Los socialistas de todo el mundo declararon solemnemente en 1912 en Basilea que consideraban la inminente guerra europea como una obra «criminal» y la más reaccionaria de todos los gobiernos, que debía acelerar el hundimiento del capitalismo, engendrando inevitablemente una revolución contra él. Llegó la guerra, llegó la crisis. En lugar de una táctica revolucionaria, la mayoría de los partidos socialdemócratas adoptaron una táctica reaccionaria, poniéndose del lado de sus gobiernos y de su burguesía. Esta traición al socialismo significa el fracaso de la II Internacional (1889-1914), y debemos darnos cuenta de qué ha causado este fracaso, qué ha engendrado el socialchovinismo, qué le ha dado fuerza.