...de los capitalistas de un país aislado, sino que todo el desarrollo de las relaciones burguesas condujo al imperialismo y a la presente guerra imperialista. Del mismo modo, no es una casualidad ni el resultado de demagogia o agitación alguna, sino las condiciones objetivas de la crisis creada por la guerra y de la agudización de las contradicciones de clase, las que engendran ahora en una serie de países beligerantes huelgas, manifestaciones y otras manifestaciones de la lucha revolucionaria de masas.

La cuestión está planteada objetivamente así y solo así: ¿ayudar a esta efervescencia y movimiento de las masas, aún débil, pero interiormente poderoso, profundo y capaz de desarrollarse hacia la revolución socialista, o seguir una política de ayuda a los gobiernos burgueses (Durchhaltspolitik, politique jusqu’au-boutiste)?* El significado real de los discursos melosos sobre la paz democrática consiste exclusivamente en la ayuda a los gobiernos mediante el hipócrita aturdimiento y embrutecimiento de las masas.

4.
Pero carece de sentido admitir la posibilidad de una solución reformista de las cuestiones fundamentales del imperialismo, planteadas objetivamente por la guerra actual, que solo pueden ser resueltas por la vía violenta [a consecuencia de la situación de crisis que atraviesa el capitalismo] sobre la base de las relaciones capitalistas. Los buenos deseos de una paz «democrática» que ponga fin a la guerra actual manteniendo {conservando} las relaciones burguesas, se reducen a ese engaño burgués al pueblo, al encubrimiento hipócrita con frases reformistas mentirosas de los intereses reales y de la política real de los capitalistas, quienes de hecho ya están preparando ahora, con su política explotadora, anexionista y reaccionaria, las condiciones de una paz que consolide precisamente esa política.

5.
Las frases sobre la paz democrática son, en esencia, un intento de resucitar la teoría, ya suficientemente quebrada, del ataque deshonesto y la defensa honesta en la guerra actual, o un intento de continuar por otros medios el mismo engaño burgués al pueblo que se llevaba a cabo mediante esa teoría.

6.
Existen situaciones en las que la historia coloca en el orden del día pequeñas transformaciones que pueden ser realizadas por la vía reformista. Pero existen también situaciones en las que las grandes crisis mundiales solo pueden resolverse de manera revolucionaria, y en las que los piadosos deseos de una solución pacífica y reformista de las cuestiones planteadas en el orden del día desempeñan —objetivamente— el papel de un simple engaño al pueblo y de distracción del proletariado de la lucha revolucionaria. Tal es precisamente la situación que atraviesa ahora Europa.

7.
Si la guerra actual es la continuación de la política imperialista de la burguesía y de las clases dominantes de las «grandes» potencias beligerantes, entonces, por otro lado, también durante la guerra continúa y se desarrolla no otra política cualquiera, sino precisamente la política imperialista (saqueo colonial, anexión de los pueblos débiles, violación de sus derechos, intensificación de la opresión nacional y de la reacción dentro del país, etc.).

8.
Cuando se dice que la influencia de la socialdemocracia, su propaganda democrática y socialista son capaces de acelerar el fin de la guerra y aumentar la posibilidad de una paz democrática, en semejantes fórmulas se unifica y mezcla precisamente lo que más necesario es separar para una verdadera educación socialista de las masas, a saber: el reformismo, que solo de palabra reconoce la lucha revolucionaria, y el apoyo real a las acciones revolucionarias de masas que ya están comenzando ahora.

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El proyecto de llamamiento a la I.S.K. fue escrito en los primeros días de enero de 1917, cuando en las filas del partido socialdemócrata suizo la discusión sobre la cuestión de la guerra, que precedió al congreso previsto para el 11 de febrero de 1917, continuaba aún en pleno apogeo, y la posición traidora del centro no había sido desenmascarada aún con suficiente claridad. El 7 de enero, la dirección del partido, a propuesta de R. Grimm, adoptó la conocida decisión de aplazar el congreso. A partir de ese mismo momento comenzó una serie de intervenciones de los centristas suizos en bloque con los derechistas. Este acercamiento del centro a los derechistas está vinculado a los sentimientos e ilusiones pacifistas que surgieron en el período de las propuestas de paz presentadas por una serie de gobiernos burgueses. Después del viraje de R. Grimm, Lenin introdujo una serie de modificaciones en el proyecto, entre ellas la indicación del caso del 7 de enero. Luego, al parecer, decidió posponer por completo la variante del proyecto que se publica a continuación: esto se deduce de la anotación hecha por su mano en el ángulo superior izquierdo de la primera página del manuscrito: «(escrito antes del 7. I. 1917 y por eso en parte está anticuado)».

