## «LA GUERRA Y EL PROLETARIADO RUSO» *

[Entre el 30 de noviembre y el 21 de diciembre de 1915]

NB
[SO] ...Rusia,
como era de esperar,
resultó ser el locus
minoris
resistentiae — el punto
de menor
resistencia — para el espíritu de la revolución, llamado a la vida por el
torbellino imperialista.
Pues
el escalón
de desarrollo sociopolítico
en que se encuentra no permitió
que se anquilosaran
en ella las relaciones interclasistas en la medida en que,
al entrar Europa Occidental en el período de lucha
imperialista, esto ocurrió en los países capitalistas avanzados.
No es lo primero) *** | La primera
acción revolucionaria de la guerra imperialista mundial se manifestó ante todo en que la burguesía rusa,
cada vez más imbuida de tendencias imperialistas, se lanzó a la lucha por el poder.
De por sí, por supuesto, la importancia revolucionaria
de este hecho sería insignificante, y la propia lucha de la burguesía
rusa aún puede terminar en un fiasco bastante lamentable.
Pero, surgiendo en la atmósfera de la crisis mundial y
directamente estimulada por las grandiosas calamidades que se han abatido
sobre todo el país, esta lucha debe convertirse en el punto de partida
de un enorme movimiento social que tiene
muchas probabilidades de adquirir el carácter de una revolución.
[104] «El papel de gran potencia» desempeñó así, para la Rusia
del 3 de junio, el mismo papel que la unificación estatal-nacional desempeñó después de 1848 en Alemania:
sirvió de bandera para el proceso de modernización de la monarquía
y de la nobleza, por un lado, para la consolidación política
de la burguesía como clase cogobernante, por el otro...
[107—108] El experimento
del 3 de junio
podía
justificarse históricamente
solo en la medida en que sobre su base se lograse crear un poderío político y económico
suficiente para aprovechar todas las oportunidades favorables
creadas para Rusia por su situación geográfica
y su inmensidad en el período de antagonismo,
llevado hasta el último grado de exacerbación, entre los colosos imperialistas de «Occidente».
Al señalar este único caso que puede
retirar del orden del día el problema de la nueva revolución burguesa
en Rusia, nosotros pusimos este análisis como base de nuestra comprensión
de las tareas del movimiento obrero ruso en el período contrarrevolucionario.
Rechazamos el planteo de toda la política del proletariado sobre la sola
carta de la revolución burguesa,
que continúa
desde el punto en que se detuvo en 1906—07.
Habiéndonos situado en el terreno creado por la derrota de la revolución de 1905
y el proceso
iniciado de adaptación mutua de la vieja y la nueva Rusia, lanzamos la «lucha por un partido abierto»
como consigna que resume el aspecto organizativo-táctico
de las nuevas tareas de la lucha de clases del proletariado ruso.
Pero al mismo tiempo combatimos aquella interpretación de esta
consigna y de estas tareas que significaría reconocer como
irreversible y asegurada en su éxito esta vía de adaptación mutua.
El hecho de que en el movimiento obrero ruso (y de ninguna
manera entre sus Mitläufer*, como intentaron presentar Lenin
y Plejánov) existiera una tendencia a tomar por definitivamente dado
e históricamente asegurado un similar desarrollo «sin dolor»
de la Rusia del 3 de junio hacia el «tipo prusiano», no está sujeto
a ninguna duda: esta tendencia se alimentaba de la natural
aspiración de los elementos combativos de la clase obrera
a encontrar
un terreno firme para su prolongada construcción política y organizativa.
Sin embargo, esta tendencia no tuvo desarrollo ulterior, y en la Conferencia
de Agosto
de
1912,
la línea del «menchevismo»
(o «liquidacionismo»)
fue trazada de manera aplicable a ambos desenlaces posibles
del proceso histórico. — En los vaivenes y vacilaciones
que se manifestaron al comienzo de la actual guerra entre una parte
de los «liquidacionistas» en Rusia, se manifestó sin duda también la resaca
de las tendencias de 1909—11 a construir de antemano el futuro del
proletariado ruso sobre la victoria histórica de la burguesía rusa
en su intento de, a través del imperialismo — pasando por alto la
revolución nacional — , ir hacia la europeización de Rusia y la solución de sus
problemas internos de emancipación de las fuerzas productivas nacionales.
La ironía de la historia exigió que, mientras en esta parte de los «liquidacionistas»
el renacimiento de dicha tendencia en la mayoría de los casos no fue
más allá de la consigna de «no resistencia a la guerra»,
la misión de llevarla hasta su conclusión lógicamente implacable y, de hecho, subordinar por completo los destinos y tareas
del movimiento proletario al éxito del experimento imperialista-liberal
de la burguesía
la asumieron
Plejánov,
Aleksinski,
Iordanski (¡que haya victoria!), Finn-Enataevski, es decir, personas que cosecharon no pocos laureles en la «lucha
contra el liquidacionismo»...
[108] Al final del primer año de la guerra mundial, Rusia resultó ser
la única de las grandes potencias beligerantes cuya fuerza combativa
estaba minada de raíz, cuya desorganización económica
adquirió un carácter catastrófico y a la cual de
importantes amputaciones territoriales como resultado de la guerra
pueden aún salvarla (si es que la salvación es aún posible) solo
sus aliados, — por supuesto, al precio de su total servidumbre a
estos últimos. En la primera batalla imperialista decisiva

