Bajo este título se publica en Suiza, desde el 1 de septiembre de 1915, en lengua alemana, el «órgano de combate y propaganda de la Unión Internacional de Organizaciones Socialistas de la Juventud». Han aparecido ya seis números de esta publicación, que es necesario señalar en general y recomendar encarecidamente a la atención de todos los miembros de nuestro partido que tengan posibilidad de estar en contacto con los partidos socialdemócratas y las organizaciones juveniles en el extranjero.

La mayoría de los partidos socialdemócratas oficiales de Europa se sitúan hoy en la posición del más vil y bajo socialchovinismo y oportunismo. Tales son los partidos alemán, francés, fabiano{93} y «laborista»{94} en Inglaterra, el sueco, el holandés (el partido de Troelstra), el danés, el austriaco, etc. En el partido suizo, a pesar de la escisión (para gran bien del movimiento obrero) de los oportunistas extremos hacia la «Unión Grütli» extra partidaria, en el seno mismo del partido socialdemócrata quedan numerosos dirigentes oportunistas, socialchovinistas y de estilo kautskiano, que ejercen una enorme influencia en los asuntos del partido.

En esta situación en Europa, a la unión de organizaciones socialistas de la juventud le corresponde una tarea inmensa, gratificante –aunque por ello también difícil– de lucha por el internacionalismo revolucionario, por el verdadero socialismo contra el oportunismo imperante, que se ha pasado al lado de la burguesía imperialista. En «La Internacional de la Juventud» se han publicado una serie de buenos artículos en defensa del internacionalismo revolucionario, y toda la publicación está impregnada de un excelente espíritu de ardiente odio hacia los traidores al socialismo, que «defienden la patria» en la actual guerra, y del más sincero afán por depurar al movimiento obrero internacional del chovinismo y el oportunismo que lo corroen.

Naturalmente, en el órgano de la juventud no hay todavía claridad y firmeza teóricas, y quizá nunca las haya, precisamente porque es el órgano de una juventud que hierve, bulle y busca. Pero a la falta de claridad teórica de estas personas hay que tratarla de un modo completamente distinto a como tratamos –y debemos tratar– la confusión teórica en las cabezas y la ausencia de consecuencia revolucionaria en los corazones de nuestros «okistas», «socialrevolucionarios», tolstoyanos, anarquistas, kautskianos paneuropeos («centro»), etc. Una cosa son las personas adultas que confunden al proletariado, pretendiendo dirigir y enseñar a otros: contra ellas es necesaria una lucha implacable. Otra cosa son las organizaciones juveniles, que declaran abiertamente que todavía están aprendiendo, que su tarea fundamental es preparar a los trabajadores de los partidos socialistas. A tales personas hay que ayudarlas por todos los medios, tratando sus errores con la mayor paciencia posible, procurando corregirlos de manera gradual y principalmente mediante la persuasión, no mediante la lucha. A menudo ocurre que los representantes de la generación mayor y anciana no saben abordar, como es debido, a la juventud, que por necesidad se ve obligada a acercarse al socialismo de otro modo, por otro camino, en otra forma, en otras circunstancias que sus padres. Por eso, entre otras cosas, debemos defender incondicionalmente la independencia organizativa de la unión de la juventud, no solo porque los oportunistas temen esa independencia, sino también en esencia. Porque sin plena independencia, la juventud no podrá ni forjar de sí buenos socialistas ni prepararse para llevar adelante el socialismo.

¡Por la plena independencia de las uniones juveniles, pero también por la plena libertad de crítica camaraderil de sus errores! No debemos adular a la juventud.

Entre los errores del excelente órgano que hemos mencionado, figuran, en primer término, los tres siguientes:

1) En la cuestión del desarme (o «desarmamentismo») se adopta una posición incorrecta, que criticamos más arriba en un artículo especial[59]. Hay motivos para pensar que el error ha sido causado exclusivamente por el loable afán de subrayar la necesidad de aspirar a la «completa supresión del militarismo» (lo cual es enteramente justo), olvidando el papel de las guerras civiles en la revolución socialista.