## BORRADOR DE PROYECTO DE TESIS DE LLAMAMIENTO A LA I. S. K. Y A TODOS LOS PARTIDOS SOCIALISTAS
(para enviar a la I. S. K. y para la imprenta)
[Hasta el 7 de enero de 1917. Zúrich.]

1. Con el viraje de la política mundial de la guerra imperialista a la intervención abierta de una serie de gobiernos burgueses en pro de una paz imperialista coincide ahora un viraje en el desarrollo del socialismo mundial.

2. El primer viraje provoca un torrente de frases, promesas y ofertas pacifistas, bondadosas y sentimentales, con las que la burguesía imperialista y los gobiernos imperialistas se esfuerzan por embrutecer a los pueblos y llevarlos «pacíficamente» a un estado de sumisa liquidación de la guerra de rapiña, desarmar pacíficamente a millones de proletarios, encubrir con semiconcesiones los preparativos de pactos sobre el reparto de colonias y la asfixia financiera (y, llegado el caso, también política) de las naciones débiles: pactos que constituyen el contenido de la futura paz imperialista y la continuación directa de los tratados secretos de saqueo existentes ahora, especialmente los concertados durante la guerra entre todas las potencias de ambas coaliciones imperialistas beligerantes.

*3. El segundo viraje consiste en la «reconciliación» de los socialchovinistas, que han traicionado al socialismo y se han pasado al lado del nacionalismo burgués o del imperialismo, como corriente, con el ala derecha de los zimmerwaldianos, representada por Kautsky y Cía. en Alemania, Turati y Cía. en Italia, Longuet-Pressemane-Merrheim en Francia, etc. Uniéndose sobre frases pacifistas vacías, que no dicen nada ni comprometen a nada, que de hecho encubren la política imperialista y la paz imperialista, embelleciéndolas en lugar de desenmascararlas, estas dos corrientes dan un paso decisivo hacia el mayor engaño a los obreros, hacia el fortalecimiento del dominio en el movimiento obrero de la política obrera burguesa encubierta con frases socialistas, de esos líderes y de esas capas privilegiadas de la clase obrera que ayudaron a los gobiernos y a la burguesía a librar la guerra imperialista de saqueo, llamando a esto «defensa de la patria».

4. La política socialpacifista o la política de la frase socialpacifista, que ha alcanzado ahora el predominio en los partidos socialistas de los principales países de Europa (véase la intervención de Kautsky con cinco artículos pacifistas en la prensa socialdemócrata alemana¹ y la simultánea declaración de los líderes del socialimperialismo en el Chemnitzer Volksstimme sobre su plena disposición a la paz y a la unidad con los kautskyanos sobre la base de frases pacifistas; el manifiesto pacifista de la oposición kautskyana alemana del 7. I. 1917;*³ la votación de los longuetistas y Renaudel con Cía., conjuntamente en el congreso del partido socialista en Francia;⁴ Jouhaux y Merrheim, así como Bourderon, en el congreso de la Confédération Générale du Travail a favor de resoluciones compuestas de frases pacifistas que engañan al pueblo;⁵ la intervención pacifista del mismo género de Turati el 17. XII. 1916 y la defensa de su posición por todo el partido socialista italiano);⁶ —esta política, en todas las condiciones posibles de la paz que preparan los actuales gobiernos burgueses de ambas coaliciones imperialistas, significa la transformación de las organizaciones socialistas y sindicalistas (Jouhaux y Merrheim) en instrumento de las intrigas gubernamentales y de la diplomacia imperialista secreta.