* — compañeros de viaje.
No de por
sí
la Rusia de Sazónov — Guchkov — Miliukov se quedó atrás,
dejó nuevamente de existir como un serio pretendiente
a participar en el reparto del mundo.
Este resultado |de por sí|| significa el fracaso del sistema
del 3 de junio,
la aniquilación
del equilibrio
social
creado por él. Casi automáticamente todos los problemas planteados por 1905
a escala revolucionaria y eliminados por la contrarrevolución — político, estamental, nacional,
agrario, financiero, obrero — se alzan en toda su magnitud ante
amplios círculos sociales, y se alzan en la coyuntura
de las derrotas militares, en la perspectiva de la desorganización radical
de la economía nacional. La Burgfrieden* está rota, y entre
los gritos
histéricos
sobre la salvadora «unidad»,
en
plena
guerra, bajo el estruendo de los cañones, en el campo de los poseedores se desata abiertamente
la lucha partidista y de clases.
[109] La aniquilación de la Burgfrieden rusa en un doble
sentido significa el fracaso del sistema del 3 de junio y, por consiguiente,
del intento de sortear el problema de la revolución nacional-burguesa
mediante un salto al espacio imperialista.
En primer lugar, en el sentido de que la burguesía resultó
ser
|obligada| a disputarle
a la monarquía, a la burocracia y a la nobleza
la propia función de organizador y dirigente
de la «defensa estatal»,
cuya conservación en manos de estos
grupos sociales constituye la esencia misma de la convivencia contrarrevolucionaria.
En segundo lugar, por el hecho de que, puesta ante la necesidad
de presentar sus pretensiones de participación en el poder, la burguesía
se vio obligada a apelar a las amplias masas populares,
a desplegar una ruidosa agitación pública — fuera de la Duma —,
a llevar a través de su prensa partidista, apartidista y amarilla
la alarma, la excitación y el rencor a las capas bajas populares, a acercar
la cerilla al colosal material combustible que,
por el crecimiento de la miseria
y la desprotección, la carestía de la vida,
el pánico de las derrotas y la desorganización del Estado, se acumula
de por sí entre el proletariado, el campesinado y la pequeña burguesía urbana.

* — paz civil.
[110] Que el momento del nuevo ascenso social — inevitable
como resultado del autodesgaste del régimen del 3 de junio —
se caracterizará
ante todo por el papel
de iniciativa y de vanguardia — entre las otras clases no proletarias — de la
burguesía comercial e industrial, esto lo señalamos ya hace varios años sobre la base
del análisis de las contradicciones internas del desarrollo posrevolucionario.
Entonces nuestras afirmaciones
no encontraron en absoluto simpatía entre una parte significativa
de los marxistas rusos. Menos que nada parecía en aquel tiempo
probable que la burguesía comercial e industrial rusa,
directamente amparada por el bloque del 3 de junio
y poseída por el miedo contrarrevolucionario
al proletariado,
pudiera algún día ponerse
a la cabeza de un
movimiento nacional,
que uniera a diferentes capas poseedoras y desposeídas,
y conferir a este movimiento el carácter de una lucha consciente
por el poder,
en consecuencia,
resultar estar entre
«las fuerzas motrices de la revolución», como se expresa quien esto escribe.
[111] ...la nueva lucha por el poder contra el zarismo y la nobleza
ha sido iniciada en este momento bajo la hegemonía de la burguesía comercial e industrial...
no es cierto
[111—112] Al verse arrastradas por el curso de los acontecimientos a la lucha por el poder,
las clases burguesas
caen en una contradicción
de raíz
con el punto de partida de su política «bélica». Ellas concluyeron
con
la monarquía
y
la burocracia
la «Burgfrieden»
en nombre
de los intereses de la defensa estatal. Pero, ¿en qué consiste
la esencia real de la «Burgfrieden» en todos los países?
En que, en nombre de la defensa, el proletariado deja incondicionalmente
el poder estatal y la dirección de la organización militar
a la burguesía — allí donde esta es la clase
gobernante; en que la burguesía renuncia a las pretensiones
al poder estatal y a la gestión de la organización militar — allí donde estos se encuentran en manos de los estamentos
privilegiados. Pero cuando
la burguesía rusa, en nombre de una mejor organización de la gestión del ejército y del Estado, comienza
la lucha por
el poder,
renunciando
a
la Burgfrieden,
ella
indudable e inevitablemente socava la obra de la «defensa
estatal»...

