «paz civil», la renuncia a la organización ilegal en el momento en que se ha suprimido la legalidad, significan el sabotaje de las decisiones más importantes de la Internacional y una traición directa al socialismo.