5. Las posibles condiciones de la paz que ahora preparan los gobiernos burgueses de ambas coaliciones imperialistas están determinadas de hecho por aquellos cambios en la correlación de fuerzas que la guerra ha producido y puede producir. Estos cambios, en sus rasgos fundamentales y principales, son los siguientes:

(a) La coalición imperialista alemana ha resultado hasta ahora mucho más fuerte que su rival, y las tierras ocupadas por las tropas alemanas y aliadas son en sus manos una prenda para un nuevo reparto imperialista del mundo (colonias, países débiles, esferas de influencia del capital financiero, etc.), que solo será formalmente consagrado por la paz;

(b) La coalición imperialista inglesa espera mejorar su situación militar en primavera; pero

(c) el agotamiento provocado por la guerra, y sobre todo la dificultad para la oligarquía financiera de saquear a los pueblos aún más de lo ya hecho mediante las inauditas «ganancias de guerra», suscita, en relación con el temor [la aprensión] a la revolución proletaria, las aspiraciones de algunos círculos burgueses de terminar la guerra cuanto antes mediante un pacto entre ambos grupos de bandidos imperialistas;

(d) en la política mundial se observa un viraje de la coalición anglo-rusa contra Alemania hacia una coalición (de carácter igualmente imperialista) germano-rusa contra Inglaterra, coalición basada en que el zarismo no está en condiciones de conquistar Constantinopla, prometida por los tratados secretos con Francia, Inglaterra, Italia, etc., y aspira a resarcirse de las pérdidas con el reparto de Galitzia, Armenia y tal vez Rumania, etc., así como con la alianza con Alemania para el saqueo de Asia contra Inglaterra;

(e) otro viraje importante en la política mundial consiste en el gigantesco enriquecimiento, a costa de Europa, del capital financiero de los Estados Unidos de América, que ha incrementado en el último tiempo sus armamentos (al igual que el imperialismo japonés, aunque mucho más débil) en proporciones inauditas y que está muy contento de desviar la atención de «sus» obreros de esos armamentos mediante frases pacifistas baratas respecto a... ¡Europa!

6. Esta situación política objetiva, esta realidad imperialista, la burguesía, temiendo la revolución proletaria, se ve obligada a tratar por todos los medios de encubrir y embellecer, de desviar de ella la atención de los obreros, de embrutecerlos, y el mejor medio son las frases que no comprometen a nada, las frases hipócritas, habituales en la diplomacia completamente envilecida, sobre la paz «democrática», la libertad de los pueblos pequeños «en general», la «limitación de armamentos», etc. Tal embrutecimiento de los pueblos es tanto más fácilmente realizado por la burguesía imperialista cuanto que, hablando, por ejemplo, de «paz sin anexiones», toda burguesía tiene en vista las anexiones de su rival y «modestamente calla» sobre las anexiones ya realizadas por ella misma. Los alemanes «olvidan» que su anexión de facto es no solo Constantinopla, Belgrado, Bucarest, Bruselas, sino también Alsacia-Lorena, parte de Schleswig, la Polonia prusiana, etc. El zarismo y sus lacayos, los burgueses imperialistas de Rusia (Plejánov y Potrésov y Cía. incluidos, es decir, la mayoría del partido O.K. en Rusia) «olvidan» que anexión de Rusia es no solo Erzerum y parte de Galitzia, sino también Finlandia, Ucrania, etc. Los burgueses franceses «olvidan» que, junto con los ingleses, saquearon las colonias de Alemania. Los burgueses italianos «olvidan» que saquean Trípoli, Dalmacia, Albania, etc., sin fin.

7. Dado tal estado objetivo de las cosas, es tarea evidente e incondicional de toda política socialista sincera, de toda política proletaria honesta (por no hablar ya de una política conscientemente marxista) la puesta al desnudo consecuente, sistemática, audaz, sin reservas, de la hipocresía pacifista y democrática de su propio gobierno y de su propia burguesía. Sin esto, todas las frases sobre el socialismo, el sindicalismo, el internacionalismo son un engaño continuo al pueblo, pues desenmascarar las anexiones de sus rivales imperialistas (ya se llame directamente a estos últimos o solo se les sobreentienda tácitamente, mediante frases contra las anexiones «en general», etc., y mediante procedimientos diplomáticos de ocultación de los propios pensamientos) constituye el interés directo y el negocio directo de todos los periodistas venales, de todos los imperialistas, incluidos los disfrazados de socialistas, como son Scheidemann y Cía., Sembat y Cía., Plejánov y Cía., etc.