NB
[112—113] Entre nosotros
se trata de una auténtica sustitución en el papel de gobernante de un estamento por otro.
¡Qué ridículos son, por tanto, estos intentos de encajar el movimiento
en favor del «ministerio público» en los marcos de la «no violación
de los intereses de la defensa estatal»!, ¡estos intentos, según el refrán francés, de hacer una tortilla sin romper los huevos!
O, más exactamente, no son ridículos cuando provienen de los políticos reales
de la burguesía; pues estos últimos, gritando: «¡más bajo, más bajo, no pisen la defensa!», se ocupan principalmente de que
la efervescencia popular despertada por su lucha no atente
contra sus propios intereses estrechos de clase o, como
se expresó A. I. Guchkov, de que en la lucha contra el orden estatal dado
no se toque el orden en general; de que en el proceso
de lucha contra el gobierno dado las masas populares no
formen una fuerza política independiente,
peligrosa para
los
mismos pretendientes al poder. Pero tanto más ridículos son
los Plejánov, Bunakov, Zommer, que con aire serio y patético
repiten las exhortaciones de los industriales, alcaldes
y políticos de los zemstvos, dirigidas a los obreros:
luchad, pero de manera que ¡no derraméis ni una gota de la
copa patriótica! presionad al poder, pero de manera que, en lo posible,
no pongáis en marcha el principal medio de presión que poseéis — ¡la huelga! preferid a las huelgas las manifestaciones
en el tiempo libre de la fabricación de proyectiles o, si ya
no aguantáis más y vais a la huelga,
¡compensad este absentismo trabajando
los domingos!
[113] ...Nosotros — los mencheviques — en 1904 llamábamos con la misma
energía a los obreros a no ver en las manifestaciones callejeras
un medio único de salvación, con la que en 1913 nos alzamos contra
«la fiebre huelguística».

NB
[114] La ocupación por los ejércitos enemigos de nuevas y nuevas
regiones, las contribuciones colosales, la amputación directa o encubierta
de territorios significativos afectarán directa
y dolorosamente los intereses de las masas populares, y en particular
del proletariado.

[115] Al llamar a la lucha contra el régimen dado, la socialdemocracia
sabe que un gobierno octubrista, liberal y cualquier otro
gobierno burgués-imperialista, que por la correlación de las fuerzas sociales es el pretendiente más próximo
al poder, continuará la guerra en nombre de los mismos intereses
imperialistas y capitalistas en nombre de los cuales
se ha llevado hasta ahora... La «defensa nacional» en manos
de tal gobierno y de los grupos sociales que lo respaldan
estará dirigida contra el proletariado... esta defensa nacional,
explotando la natural aspiración de las masas populares
a salvarse de las anexiones violentas y de las contribuciones,
se realizará por el método únicamente accesible a las clases poseedoras...

NB
Mentira!
No es verdad
lacayo del chovinismo
pequeñoburgués*
(1)

[116] Todo esto lo sabía la socialdemocracia antes del comienzo de la guerra,
por eso «juraba» fidelidad a las resoluciones de Stuttgart y Basilea;
y quien no lo sabía o se apresuró a olvidarlo con el comienzo
de la actual guerra, tuvo a su disposición nada menos que 15 meses
para ver con ejemplos evidentes qué significa realmente la participación del proletariado
y de los socialistas en la obra de la «defensa nacional» dirigida por las clases poseedoras...
Por más tentador que sea para un partido revolucionario tener
tras de sí de inmediato las simpatías de las amplias masas populares y del ejército, por
más obligado que esté a no provocar con una táctica torpe
o, más aún, con la provocación verbal (como el juego al «derrotismo»)
un abismo entre sí mismo y las masas populares y el ejército,
no debe olvidar, por los éxitos momentáneos, el futuro
de la clase a la que sirve... Si las masas no pueden
llegar a nosotros sino a través de nuevas ilusiones, a través
de su desenmascaramiento
por la trágica experiencia
de la historia,
nosotros
estamos obligados
a proteger de la influencia de estas ilusiones a las capas populares que
ya están con nosotros, obligados a decir y repetir al proletariado toda la verdad
que conocemos, — la verdad de que,
mientras la guerra tenga carácter imperialista, ante el proletariado
no podrá plantearse la tarea de «defender la patria».