2) En la cuestión de la diferencia entre socialistas y anarquistas en su actitud hacia el Estado, en el artículo del camarada Nota-Bene (n.º 6) se ha cometido un error muy grande (como en varias otras cuestiones, por ejemplo, en la argumentación de nuestra lucha contra la consigna de «defensa de la patria»). El autor quiere dar «una idea clara del Estado en general» (junto con la idea del Estado bandidesco imperialista). Cita varias declaraciones de Marx y Engels. Llega, entre otras, a las dos conclusiones siguientes:

a) «… Es totalmente erróneo buscar la diferencia entre socialistas y anarquistas en que los primeros son partidarios del Estado y los segundos enemigos. La diferencia realmente consiste en que la socialdemocracia revolucionaria quiere organizar la nueva producción social como centralizada, es decir, como la técnicamente más progresiva, mientras que la producción anárquica descentralizada significaría solo un paso atrás hacia la vieja técnica, hacia la vieja forma de las empresas». Esto es incorrecto. El autor plantea la cuestión de en qué se diferencia la actitud de los socialistas y los anarquistas hacia el Estado, pero responde no a esta, sino a otra cuestión: en qué se diferencia su actitud hacia la base económica de la sociedad futura. Esta es una cuestión muy importante y necesaria, por supuesto. Pero de ahí no se desprende que se pueda olvidar lo principal en la diferencia de actitud de los socialistas y los anarquistas hacia el Estado. Los socialistas defienden la utilización del Estado actual y de sus instituciones en la lucha por la liberación de la clase obrera, así como la necesidad de utilizar el Estado como una forma de transición particular del capitalismo al socialismo. Esa forma de transición, también un Estado, es la dictadura del proletariado.

Los anarquistas quieren «abolir» el Estado, «hacerlo saltar» («sprengen»), como expresa en un pasaje el camarada Nota-Bene, atribuyendo erróneamente este punto de vista a los socialistas. Los socialistas –el autor ha citado, por desgracia, de manera demasiado incompleta las palabras de Engels al respecto– reconocen la «extinción», el «adormecimiento» gradual del Estado después de la expropiación de la burguesía.

b) «Para la socialdemocracia, que es o por lo menos debe ser la educadora de las masas, ahora más que nunca es necesario subrayar su hostilidad de principio hacia el Estado… La guerra actual ha mostrado cuán profundamente han penetrado las raíces de la estatalidad en el alma de los obreros». Así escribe el camarada Nota-Bene. Para «subrayar» la «hostilidad de principio» hacia el Estado, hay que comprenderla realmente con «claridad», pero en el autor justamente no hay claridad. Y la frase sobre «las raíces de la estatalidad» es completamente confusa, no marxista ni socialista. No fue la «estatalidad» la que chocó con la negación de la estatalidad, sino la política oportunista (es decir, la actitud oportunista, reformista, burguesa hacia el Estado) la que chocó con la política socialdemócrata revolucionaria (es decir, con la actitud socialdemócrata revolucionaria hacia el Estado burgués y hacia la utilización del Estado contra la burguesía para derrocarla). Son cosas completamente, completamente distintas. Esperamos volver a esta cuestión de suma importancia en un artículo especial{95}.

3) En la «declaración de principios de la Unión Internacional de Organizaciones Socialistas de la Juventud», publicada en el n.º 6 como «proyecto del secretariado», hay no pocas imprecisiones aisladas y falta por completo lo principal: una clara contraposición de las tres tendencias fundamentales (socialchovinismo; «centro»; izquierda) que luchan hoy en el socialismo de todo el mundo.

Una vez más: estos errores hay que refutarlos y explicarlos, buscando con todas las fuerzas el contacto y el acercamiento con las organizaciones juveniles, ayudándolas por todos los medios, pero hay que abordarlas con tacto.

Publicado en diciembre de 1916 en la «Recopilación de “El Socialdemócrata”» n.º 2. Firmado: N. Lenin

Se publica según el texto de la «Recopilación»