8. Esta obligación directa suya no la han comprendido en absoluto Turati y Cía., Kautsky y Cía., Longuet y Merrheim y Cía., que representan a toda una corriente en el socialismo internacional y que de hecho, objetivamente —cualesquiera que sean sus virtuosísimas intenciones—, simplemente ayudan a cada cual a «su» burguesía imperialista a embrutecer a los pueblos, a embellecer [sus] sus fines imperialistas. Estos socialpacifistas, es decir, socialistas de palabra, portadores de la hipocresía burgués-pacifista en los hechos, desempeñan hoy exactamente el mismo papel que durante siglos desempeñaron los curas cristianos, embelleciendo con frases sobre el amor al prójimo y los mandamientos de Cristo la política de las clases opresoras, de los esclavistas, de los señores feudales, de los capitalistas, reconciliando a las clases oprimidas con su dominación.

9. La política que no engaña a los obreros, sino que les abre los ojos, debe consistir en lo siguiente:

(a) El socialista de cada país debe precisamente ahora, cuando en el orden del día se ha planteado la cuestión de la paz, desenmascarar con más energía que en general, infaliblemente a su propio gobierno y a su propia burguesía, desenmascarar los tratados secretos concertados y que conciertan con sus aliados imperialistas sobre el reparto de las colonias, sobre la división de las esferas de influencia, sobre las empresas financieras conjuntas en otros países, sobre la compra de acciones, sobre los monopolios, las concesiones, etc.

Pues en esto, y solo en esto, consiste la base real, efectiva, no mentirosa, la esencia de la paz imperialista que se prepara; todo lo demás es engaño al pueblo. No está por la paz democrática, sin anexiones, etc., quien jura y perjura repitiendo estas palabras, sino quien de hecho desenmascara precisamente a su burguesía, que con sus actos destruye estos grandes principios del verdadero socialismo y de la verdadera democracia.

Pues todo parlamentario, redactor, secretario de sindicato obrero, periodista, figura pública siempre puede reunir el material ocultado por el gobierno y los financieros, que contiene la verdad sobre las bases reales de los pactos imperialistas, y el incumplimiento de este deber por los socialistas constituye una traición por su parte al socialismo. No cabe duda de que ningún gobierno permitirá imprimir libremente revelaciones sobre su política real, sus tratados, sus negocios financieros, precisamente ahora, etc. Esto no es un argumento para renunciar a las revelaciones. Es un argumento para la necesidad de pasar del servil sometimiento a la censura a la edición libre, es decir, sin censura, es decir, ilegal.

Pues el socialista de otro país no puede desenmascarar al gobierno y a la burguesía del Estado que está en guerra con «su» nación, no solo por el desconocimiento del idioma, la historia, las particularidades del pueblo, etc., sino también porque semejante desenmascaramiento sería una intriga imperialista y no un deber internacionalista.

No es internacionalista quien jura y perjura que lo es, sino solo aquel que efectivamente, de manera internacionalista, lucha contra su propia burguesía, contra sus propios socialchovinistas, contra sus propios kautskyanos.

(b) El socialista de cada país debe subrayar sobre todo ahora, en su agitación, la necesidad de una desconfianza completa no solo hacia cada frase política de su propio gobierno, sino también hacia cada frase política de sus socialchovinistas, que de hecho sirven a este gobierno.

(c) El socialista de cada país debe explicar sobre todo a las masas la verdad indiscutible de que una paz verdaderamente sólida, verdaderamente democrática (sin anexiones, etc.) puede ser concertada ahora solo a condición de que la concierten no los actuales gobiernos burgueses ni en general gobiernos burgueses, sino gobiernos proletarios, que hayan derrocado la dominación de la burguesía y procedido a su expropiación.

La guerra ha demostrado de manera particularmente evidente y además práctica aquella verdad que antes de la guerra era repetida por todos los líderes del socialismo, hoy pasados a la burguesía, a saber, que la sociedad capitalista contemporánea, sobre todo (al menos) en los países adelantados, ha madurado plenamente para la transición al socialismo. Si en interés de la tensión de las fuerzas del pueblo para una guerra de rapiña hubo que, por ejemplo en Alemania, dirigir toda la vida económica de un pueblo de 66 millones desde un único organismo central en interés de un centenar o dos de magnates financieros o de hidalgüelos, la monarquía y Cía., esta misma cosa, en interés de las 9/10 partes de la población, pueden hacerla perfectamente las masas desposeídas, si es que dirigen su lucha los obreros conscientes, liberándose de la influencia de los socialimperialistas y de los socialpacifistas.