(2)
[116—117] Se sobreentiende
que
si la crisis actual condujera a la victoria de la revolución democrática, a la república,
el carácter de la guerra cambiaría de raíz...
Pero una república democrática rusa, surgida directamente
de las
agudas
batallas revolucionarias
dirigidas
por el proletariado, expresando
(por supuesto, de manera transitoria)
el triunfo de los intereses democráticos generales de la pequeña burguesía urbana
y del campesinado sobre las ambiciones estrechas de clase de la
burguesía capitalista, — tal república representaría
en la guerra el lado en cuya victoria está interesado el
proletariado mundial. Si, por tanto, nos mantenemos en el marco de esta
hipótesis, se puede decir que tal república, en caso
de necesidad, el proletariado ruso debería defenderla
con las armas en la mano contra los enemigos externos, tal como la defendería
de los enemigos internos.
Si ya nos ponemos a imaginar estas — por ahora bastante
lejanas — perspectivas, será permisible intentar
representarse concretamente qué carácter debería
adoptar esta guerra «defensiva» de una república rusa surgida de la revolución.
Sería, en el pleno sentido de la palabra,
una guerra revolucionaria, o, más exactamente, el proletariado debería
conferirle el carácter de guerra revolucionaria. Esto significa,
en primer lugar, que no podría prescindir de las más revolucionarias
incursiones en los «sagrados» derechos de la propiedad privada, — al menos, de la propiedad privada
del estamento nobiliario vencido por la revolución. Esto significa, en segundo lugar,
que, fijándose el objetivo de defender a Rusia del sojuzgamiento
en caso de victoria de las monarquías centrales, debería
al mismo tiempo tomar medidas para que la victoria sobre estas
monarquías no conduzca a un sojuzgamiento similar de Rusia por sus
actuales aliados. Es difícil, por ejemplo, imaginar
que la democracia victoriosa en Rusia pudiera dejar
intactas aquellas obligaciones multimillonarias ante el
capital francés, con las que el zarismo por muchas décadas
vendió el trabajo del pueblo ruso a este último; es difícil imaginarse una revolución democrática victoriosa en Rusia
que no declarara la bancarrota estatal.
Esto significa, en tercer lugar, que la guerra revolucionaria de la república
rusa debería librarse en nombre del principio, no limitado
por ninguna consideración capitalista,
de la autodeterminación democrática de los pueblos — tanto de aquellos

* Esta
al servicio
NB¡X
X
=  ¡dictadura
democrático-
revolucionaria
del proletariado
y del campesinado!
?
(3)
sobre los que pretendiera atentar el imperialismo alemán, como de aquellos
cuya liberación va a contracorriente de los intereses del imperialismo
inglés, francés o italiano.
[117—118] Basta
imaginar
el cuadro
de una
guerra tal — y solo tal
guerra expresaría la progresividad histórica de la república rusa, que se defiende
contra el imperialismo alemán — para plantear la pregunta:
¿una semejante transformación de la guerra imperialista en democrático-revolucionaria
es compatible con la actual interrelación
de los Estados en el conflicto mundial? Todo el carácter
de este último, ¿no nos garantiza que la victoria revolucionaria,
aunque solo sea de la democracia burguesa, en uno de los países,
haría estallar inmediatamente esta interrelación,
uniendo a toda la burguesía capitalista del mundo entero en la aspiración
de apagar
el incendio de la revolución,
y con ello, por consiguiente,
aboliría para el proletariado ruso la cuestión misma de si
debe continuar la guerra defensiva contra
las monarquías centrales en caso de victoria de la democracia en Rusia
y de la negativa de Alemania y Austria a concertar una paz honorable?
Es absolutamente evidente que, en tal situación, la cuestión ya no sería
de continuar la vieja guerra, sino de una guerra completamente nueva, y esta
nueva guerra poco tendría en común con la guerra defensiva
en el sentido
corriente
de la palabra:
como la
guerra revolucionaria
de la primera República Francesa, tendría un carácter
ofensivo o
debería
adoptar
tal carácter,
puesto que se volvería indudable que la coyuntura de la
reacción imperialista internacional no permitirá a la democracia
consolidarse en Rusia (1).

¡Menudo bribón
hábil!
[119] Pero si ya hemos ido tan lejos en nuestras hipótesis,
no podemos dejar de introducir en nuestras construcciones un momento
complicante más. ¿Es pensable el desarrollo de la crisis política
rusa hasta el punto en que nos hemos detenido,
bajo la condición de la dominación continuada de la reacción
militarista e imperialista en todo el mundo? Tal suposición
parece completamente improbable. Una serie de
sacudidas revolucionarias de carácter cada vez más profundo y más amplio,
que sería lo único que podría llevar a Rusia
a la república democrática, no podría dejar de causar inmediatamente una profunda
impresión en las masas populares de los países aliados y de aquellos que luchan con Rusia
y, probablemente, serviría de impulso para el surgimiento
de movimientos populares en ellos. Y, por otro lado, si
la coyuntura de la guerra resultara desfavorable para el desarrollo
de estos últimos, entonces el desarrollo de la crisis revolucionaria
en la propia Rusia se vería paralizado, aunque solo fuera porque
las fuerzas del imperialismo de los países aliados y enemigos vendrían
en una u otra forma en ayuda del «orden» sacudido en Rusia.
En estas condiciones, difícilmente se haría real
la perspectiva del triunfo completo de la democracia en Rusia todavía durante
la
guerra,
aquella única perspectiva
bajo la cual
la tarea de la «defensa» podría entrar como parte integrante en las tareas
revolucionarias del proletariado.

