Los segundos números de «Izvestia» del OK y de «Náshe Delo» ponen esto de relieve con profunda ejemplaridad y nitidez. Ambas publicaciones, cada una a su modo, en correspondencia con la diferencia de los lugares en que aparecen y de su designación política, marchan con paso firme por el camino del afianzamiento del socialchovinismo.

El cuadro es más claro que la luz del día. Aquella «corriente» de legalistas que está encarnada en «Náshe Delo», y que, gracias a mil vínculos con la burguesía liberal, era la única realidad en Rusia, de todo el «bloque de Bruselas», en los años 1910-1915, ha afianzado y culminado enteramente su evolución oportunista, rematando felizmente el liquidacionismo con el socialchovinismo. El programa efectivo del grupo que en enero de 1912 fue expulsado de nuestro partido se ha enriquecido con un punto más, sumamente importante: la introducción en la clase obrera de ideas que se reducen a la necesidad de salvaguardar y consolidar, aun a costa de guerras, las ventajas y los privilegios de gran potencia de los terratenientes y la burguesía granrusos.

Encubrir esta realidad política con frases «izquierdistas» y con una ideología presuntamente socialdemócrata: tal es el verdadero sentido político de la actividad legal de la fracción de Chjeidze y de la actividad ilegal del OK. En el aspecto ideológico, la consigna «ni victorias ni derrotas»; en el aspecto práctico, la lucha contra el «cisma», que impregna por completo todos los artículos del número 2 de «Izvestia», especialmente los de Mártov, Iónov y Mashinadze: he ahí el programa de negocios, y plenamente acertado (desde el punto de vista de los oportunistas), de «paz» con «Náshe Delo» y con Plejánov. Lean la carta del «ex revolucionario» señor Alexinski en el número 143 de «Rech» (del 27 de mayo de 1915), sobre «la defensa del país» como «tarea de la democracia», y verán que ese diligente paje del actual chovinista Plejánov se reconcilia de sobra con la consigna de «ni victorias ni derrotas». Esta es cabalmente la consigna común de Plejánov, «Náshe Delo», Axelrod y Kosovski, Mártov y Semkovski, entre quienes subsistirán, por supuesto (¡ah, por supuesto!), los «matices legítimos» y las «divergencias particulares». Toda esa caterva se conforma, en el terreno ideológico, en lo principal y fundamental, con reconocer el terreno común de «ni victorias ni derrotas» (anotemos entre paréntesis: ¿de quiénes? Está claro: ¡de los gobiernos de hoy, de las clases dominantes de hoy!). En el terreno práctico-político, se conforman con la consigna de la «unidad». Esto significa unidad con «Náshe Delo», es decir, de hecho, reconciliación plena con que en Rusia «Náshe Delo», con ayuda de la fracción de Chjeidze, siga haciendo como hasta ahora una política seria y un trabajo serio (burguesamente «serio») entre las masas, mientras que en el extranjero y en la clandestinidad el OK y Cía se permitirán hacer «reservitas» izquierdistas, pronunciar frases casi revolucionarias, etc., etc. No nos forjemos ilusiones: el bloque de Bruselas, que se desmoronó enseguida, demostrando con ello que no contenía nada más que hipocresía, es, justamente por eso, muy adecuado para encubrir una situación políticamente podrida. En julio de 1914 sirvió para encubrir a «Násha Zariá» y a «Sévernaia Rabóchaya Gazeta» mediante resoluciones casi izquierdistas que a nada obligaban. En julio de 1915 aún no hay una «reunión de amigos» ni un «protocolo», pero ya hay acuerdo de principio entre los principales «actores» para tapar conjuntamente el socialchovinismo de «Náshe Delo», de Plejánov y de Axelrod con unas u otras frases también casi izquierdistas. Ha pasado un año, un año grande y penoso en la historia europea. Se ha puesto de manifiesto que el absceso de la política obrera nacional-liberal ha sofocado a la mayoría de los partidos socialdemócratas de Europa, y que ha madurado por completo también en el liquidacionismo... pero los «amigos», como los músicos del «Cuarteto» de Krylov, se han mudado de sitio y se han puesto otra vez a cantar a coro, con voces desentonadas: ¡unidad, unidad... (con «Náshe Delo»)!

El ejemplo del «Náshe Slovo» de París es particularmente instructivo para los partidarios sinceros de la «unidad». El número 2 de «Izvestia» del OK ha asestado un golpe mortal a «Náshe Slovo», y ahora su muerte (política o «física», eso no importa) es solo cuestión de tiempo. «Izvestia» del OK, número 2, ha «matado» a «Náshe Slovo» con la simple declaración de que Mártov (que ha resultado ser miembro del secretariado del OK, — al parecer, fue cooptado «por unanimidad» por Semkovski y Axelrod, seguramente por haberse comprometido a no repetir frases irreflexivas sobre la «muerte» del «Vorwärts») —, que Mártov y «la buena mitad de los colaboradores de “Náshe Slovo”, organizativamente adheridos al OK», constatan su error, diciendo que solo por «ingenuidad» (Mártov en el papel de ingénu[41] — no está mal) consideraban a «Náshe Slovo» «órgano común de los internacionalistas rusos», cuando en realidad «Náshe Slovo» resultó ser tanto «cismático» como «fraccionario» (Semkovski añade por su cuenta: «anarcosindicalista») y «justificándose ante el “Sotsial-Demokrat” leninista».