Toda agitación por el socialismo debe ser transformada de abstracta y general en concreta e inmediatamente práctica: ¡Hagan lo mismo que hace Wumba* en Alemania, expropiando a los bancos, apoyándose en la masa y en su interés!

(d) El socialista de cada país debe explicar a las masas la verdad indiscutible de que, si se toman las palabras sobre la «paz democrática» en serio, con sinceridad y honestidad, y no se las emplea como la cristiana y mentirosa frase que encubre la paz imperialista, entonces los obreros [deben] ahora mismo, de hecho, podrían realizar de verdad dicha paz solo de un modo, a saber: volviendo las armas contra su propio gobierno (es decir, cumpliendo el consejo de Karl Liebknecht, condenado por ello a trabajos forzados y que dijo en otras palabras lo que nuestro partido en su manifiesto del 1.XI.1914 llamó la transformación de la guerra imperialista en guerra civil del proletariado contra la burguesía por el socialismo).

Cuando el Manifiesto de Basilea del 24.XI.1912, suscrito por todos los partidos socialistas y que tenía en vista precisamente la misma guerra que luego estalló, amenazaba a los gobiernos con la «revolución proletaria» precisamente en relación con la guerra venidera, cuando se remitía a la Comuna de París, decía una verdad de la que ahora reniegan cobardemente los traidores al socialismo. Pues si los obreros parisinos en 1871 pudieron utilizar el magnífico armamento puesto en sus manos por Napoleón III con sus fines cesaristas para hacer el intento, heroico y venerado por los socialistas de todo el mundo, de derrocar a la burguesía y conquistar el poder para implantar el socialismo, — mil veces más realizable, posible y prometedora de esperanzas de éxito sería una tentativa semejante ahora, cuando un número mucho mayor de obreros más organizados y más conscientes de varios países tienen en sus manos un armamento mucho mejor y cuando las masas son esclarecidas y revolucionarizadas cada día por la marcha de la guerra. Y el principal obstáculo para el comienzo de una propaganda y agitación sistemáticas en este espíritu en todos los países no es en absoluto el «cansancio de las masas», al que se remiten mentirosamente los Scheidemann más Kautsky y Cía. —las «masas» no se han cansado aún de disparar y dispararán todavía en primavera en mayores proporciones, si sus enemigos de clase no se ponen de acuerdo sobre el reparto de Turquía, Rumania, Armenia, África, etc.—, el principal obstáculo es la confianza de una parte de los obreros conscientes hacia los socialimperialistas y los socialpacifistas, y la destrucción de la confianza en estas corrientes, ideas y tipos de política debe convertirse en la tarea principal del día.

Hasta qué punto es realizable desde el punto de vista del estado de ánimo de las más amplias masas una tentativa semejante, solo puede demostrarlo el inicio más decidido, universal y enérgico de una agitación y propaganda de ese tipo, el apoyo más sincero y abnegado a todas las manifestaciones revolucionarias del creciente encono de las masas, a esas huelgas y manifestaciones que obligan a los representantes de la burguesía en Rusia a reconocer abiertamente que la revolución avanza, y que obligaron a Helfferich a decir en el Reichstag: «mejor tener en la cárcel a los socialdemócratas de izquierda que recibir (ver) cadáveres en la Potsdamer Platz», es decir, a reconocer que la agitación de la izquierda tiene base en las masas.

En todo caso, la alternativa que los socialistas deben plantear claramente ante las masas es la siguiente: o seguir matándose unos a otros en aras de las ganancias de los capitalistas, soportando la carestía, el hambre y el yugo de las deudas millonarias y la comedia de una tregua imperialista encubierta con promesas democráticas y reformistas, o la insurrección contra la burguesía.

El partido revolucionario que abiertamente, ante el mundo entero, amenazó a los gobiernos con la «revolución proletaria» en caso de que estallara precisamente la guerra que estalló, este partido se suicida moralmente si no da a los obreros y a las masas el consejo de dirigir todos sus pensamientos y todos sus esfuerzos a la insurrección, cuando las masas están magníficamente armadas, soberanamente instruidas en el arte militar y atormentadas por la conciencia de lo absurdo y criminal de la carnicería imperialista a la que hasta ahora prestan ayuda.

