La transformación de ciertos individuos de socialdemócratas radicales y marxistas revolucionarios en socialchovinistas es un fenómeno común a todos los países beligerantes. La corriente del chovinismo es tan impetuosa, tormentosa y fuerte que en todas partes arrastra a una serie de socialdemócratas de izquierda sin carácter o que ya han caducado. Parvus, que ya se reveló como un aventurero en la revolución rusa, ha descendido ahora en el periodicucho que edita, *Die Glocke* (*La Campana*){46}, hasta… el último límite. Defiende a los oportunistas alemanes con un aire increíblemente insolente y pagado de sí mismo. Ha quemado todo lo que adoraba; se ha «olvidado» de la lucha entre la corriente revolucionaria y la oportunista y de su historia en la socialdemocracia internacional. Con la desenvoltura de un folletinista seguro de la aprobación de la burguesía, le da palmaditas en la espalda a Marx, «corrigiéndolo» sin la menor sombra de crítica concienzuda y atenta. Y a un tal Engels lo trata directamente con desprecio. Defiende a los pacifistas e internacionalistas en Inglaterra, a los nacionalistas y patrioteros en Alemania. Insulta llamando chovinistas y lacayos de la burguesía a los socialpatriotas ingleses, mientras ensalza a los alemanes llamándolos socialdemócratas revolucionarios y cubriéndose de besos con Lensch, Haenisch, Grunwald. Le lame las botas a Hindenburg, asegurando a los lectores que «el Estado Mayor alemán se ha pronunciado a favor de la revolución en Rusia», e imprimiendo himnos serviles a esa «encarnación del alma popular alemana», a su «poderoso sentimiento revolucionario». Promete a Alemania un tránsito indoloro al socialismo mediante una alianza de los conservadores con una parte de los socialistas y mediante las «cartillas de pan». Como pequeño cobarde, aprueba a medias con condescendencia la Conferencia de Zimmerwald, fingiendo no haber advertido en su manifiesto los pasajes dirigidos contra todos los matices del socialchovinismo, desde el de Parvus y Plejánov hasta el de Kolb y los kautskianos.

En los seis números de su periodicucho no hay ni un solo pensamiento honesto, ni un solo argumento serio, ni un solo artículo sincero. ¡Es una cloaca total del chovinismo alemán, encubierta con un letrero pintarrajeado con desparpajo: en nombre, supuestamente, de los intereses de la revolución rusa! Es de lo más natural que esta cloaca sea elogiada por los oportunistas: Kolb y el periódico de Chemnitz *Volksstimme*{47}.

El señor Parvus tiene una frente tan dura que declara públicamente su «misión» de «servir de eslabón ideológico entre el proletariado armado alemán y el proletariado revolucionario ruso». Basta exponer esta frase bufa a la burla de los obreros rusos. Si *Prizyv* de los señores Plejánov, Bunakov y Cía. se ha ganado plenamente la aprobación de los chovinistas y de Jvostov en Rusia, *La Campana* del señor Parvus es el órgano del renegadismo y del lacayismo sucio en Alemania.

No se puede dejar de señalar a este respecto otro aspecto útil de la guerra actual. Esta no solo mata «con cañón de tiro rápido» al oportunismo y al anarquismo, sino que también desenmascara magníficamente a los aventureros y a los tránsfugas del socialismo. Para el proletariado es sumamente ventajoso que esta depuración preliminar de su movimiento la esté comenzando la historia en vísperas de la revolución socialista y no en el curso mismo de ella.

*Sotsial-Demokrat* núm. 48, 20 de noviembre de 1915.

Se publica según el texto del periódico *Sotsial-Demokrat*.