Ante el público se presentaron las tres partes de «Náshe Slovo», que se unieron sin éxito durante siete u ocho meses: 1) dos miembros izquierdistas de la redacción (número 107 de «Náshe Slovo»), sinceramente simpatizantes del internacionalismo y que gravitan hacia el «Sotsial-Demokrat» (véase la resolución de saludo a ellos, de la Sección de París de nuestro partido, en el número 122 de «Náshe Slovo»); 2) Mártov y los «okistas» («la buena mitad»); 3) Trotski, quien, como siempre, en principio no está de acuerdo en nada con los socialchovinistas, pero en la práctica está de acuerdo con ellos en todo (debido, entre otras cosas, a la «feliz mediación» — ¿creo que así se llama en lenguaje diplomático?— de la fracción de Chjeidze).

Ante los partidarios sinceros de la unidad se alza la pregunta: ¿por qué ha naufragado y se ha escindido «Náshe Slovo»? Por lo común, las escisiones se explican por el «espíritu cismático» misántropo de los malvados «leninistas» (artículo de Semkovski en el número 2 de «Izvestia»; de Axelrod en «Náshe Slovo», etc., etc.). Pero esa gente malvada no participó en absoluto en «Náshe Slovo» y, por esta simple razón, no pudo escindirse ni marcharse de allí.

¿De qué se trata, pues? ¿De una casualidad? ¿O de que es imposible, y nociva, la unidad de los obreros socialdemócratas con los conductores de la influencia burguesa (de hecho: agentes de la burguesía liberal y chovinista) de «Náshe Delo»?

Que reflexionen sobre esto los partidarios de la «unidad».

En la socialdemocracia europea se han pronunciado ahora por la «unidad», en un ambiente y con una forma algo distintos, Kautsky y Haase, junto con el mismo Bernstein. Habiendo olfateado que las masas giran a la izquierda, estas «autoridades» proponen la paz a los socialdemócratas de izquierda, bajo la tácita condición de la paz con los Südekum. Renegar de palabra de «la política del 4 de agosto», tapar la escisión entre la política obrera nacional-liberal y la socialdemócrata con algunas frases que a nada obligan (y que en ciertos aspectos ni siquiera a Hindenburg y a Joffre les resultan desventajosas) sobre la «paz» (la consigna de la paz viene como anillo al dedo para esto), con una condena platónica de las anexiones, etc. Tal es, aproximadamente, el programa de Kautsky con Bernstein, hacia el que no sienten aversión a inclinarse tampoco los socialchovinistas franceses, como se desprende de ciertos tonos en «L'Humanité». Los ingleses del «Partido Laborista Independiente», por supuesto, defenderán a capa y espada una amnistía semejante para el socialchovinismo, cubierta con una serie de reverencias a la izquierda. Ni que decir tiene que a los «okistas» y a Trotski el propio Dios les ha mandado agarrarse ahora a los faldones de Kautsky y Bernstein.

Nosotros consideramos este viraje a la izquierda del jefe de los oportunistas y del jefe de los chovinistas hipócritas del campo «radical» como una comedia cuyo significado consiste en salvar lo que está podrido en la socialdemocracia mediante una reverencia a la izquierda, en consolidar de hecho la política obrera nacional-liberal a costa de insignificantes concesiones verbales a los «izquierdistas».

La situación objetiva en Europa es tal que en las masas crecen el desencanto, el descontento, la protesta, la indignación, un estado de ánimo revolucionario capaz, en cierto grado de su desarrollo, de transformarse con increíble rapidez en acción. El problema se plantea ahora en los hechos así, y solo así: ayudar al crecimiento y al desarrollo de las acciones revolucionarias contra la burguesía propia y el gobierno propio, o bien frenar, apagar, calmar el estado de ánimo revolucionario. Para alcanzar el segundo objetivo, los burgueses liberales y los oportunistas recurrirán (y desde el punto de vista de sus intereses deben recurrir) a toda clase de palabras izquierdistas, a un abismo de promesas de desarme, de paz, de renuncia a las anexiones, de toda suerte de reformas, de lo que sea, con tal de impedir la ruptura de las masas con sus líderes oportunistas y el tránsito a acciones revolucionarias cada vez más serias.

No creáis ningún programa grandilocuente — les diremos a las masas —, confiad en vuestras propias acciones revolucionarias de masas contra vuestro gobierno y vuestra burguesía, esforzaos por desarrollar tales acciones; fuera de la guerra civil por el socialismo, no hay salvación del embrutecimiento, no hay posibilidad de progreso en Europa.

P. S. El presente artículo ya estaba compuesto cuando recibimos el compendio del señor Plejánov, del «ex revolucionario» G. Alexinski y Cía.: «La guerra». ¡He ahí una colección de sofismas y mentiras de los socialchovinistas, que presentan la guerra rapaz y archirreaccionaria del zarismo como una guerra «justa», «defensiva», etc.! Recomendamos este bochornoso ramillete de lacayismo ante el zarismo a la atención de todos aquellos que quieran analizar seriamente las causas del desastre de la II Internacional. Entre otras cosas, es interesante que estos francos socialchovinistas están completamente satisfechos tanto de Chjeidze como de toda su fracción. De esta fracción están también satisfechos el OK, Trotski y Plejánov con Alexinski y Cía.: cosa natural, porque la fracción de Chjeidze ha demostrado durante años su habilidad para encubrir a los oportunistas y servirles.

Acerca de la fracción del POSDR deportada a Siberia, los señores Plejánov y Alexinski mienten descaradamente. Ahora ya no está lejos, probablemente, el momento en que se podrá refutar documentalmente a los embusteros.

«Sotsial-Demokrat» núm. 43, 26 de julio de 1915.

Se publica según el texto del periódico «Sotsial-Demokrat».