(e) Los socialistas deben colocar en el primer plano de su trabajo la lucha contra el reformismo, que siempre corrompió al movimiento obrero revolucionario con ideas burguesas y que ahora ha adoptado una forma algo particular. A saber: ¡se «apoya» en las reformas que la burguesía deberá implantar después de la guerra! Plantea la cuestión como si, al predicar, propagandizar y preparar la revolución socialista del proletariado, «perdiéramos de vista» lo «práctico», «desperdiciáramos» las posibilidades de reformas.

Todo este planteamiento de la cuestión, habitual tanto entre los socialchovinistas como entre los partidarios de Kautsky, que pudo calificar de «aventura» las manifestaciones callejeras, es radicalmente anticientífico, falso, burguésmente mentiroso.

Durante la guerra, el capitalismo mundial dio un paso adelante no solo hacia la concentración en general, sino también hacia el tránsito, de los monopolios en general al capitalismo de Estado, en dimensiones aún más amplias que antes. Las reformas económicas en este sentido son inevitables.

En el terreno de la política, la guerra imperialista demostró que, precisamente desde el punto de vista de los imperialistas, a veces es mucho más ventajoso tener como aliada a una nación pequeña, políticamente independiente [autónoma] y financieramente dependiente, que arriesgarse a «incidentes» irlandeses o checos (es decir, insurrecciones o el pase de regimientos enteros al lado del enemigo) durante la guerra. Es muy posible, por lo tanto, que junto a la política de sojuzgamiento directo de las naciones pequeñas, a la que el imperialismo jamás podrá renunciar por completo, lleve a cabo en casos aislados una política de unión «voluntaria» (es decir, provocada solo por el sojuzgamiento financiero) con nuevos pequeños Estados nacionales o con engendros de Estados, como Polonia.

De aquí no se desprende en modo alguno que los socialdemócratas, sin traicionarse a sí mismos, puedan «votar» por semejantes «reformas» de los imperialistas o sumarse a ellas.

Solo los reformistas burgueses, a cuya posición en esencia se han pasado Kautsky, Turati, Merrheim, plantean la cuestión así: o el renunciamiento a la revolución y entonces reformas, o ninguna reforma.

Toda la experiencia de la historia mundial, así como la experiencia de la revolución rusa de 1905, nos enseña lo contrario: o lucha revolucionaria de clase, cuyo subproducto siempre son las reformas (en caso de éxito incompleto de la revolución), o ninguna reforma.

Pues la única fuerza real que obliga a hacer cambios es únicamente la energía revolucionaria de las masas, y no una energía que se quede solo en el papel, como ocurrió con la II Internacional, sino una que conduzca a la propaganda, agitación y organización revolucionaria de las masas en todos los terrenos por los propios partidos, que marchan a la cabeza y no a la zaga de la revolución.

Solo proclamando abiertamente la revolución, expulsando de los partidos obreros a todos los adversarios o «escépticos» tolerantes de ella, solo haciendo todo el trabajo de los partidos de manera revolucionaria, la socialdemocracia puede, en épocas «críticas» de la historia mundial como la actual, garantizar a las masas o el éxito completo de su causa, en caso de que la revolución sea apoyada por masas muy amplias, o bien reformas, es decir, concesiones de la burguesía, en caso de éxito incompleto de la revolución.

De lo contrario, con la política de los Scheidemann y los Kautsky, no hay garantía alguna de que las reformas no sean reducidas a cero o implantadas con tales restricciones policíaco-reaccionarias que excluyan la posibilidad de que el proletariado se apoye más tarde en ellas para su lucha repetida por la revolución.

(f) Los socialistas deben tomar seriamente en cumplimiento la consigna de Karl Liebknecht. La simpatía de las masas hacia este nombre es una de las garantías de la posibilidad y la seriedad del trabajo revolucionario. La actitud de Scheidemann y Cía., de Kautsky y Cía. hacia este nombre es un modelo de hipocresía que de palabra hace reverencias a «los Liebknecht de todos los países» y de hecho combate la táctica de Liebknecht.

Liebknecht rompió no solo con los Scheidemann (los Renaudel, los Plejánov, los Bissolati), sino también con la corriente de Kautsky (Longuet, Axelrod, Turati).