(1) ¿Puede la democracia burguesa rusa, una vez en el poder, resultar
capaz de librar una guerra revolucionaria semejante, es decir, desarrollar
la revolución contra la servidumbre doméstica en lucha contra
el imperialismo internacional? De esto se puede dudar mucho y mucho:
el proletariado, en sus intentos de empujar a su aliado revolucionario
por este camino, puede sufrir una derrota, lo que significaría su
ruptura con la democracia burguesa y el ingreso de esta última en aquel camino
de adaptación a los intereses de la burguesía capitalista que
transforma «la república de 1793» en «la república de Gambetta y
Clemenceau». — En relación con esto está la cuestión general de si es pensable
históricamente la victoria completa de la revolución en Rusia como revolución burguesa,
que entregue el poder real a la democracia pequeñoburguesa y campesina
(con el apoyo del proletariado o con su participación en
el poder — da igual). El camarada N. Trotski, en el n.° 217 de «Náshe Slovo», responde
a esta pregunta de manera categóricamente negativa,
sin tomarse el trabajo
de reforzar su tesis con otras pruebas que afirmaciones axiomáticas
cuyo fin es preparar al lector para la consigna: «gobierno
obrero revolucionario, conquista del poder por el proletariado
revolucionario». Como en 1905 y 1906, el camarada Trotski parte de
una singular
concepción
teleológica:
la revolución
democrática
debe vencer en Rusia. Luego procede al análisis de las fuerzas
sociales y llega a la conclusión: ni una transformación liberal ni una revolución
burguesa son pensables: la burguesía capitalista
es contrarrevolucionaria, y «la democracia burguesa no existe» (es decir,
no hay una capaz de conquistar el poder). Por consiguiente, la revolución la hará
el proletariado,
y si la hace, «¿por qué motivo» va a ceder
el poder a otras clases? Por consiguiente, «gobierno
obrero»...

[120] De esto se desprende que la consigna «revolución para la defensa»,
si se la plantea en la perspectiva de una revolución que se desarrolla,
como solíamos expresarnos, «hasta su conclusión lógica», —
y en otra perspectiva la socialdemocracia no puede plantear el problema de la revolución burguesa, — queda privada de contenido
concreto-
histórico y resulta artificiosa...
Al emprender la lucha en Rusia por el triunfo decisivo
de la democracia, el proletariado, por consiguiente, debe considerarla
como parte de la lucha internacional del proletariado contra
la reacción imperialista internacional; debe, por tanto,
vincularla estrechamente con la lucha contra la guerra, con la lucha por «la paz
firmada por los pueblos», como se expresa un recién publicado
folleto del CE, por la paz impuesta a los países beligerantes
por los pueblos que han despertado...
[120—121] ¡No la revolución en nombre de la defensa nacional,
sino la revolución en nombre de la paz! La consigna central de combate
del momento para el proletariado ruso debe ser la Asamblea Constituyente
popular para la liquidación tanto del zarismo como
de
la
guerra.
— Está bien, nos objetan. El proletariado, junto con la
democracia, ha logrado la Asamblea Constituyente y marcha hacia la afirmación
de la república. El nuevo gobierno propone a Alemania
la paz sin anexiones. La Alemania imperialista no quiere saber nada,
y el proletariado alemán resulta no haberse despertado aún
o no ser suficientemente fuerte para detener
la nueva invasión de los ejércitos alemanes a Rusia. Entonces,
¿defenderemos la patria junto con la república recién conquistada?
[122] ...los marxistas no tienen en absoluto que recurrir a la fe.
Los que permanecieron marxistas después de esta confusión,
y, a pesar de ella, siguieron siéndolo solo porque esta
confusión y los hechos que la provocaron (la capitulación del proletariado
y de sus partidos ante el imperialismo), no les disuadieron de
la fidelidad a la concepción marxista fundamental sobre las tendencias
del desarrollo de clase del proletariado. Estas tendencias, a pesar
de cualquier retraso, de cualquier retroceso temporal,
impulsan al proletariado hacia el internacionalismo y hacia la lucha
revolucionaria.
Por eso, en el caos de la confusión más horrible,
el marxista prevé el comienzo de un nuevo despertar y ascenso y,
si quiere, sabrá aplicar su energía activa
allí y de tal manera que, en la lucha entre las tendencias contradictorias
que desgarran ahora al proletariado internacional,
contribuya al fortalecimiento de aquellas tendencias a las que pertenece
el futuro. Y estas, por supuesto, son las tendencias revolucionario-internacionalistas,
hoy ahogadas por las
posibilistas-nacionales.
Aquel a quien el escepticismo le impide en el
momento crítico
dado ponerse con ambos pies en el camino del más decidido apoyo a la
corriente internacionalista, hoy ahogada, del movimiento obrero, con ello se condena
a sí mismo a un papel de contemplación pasiva en el proceso histórico;
y si intenta mantenerse en el papel de actor político,
inevitablemente se deslizará al pantano del oportunismo
nacionalista.
[122—124] El punto de
partida
de la crisis
revolucionaria
en Rusia es el choque, provocado por
las derrotas, de las clases poseedoras unidas, apoyándose en el descontento
de las masas populares, con la camarilla gobernante. El movimiento surgido
de este choque y que ha adquirido ya dimensiones considerables,
está unido por la idea de la defensa nacional.
El proletariado debe, por supuesto, apoyar este movimiento,
en la medida en que resquebraja el viejo poder y le quita
el terreno bajo los pies. Pero apoyar el movimiento dirigido por
la burguesía no significa ir a remolque de él. Apoyando
las acciones combativas dirigidas contra el «gobierno de
traición», el proletariado y la socialdemocracia no apoyan
sus consignas. Critican unas de ellas por ser a medias
e insuficientes («ministerio público»); se alzan
directamente contra otras, como hostiles a los intereses de la
democracia («guerra hasta la victoria», «¡lucha contra el dominio alemán!»,
«¡ninguna huelga!», etc.).
Mientras el movimiento liberal-patriótico bajo la bandera
de la «defensa» no se haya agotado internamente, no haya asestado al orden existente
todos los golpes que es capaz de
asestarle,
la socialdemocracia,
tomando una participación posible
en los conflictos provocados por este movimiento, utilizándolos en la agitación,
llamando a las masas obreras a protestar activamente
contra las manifestaciones de la reacción en respuesta a este movimiento, debe
concentrar el centro de gravedad de su trabajo en la organización
de las fuerzas del proletariado,
en vistas de los acontecimientos que han de desplegarse
y que exigirán toda su energía revolucionaria...

