[Agosto de 1915]

La guerra actual ha sido engendrada por el imperialismo.
El capitalismo ha alcanzado ya su fase superior,
en la que las fuerzas productivas de la sociedad y la magnitud del
capital han rebasado los marcos de los Estados nacionales particulares.
De ahí la tendencia de las grandes potencias a la esclavización
de las naciones extranjeras, a la conquista de colonias como fuentes de
materias primas y campo de inversión de capitales. El mundo entero se convierte en
un organismo económico mundial unitario. [El mundo entero está repartido
entre un puñado de grandes potencias. Las condiciones objetivas previas
del socialismo han madurado completamente. La guerra actual
es una guerra capitalista por privilegios y monopolios que deberían
aplazar el derrumbe del capitalismo.

Puesto que los socialistas luchan por la liberación del trabajo del yugo del
capital y defienden el punto de vista de la hermandad de los
trabajadores de todas las naciones, combaten contra toda opresión
de naciones y contra todos los privilegios nacionales. En la
época en que la burguesía era aún progresista, cuando en el orden del día
de la historia estaban el derrocamiento del absolutismo,
del feudalismo y del yugo extranjero, los socialistas reconocían
en este sentido — y solo en este sentido — la defensa de la patria,
puesto que siempre fueron los demócratas más consecuentes y
decididos. También ahora, si estallara en Europa Oriental o
en las colonias una guerra de las naciones oprimidas contra sus
opresores — las grandes potencias —, los socialistas simpatizarían
plenamente con estas naciones explotadas.

Pero la guerra actual ha sido engendrada por una época histórica completamente
distinta, en la que la burguesía hace ya tiempo que no es progresista,
sino que se ha vuelto directamente reaccionaria. Por parte de ambos grupos
de potencias beligerantes, esta guerra es una guerra de
amos de esclavos por la conservación y consolidación de la esclavitud:
es decir, por un nuevo reparto de las colonias,
por el «derecho» a oprimir a otras naciones, por los privilegios del capital
de las grandes potencias, por la perpetuación de la esclavitud asalariada mediante la división
de los trabajadores de diferentes países y la opresión de los
trabajadores con los medios más reaccionarios. Por eso, las frases
sobre la defensa de la patria por parte de ambos grupos
beligerantes no son más que un engaño al pueblo por la burguesía. Ni
la victoria de una de las dos coaliciones, ni el retorno al
status quo pueden impedir ni la libertad de la mayoría de las naciones
frente a la opresión imperialista por un puñado de grandes
potencias, ni garantizar a la clase obrera sus actuales y modestas
conquistas culturales. La época del capitalismo relativamente pacífico ha pasado para siempre. El
imperialismo trae a la clase obrera un agravamiento inaudito de la
lucha de clases, de la miseria, del desempleo, de la carestía, de la
presión de los trusts, del militarismo, de la reacción política, que
se agudiza incluso en los países más libres.

El verdadero significado de la consigna de la defensa de la patria
es la defensa del «derecho» de la burguesía nacional «propia» a la opresión de naciones extranjeras, es una política obrera nacional-liberal,
es una alianza de una parte ínfima de los trabajadores
privilegiados con su burguesía nacional contra la masa del
proletariado. Los socialistas que practican tal política
son, de hecho, chovinistas, socialchovinistas. La política
de conceder créditos, de entrar en los ministerios, de la «paz civil»
etc., es una traición al socialismo. El oportunismo,
engendrado por las condiciones de toda la época «pacífica» pasada,
ha madurado ahora hasta la ruptura completa con el socialismo,
hasta convertirse en enemigo directo de la lucha de liberación del proletariado.

La clase obrera no puede alcanzar sus objetivos histórico-mundiales
sin una lucha implacable tanto contra el oportunismo y el socialpatriotismo abiertos
(la mayoría de los partidos socialdemócratas de Francia, Alemania, Austria,
Hyndman, los fabianos y los tradeunionistas en Inglaterra,
Rubanóvich, Plejánov y «Nasha Zariá» en Rusia, etc.), como contra el llamado
«centro», que entregó el marxismo al
oportunismo.

El Manifiesto de Basilea de 1912, aprobado unánimemente por los socialistas de todos
los países en el momento en que se preveía precisamente una guerra
como la que ha estallado ahora, reconoció de manera totalmente
determinada su carácter imperialista y reaccionario y declaró
que el congreso considera un crimen que los trabajadores de una
nación disparen contra los trabajadores de otra nación; el congreso
proclamó el advenimiento de la revolución proletaria precisamente en
conexión con esta guerra. Y, de hecho, esta guerra crea
una situación revolucionaria, engendra un estado de ánimo
revolucionario y fermento en las masas, y en todas partes, en la parte
mejor del proletariado, suscita (despierta) la conciencia de la nocividad del
oportunismo y agudiza la lucha contra el mismo. La exigencia de paz que crece en las masas trabajadoras
expresa el desengaño de las masas, el derrumbe de la
mentira burguesa sobre la defensa de la patria, el comienzo de la
clarificación de la conciencia revolucionaria de las masas. Al utilizar
este estado de ánimo para la agitación revolucionaria, sin tener en cuenta
una posible derrota de la «propia» patria, los socialistas no engañarán
a los pueblos con la esperanza en la posibilidad de una paz,
más o menos duradera, democrática, que excluya la opresión de las naciones,
y de un desarme sin el derrocamiento revolucionario de los
gobiernos actuales. Solo la revolución social del proletariado abre
el camino a la paz y a la libertad de las naciones.

La guerra imperialista inaugura la era de la revolución social.
Todas las condiciones objetivas de la época moderna ponen
en el orden del día la lucha revolucionaria de masas del proletariado.
La tarea de los socialistas es, sin renunciar a ningún medio legal
de lucha, subordinar todos estos medios a la
tarea principal: desarrollar la conciencia revolucionaria de los trabajadores,
reunirlos en la lucha revolucionaria internacional,
fomentar toda acción revolucionaria, tender a la
transformación de la guerra imperialista en guerra civil,
en guerra contra los opresores, con el objetivo de la expropiación
de la clase capitalista, de la conquista del poder político por el
proletariado, de la realización del socialismo.