Liebknecht proclamó ya en su carta al Parteivorstand del 2 de diciembre de 1914:⁷ «Ich habe erklärt, dass die deutsche Partei, nach meiner innersten Ueberzeugung, von der Haut bis zum Mark regeneriert werden muss, wenn sie das Recht nicht verwirken will, sich sozialdemokratisch zu nennen, wenn sie sich die jetzt gründlich verscherzte Achtung der Welt wiedererwerben will» («Klassenkampf gegen den Krieg». Material zum Fall Liebknecht. Seite 22). (Geheim gedruckt in Deutschland: «Als Manuskript gedruckt»).*⁸

Todos los partidos deben hacer suya esta consigna de Liebknecht, y sería ridículo, por supuesto, pensar en la posibilidad de cumplir esta consigna sin excluir del partido a los Scheidemann, Legien, Renaudel, Sembat, Plejánov, Vandervelde y Cía., o sin romper con la política de concesiones a la corriente de Kautsky, Turati, Longuet-Merrheim.

10. Proponemos, por lo tanto, la convocatoria de una conferencia de los zimmerwaldianos y presentamos las siguientes proposiciones a esta conferencia:

(1) Rechazar de manera resuelta, sin reservas, como reformismo burgués (sobre la base de las tesis arriba expuestas) el pacifismo socialista de la corriente determinada de Longuet-Merrheim, Kautsky, Turati, etc., que ya fue rechazado en principio en Kienthal y debe ser rechazado en su defensa concreta por los citados representantes de las corrientes.

(2) Declarar una ruptura igualmente resuelta con el socialchovinismo, también en el aspecto organizativo.

(3) Señalar a la clase obrera sus tareas revolucionarias inmediatas e impostergables, precisamente en relación con el agotamiento de la paciencia de las masas por la guerra y la mentira de las frases pacifistas de bello espíritu de la burguesía.

(4) [Discutir la discordancia (palabra débil)] Reconocer abiertamente y condenar la completa ruptura con todo el espíritu y todas las decisiones de Zimmerwald y Kienthal, tanto por parte de la política del partido socialista italiano, que ha emprendido precisamente el camino del pacifismo, como por parte de la política del partido socialdemócrata suizo, que votó la admisibilidad de los impuestos indirectos en Zúrich el 4.XI.1916⁹ [y de la mayoría de los líderes oportunistas de este partido, que por todos los medios aplazan la discusión por los obreros y la decisión de la cuestión de la «defensa de la patria» —mentira burguesa...* en la guerra imperialista], que llevó a cabo el 7.I.1917, gracias a la alianza del «centrista» R. Grimm con los socialpatriotas Greulich, H. Müller y Cía., el aplazamiento por tiempo indefinido del congreso extraordinario del partido, fijado para el 11.II.1917 para discutir la cuestión de la guerra, y que tolera ahora en silencio el ultimátum directo de esos mismos líderes socialpatriotas, que amenazan abiertamente con renunciar a sus mandatos si el partido rechaza la defensa de la patria.**¹⁰

La triste experiencia de la II Internacional ha mostrado suficientemente el daño profundo de aquella práctica en que las decisiones revolucionarias, formuladas en términos generales, en frases generales, van acompañadas de hecho de una práctica reformista; en que la proclamación del internacionalismo va acompañada de la renuncia a la discusión conjunta, verdaderamente internacionalista, de las cuestiones fundamentales de la táctica de cada partido por separado, que forma parte de la unión internacional.

Nuestro partido ya antes de Zimmerwald y en la conferencia de Zimmerwald consideró su deber poner en conocimiento de los camaradas nuestra condena irrevocable del pacifismo, de la predicación abstracta de la paz, como engaño burgués (resolución de nuestro partido, distribuida en Zimmerwald en alemán en el folleto «El socialismo y la guerra» y en francés en una hoja con la traducción de las resoluciones). La izquierda zimmerwaldiana, en cuya formación tomamos parte, se organizó por separado en esa misma Zimmerwald precisamente para mostrar que nosotros apoyamos la unión de Zimmerwald en tanto lucha contra el socialchovinismo.

Precisamente ahora se ha puesto de manifiesto de manera definitiva, según nuestra profunda convicción, que la mayoría zimmerwaldiana o la derecha zimmerwaldiana ha girado por completo, no hacia la lucha contra el socialchovinismo, sino hacia la rendición de todas las posiciones, hacia la fusión con él sobre la plataforma de frases pacifistas vacías. Y consideramos nuestro deber declarar abiertamente que el apoyo a las ilusiones sobre la unidad de la mayoría zimmerwaldiana se ha hecho francamente dañino.