NB
Es imposible trabajar exitosamente en la organización
del proletariado como fuerza política independiente si
la consigna de organización se separa de las tareas de la lucha
revolucionaria que espera al proletariado, — lucha por la paz
y lucha por la democracia. Por lo que podemos juzgar desde
nuestra lejanía
en el extranjero,
tal tendencia a separar
el trabajo
organizativo
de la agitación
en favor de las consignas
generales
del movimiento se hace patente entre los camaradas rusos. Recordemos
el artículo del camarada Gorski en el n.° 1 del ya cerrado «Utro».
Él proponía, según lo entendimos, resolver la cuestión de
la participación o no participación en los comités de industria militar
independientemente de la actitud hacia la causa de la «defensa nacional»,
partiendo de la idea de que se puede ser un partidario de principio
de la «defensa» y boicotear los «comités»
de Goremykin
y
que,
al contrario, se puede,
siendo un opositor de principio de la defensa, estar a favor de la participación de los obreros en estos comités.
Pero en realidad, los intentos de resolver esta cuestión bajo el ángulo
de la «utilización»
organizativa
de nuevas
posiciones, dejando en la sombra o a un lado la cuestión de
la actitud de principio y práctica de la clase obrera
hacia la «defensa», en lugar de facilitar la organización
de los obreros,
deberían más bien conducir
a
su
desorganización.
En el umbral de un período revolucionario en la historia de Rusia, la clase
obrera debe darse cuenta con la mayor claridad posible de
qué objetivos y con qué métodos defenderá en el curso
del proceso revolucionario, debe saber por qué y en nombre de qué organiza sus fuerzas.
Cualquier omisión
y falta de reflexión
manifestada ahora se vengará cruelmente
de sí misma mañana (*).
Todo el movimiento de la clase obrera debe estar animado
y unido por la idea de la lucha por la paz y la lucha por la liquidación
democrática del régimen del 3 de junio. Organizar
sus fuerzas y fortalecer sus posiciones es algo que el proletariado debe
hacer, por tanto, sin pegarse ni adaptarse al movimiento dirigido
por la burguesía
«de defensa nacional», sino
contraponiendo a este movimiento sus tareas internacionalistas
y métodos de acción calculados sobre la solidaridad internacional
de clase.

