La guerra moderna ha sido engendrada por el imperialismo. El capitalismo ha alcanzado esta fase superior. Las fuerzas productivas de la sociedad y las dimensiones del capital han desbordado los estrechos marcos de los Estados nacionales aislados. De aquí la tendencia de las grandes potencias a sojuzgar a las naciones ajenas, a apoderarse de las colonias como fuentes de materias primas y lugares de exportación de capital. El mundo entero se funde en un solo organismo económico, el mundo entero está repartido entre un puñado de grandes potencias. Las condiciones objetivas del socialismo han madurado por completo, y la guerra actual es una guerra de capitalistas por privilegios y monopolios que puedan aplazar el hundimiento del capitalismo.

Luchando por la liberación del trabajo del yugo del capital, defendiendo la fraternidad mundial de los obreros, los socialistas combaten toda opresión y desigualdad de derechos de las naciones. En la época en que la burguesía era progresista, en que el orden del día histórico era el derrocamiento del feudalismo, del absolutismo, de la opresión nacional extranjera, los socialistas, siendo siempre los demócratas más consecuentes y más resueltos, reconocían en este sentido, y solo en este sentido, la «defensa de la patria». En la actualidad, si surgiera una guerra de las naciones oprimidas contra sus opresores, las grandes potencias, en el Este de Europa o en las colonias, la simpatía de los socialistas estaría de lleno al lado de los oprimidos.

Pero la guerra actual ha sido engendrada por una época histórica completamente distinta, en la que la burguesía, de progresista, se ha convertido en reaccionaria. Por parte de ambos grupos de potencias beligerantes, esta guerra es una guerra de esclavistas por conservar y fortalecer la esclavitud: por el reparto de las colonias, por el «derecho» a oprimir a las naciones ajenas, por los privilegios y los monopolios del capital de las grandes potencias, por perpetuación de la esclavitud asalariada mediante la escisión de los obreros de los distintos países y su aplastamiento reaccionario. Por eso, los discursos sobre la «defensa de la patria» por parte de ambos grupos beligerantes son un engaño al pueblo por parte de la burguesía. Ni la victoria de cualquiera de los grupos, ni la vuelta al statu quo[38] pueden salvaguardar la libertad de la mayoría de las naciones del mundo frente a su opresión imperialista por un puñado de grandes potencias, ni asegurar a la clase obrera siquiera sus modestas conquistas culturales actuales. La época de capitalismo relativamente pacífico ha pasado para siempre. El imperialismo trae a la clase obrera un recrudecimiento nunca visto de la lucha de clases, de la miseria, del paro, de la carestía de la vida, del yugo de los trusts, del militarismo, de la reacción política, que alza la cabeza en todos los países, incluso en los más libres.

El verdadero significado de la consigna de «defensa de la patria» en la guerra actual es la defensa del «derecho» de «su» burguesía nacional a oprimir a las naciones ajenas, es una política obrera nacional-liberal, es la alianza de una parte insignificante de obreros privilegiados con «su» burguesía nacional contra la masa del proletariado y de los explotados. Los socialistas que aplican tal política son en la práctica chovinistas, socialchovinistas. La política de votar los créditos de guerra, de entrar en el ministerio, la Burgfrieden[39], etc., es una traición al socialismo. El oportunismo, crecido en las condiciones de la pasada época «pacífica», ha madurado hasta la ruptura total con el socialismo y se ha convertido en enemigo directo del movimiento de liberación del proletariado. La clase obrera no puede alcanzar sus fines histórico-mundiales sin librar la lucha más resuelta contra el oportunismo descarado y el socialchovinismo (la mayoría de los partidos socialdemócratas de Francia, Alemania, Austria, Hyndman, los fabianos y los tradeunionistas en Inglaterra, Rubanóvich, Plejánov y «Nasha Zariá» en Rusia, etc.), así como contra el llamado «centro», que ha cedido la posición del marxismo a los chovinistas.

El Manifiesto de Basilea de 1912, adoptado por unanimidad por los socialistas del mundo entero precisamente en previsión de una guerra entre las grandes potencias como la que ahora ha estallado, reconoció con claridad el carácter imperialista, reaccionario de esta guerra, declaró que consideraba un crimen que los obreros de un país dispararan contra los obreros de otro y proclamó la proximidad de la revolución proletaria precisamente en relación con esta guerra. Y, en efecto, la guerra crea una situación revolucionaria, engendra sentimientos y efervescencia revolucionarios en las masas, despierta en todas partes, en la mejor parte del proletariado, la conciencia del carácter funesto del oportunismo y agudiza la lucha contra él. El afán de paz, que crece entre las masas trabajadoras, expresa su desengaño, el hundimiento de la mentira burguesa sobre la defensa de la patria, el comienzo del despertar de la conciencia revolucionaria de las masas. Utilizando este estado de ánimo para su agitación revolucionaria, sin detenerse en su agitación revolucionaria ante la consideración de la derrota de «su» patria, los socialistas no engañarán al pueblo con la esperanza de que sea posible una paz rápida, medianamente duradera, democrática, que excluya la opresión de las naciones, el desarme, etc., sin el derrocamiento revolucionario de los actuales gobiernos. Solo la revolución social del proletariado abre el camino hacia la paz y la libertad de las naciones.

La guerra imperialista inaugura la era de la revolución social. Todas las condiciones objetivas de la época actual colocan en el orden del día la lucha revolucionaria de masas del proletariado. El deber de los socialistas, sin renunciar a ninguno de los medios de lucha legal de la clase obrera, es subordinarlos todos a esta tarea esencial y principal, desarrollar la conciencia revolucionaria de los obreros, agruparlos en la lucha revolucionaria internacional, apoyar e impulsar toda acción revolucionaria, tender a convertir la guerra imperialista entre los pueblos en guerra civil de las clases oprimidas contra sus opresores, en guerra por la expropiación de la clase capitalista, por la conquista del poder político por el proletariado, por la realización del socialismo.

Escrito antes del 13 (26) de julio de 1915.

Publicado por primera vez en 1930 en el Recopilador Leninista XIV.

Se imprime según el manuscrito.