NB
No está
claro
/ Menudo \\
(*) El artículo ya
estaba compaginado cuando los resultados
de la campaña
sobre los comités de industria militar confirmaron
(LISTO!!) plenamente nuestros temores.
NB
BRIBÓN //
Esto lo hizo magníficamente la
delegación
obrera — con los camaradas Jaústov y Skóbelev a la cabeza —
en el congreso de Moscú de lucha contra la carestía de la vida...
[124–125] ¿Seguirán de hecho las masas del proletariado desde ahora el camino
de una política consecuentemente revolucionaria, bajo la bandera
del internacionalismo, o, bajo la impresión directa de las calamidades
provocadas por la derrota y bajo la presión de la atmósfera
circundante de «alarma patriótica» nacional, marcharán al combate bajo
la bandera de la «defensa» y desempeñarán su papel en
la crisis política (quizás, solo al principio)
permaneciendo bajo el poder de las ilusiones patriótico-democráticas?
Los combatientes de la Comuna
de 1871 también
marcharon bajo
la bandera de la defensa y de la «guerra hasta el final». Si lo mismo sucediera
con el proletariado ruso, esto, por supuesto, no anularía
ni el carácter revolucionario de su papel en la crisis iniciada
(carácter determinado por la interrelación de las clases
en Rusia), ni el significado internacional de su lucha
revolucionaria, sino que solo los debilitaría. En este caso, a la capa avanzada
de obreros-socialistas le tocaría, sin desvincularse de
la lucha de las amplias masas, sin contraponerse a su
movimiento, llevar en él su propia línea (como Varlin,
Malon y los internacionalistas parisinos la llevaron en el movimiento insurreccional de 1870—71, en general impregnado
de ilusiones blanquistas-patrióticas). Como
observa con toda razón R. Hilferding, a los marxistas quizás
les tocará en los acontecimientos del momento histórico próximo,
marcados por el sello maldito de la guerra mundial, nuevamente, como
a los «comunistas» de 1848, reducir su papel a
formular y defender en cada movimiento concreto los intereses
generales y permanentes del proletariado, velados
en el momento dado por sus intereses particulares y transitorios.

[125] Cuanto más decididamente la socialdemocracia rusa, al
comienzo mismo de la crisis política, adopte una clara posición
revolucionario-internacionalista, cuanto más nítidamente
llame al proletariado a construir toda su política sobre
el renacimiento de la lucha de clases internacional, tanto mayor
será su influencia en el curso del desarrollo de esta crisis,
tanto más seguro y tanto más rápido el proletariado superará las ilusiones
de todo tipo y resultará capaz de alzar en alto sobre
el mar tempestuoso de la vida rusa la bandera roja del socialismo
internacional. Tanto más seguro y tanto más rápido, en la crisis nacional,
defenderá sus intereses de clase.

L. Martov

Un cocinero de primera, que preparó exquisitamente... un gato podrido.

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*1 El artículo de L. Martov «La guerra y el proletariado ruso» fue publicado en la recopilación «La Internacional y la guerra» n.° 1, aparecida el 30 de noviembre de 1915. V. I. Lenin lo sometió a un análisis crítico en su artículo «Encubrimiento de la política socialchovinista con frases internacionalistas», publicado el 21 de diciembre de 1915 en el periódico «El Socialdemócrata» n.° 49 (ver V. I. Lenin. Obras Completas, tomo 27, págs. 90—92).*

*2 Se refiere a la conferencia de los liquidacionistas, celebrada en Viena en agosto de 1912; en ella se formó el bloque antipartido de Agosto, cuyo organizador fue Trotski. A la conferencia asistieron representantes del Bund, del Comité Regional del Transcáucaso, de la Socialdemocracia del Territorio Letón y de grupúsculos en el extranjero: liquidacionistas, trotskistas, otzovistas, y representantes de algunos grupos de liquidacionistas de Rusia. La conferencia tomó decisiones antipartido, liquidacionistas, sobre todas las cuestiones de la táctica socialdemócrata y se pronunció contra la existencia del partido ilegal. Excluyó de la plataforma electoral la consigna de la república democrática, sustituyéndola por la consigna de sufragio universal y una Duma con plenos poderes; rechazando la consigna de confiscación de las tierras de los terratenientes en favor de los campesinos, la conferencia lanzó la reivindicación de revisión de la legislación agraria de la III Duma de Estado; en lugar de la consigna del derecho de las naciones a la autodeterminación, lanzó la reivindicación de la autonomía nacional-cultural, condenada por las decisiones de los congresos del partido como una manifestación de nacionalismo. En cuanto a la táctica electoral, la conferencia reconoció como admisible el apoyo a candidatos de partidos burgueses liberales que se comprometieran a defender el sufragio universal y la libertad de coalición. La plataforma adoptada en la conferencia tenía un carácter claramente oportunista. Lenin la evaluó en su artículo «Plataforma de los reformistas y plataforma de los socialdemócratas revolucionarios» (ver Obras Completas, tomo 22, págs. 167—175). El intento de los liquidacionistas de crear su propio partido centrista en Rusia no fue apoyado por los obreros. Los liquidacionistas no pudieron elegir un CC y se limitaron a formalizar un Comité de Organización. El bloque antipartido, creado a partir de elementos heterogéneos, bajo los golpes de los bolcheviques se desintegró de hecho en un año y medio. Sobre la desintegración del bloque de Agosto, ver los artículos de Lenin «La desintegración del bloque "de Agosto"», «Desenmascaramiento de la ficción "de Agosto"», «Sobre la violación de la unidad, encubierta con gritos de unidad» (ibid., tomo 25, págs. 1—4, 27—30, 183—206).*

*3 G. A. Aleksinski — al comienzo de su actividad política, socialdemócrata. En los años de reacción, otzovista, uno de los organizadores del grupo antipartido «Vperiod». Durante la guerra imperialista mundial, socialchovinista.*

*4 A. Y. Finn-Enataevski — socialdemócrata, economista y escritor. De 1903 a 1914 se adhirió a los bolcheviques. Durante la guerra imperialista mundial, defensor de la patria y chovinista. Autor de una serie de trabajos sobre cuestiones de economía, en los que tergiversó la esencia del marxismo.*

*5 S. D. Sazónov — destacado diplomático de la Rusia zarista, exponente de los intereses de los grandes terratenientes y capitalistas. De 1910 a 1916 fue ministro de Asuntos Exteriores. A. I. Guchkov — gran capitalista, organizador y líder del partido octubrista. Durante la guerra imperialista mundial, presidente del Comité Central de la Industria Militar y miembro de la Conferencia Especial para la Defensa. P. N. Miliukov — líder del partido kadete, ideólogo de la burguesía imperialista rusa, historiador y publicista.*

*6 M. Zommer (A. I. Liubimov) — socialdemócrata, participó en el movimiento revolucionario desde 1898. En los años de reacción y de nuevo ascenso revolucionario tendió hacia los liquidacionistas. Durante la Primera Guerra Mundial, defensor de la patria extremo, formó parte del grupo de Plejánov «Unidad». I. Bunakov (I. I. Fundaminski) — uno de los líderes del partido eserista. Durante la guerra imperialista mundial, socialchovinista. En 1918 formó parte de la contrarrevolucionaria «Unión para la Resurrección de Rusia». Emigró a Francia.*

*7 CE (Comité de Organización) — centro dirigente de los mencheviques, creado en 1912 en la conferencia de los liquidacionistas de Agosto. Durante la guerra imperialista mundial mantuvo posiciones de socialchovinismo, justificó la guerra por parte del zarismo, predicó las ideas del nacionalismo y el chovinismo. El CE funcionó hasta las elecciones del CC del partido menchevique en agosto de 1917. Además del CE que actuaba en Rusia, existía el Secretariado en el Extranjero del CE, compuesto por cinco secretarios (P. B. Axelrod, Astrov (I. S. Poves), L. Martov, A. S. Martynov, S. Y. Semkovski), que mantenía una posición cercana al centrismo y, encubriéndose con frases internacionalistas, de hecho apoyaba a los socialchovinistas rusos.*

*8 «Náshe Delo» — mensuario de los mencheviques-liquidacionistas; comenzó a publicarse en enero de 1915 en sustitución de la revista «Nasha Zariá», cerrada en octubre de 1914. «Náshe Delo» era el órgano principal de los socialchovinistas en Rusia. En él colaboraban E. Maevski, P. P. Máslov, A. N. Potrésov, N. Cherevanin y otros. En total salieron 6 números.*

*9 Se refiere al artículo de A. V. Gorski «Sobre la participación en el Comité de la Industria Militar», publicado en el n.° 1 del periódico «Utro» el 14 de agosto de 1915 con la firma «A. Gr.». A. V. Gorski (A. E. Dubois) — menchevique-liquidacionista; colaboró en varios órganos liquidacionistas, fue editor de la revista liquidacionista «Nasha Zariá». Durante la guerra imperialista mundial, socialchovinista. «Utro» — periódico legal menchevique. Se publicó en Petrogrado en agosto de 1915. Salieron 2 números.*

*10 V. I. Jaústov — socialdemócrata, menchevique, de profesión tornero, diputado de la IV Duma de Estado por los obreros de la provincia de Ufá, formó parte de la fracción socialdemócrata. Durante la guerra imperialista mundial, internacionalista. M. I. Skóbelev — desde 1903 participó en el movimiento socialdemócrata en las filas de los mencheviques. En 1906 emigró al extranjero, colaboró en publicaciones mencheviques, formó parte de la redacción de «Pravda» de Trotski. Diputado de la IV Duma de Estado por la curia rusa del Transcáucaso. Durante la guerra imperialista mundial, centrista.*

*11 Louis-Eugène Varlin — revolucionario francés, destacado dirigente de la Comuna de París de 1871; de profesión obrero encuadernador. En 1865 ingresó en la I Internacional, fue uno de los organizadores y dirigentes de sus secciones parisinas. Durante los días de la Comuna de París, miembro de su Consejo (gobierno). Tras la entrada de los versalleses en París, fue arrestado y fusilado sin juicio. Benoît Malon — socialista francés, miembro de la I Internacional, miembro del CC de la Guardia Nacional y de la Comuna de París; tras la represión de la Comuna emigró a Italia, luego a Suiza, donde se adhirió a los anarquistas; uno de los líderes e ideólogos de la corriente oportunista en el movimiento socialista de Francia: el posibilismo.*