El compendio kadete: «¿Qué espera Rusia de la guerra?» (Petrogrado, 1915) constituye una edición muy útil para conocer la política de la intelectualidad liberal. Es de sobra conocido en qué chovinistas se han convertido nuestros kadetes y liberales; en el presente número de nuestra revista{211} se dedica un artículo especial a este tema. Pero la recopilación, en el mencionado compendio, de trabajos de diversos kadetes sobre distintos temas relacionados con la guerra muestra de manera particularmente ilustrativa el papel no solo del partido k.-d., sino de la intelectualidad liberal en general en la política imperialista contemporánea.

La función específica de esta intelectualidad y de este partido consiste en encubrir la reacción y el imperialismo con toda clase de frases democráticas, garantías, sofismas y artimañas. El artículo principal del compendio: «Las adquisiciones territoriales de Rusia» pertenece al líder del partido k.-d., el señor Miliukov. Aquí era imposible no exponer la esencia de la guerra actual desde el punto de vista de Rusia: el afán de apoderarse de Galitzia, arrebatar partes de Polonia a Austria y Alemania, Constantinopla, los estrechos y Armenia a Turquía. Como cobertura democrática aparecen frases sobre el «eslavismo», los intereses de las «pequeñas nacionalidades», la «amenaza a la paz europea» por parte de Alemania. Solo de pasada, casi por descuido, en una frase el señor Miliukov deja escapar la verdad:

«A la reunificación de la Galitzia Oriental hace ya tiempo que aspiraba uno de los partidos políticos rusos, que encontraba apoyo en uno de los partidos políticos de Galitzia, los llamados “moscófilos”» (49). ¡Eso es! «Uno de los partidos rusos» es el partido más reaccionario, Purishkévich y Cía., el partido de los terratenientes feudales, encabezado por el zarismo. Este «partido» –el zarismo, los Purishkévich, etc.– intrigaba desde hace mucho en Galitzia, en Armenia, etc., sin escatimar millones para sobornar a los «moscófilos», sin detenerse ante ningún crimen en aras del elevado objetivo de la «reunificación». La guerra es la «continuación de la política» de este partido. La guerra ha traído el beneficio de desechar todas las convenciones, arrancar todos los velos y mostrar al pueblo con toda claridad la verdad completa: la preservación de la monarquía zarista significa la necesidad de entregar millones de vidas (y miles de millones del dinero del pueblo) para el sometimiento de pueblos ajenos. De hecho, el partido de los k.-d. precisamente apoyaba y servía a esta política.

Esta verdad es desagradable para el intelectual liberal, que se considera humanitario, amante de la libertad, democrático y que se indigna profundamente ante la «calumnia» de que es un servidor de los Purishkévich. Pero la guerra ha demostrado que esta «calumnia» es la verdad más patente.

Echemos un vistazo a otros artículos del compendio:

«…Nuestro futuro puede ser feliz y luminoso solo cuando la política internacional se base en los principios de justicia. La fe en la vida, en su valor, será al mismo tiempo el triunfo de la paz» (215)… «La mujer rusa, y con ella toda la humanidad pensante»… espera que «al concertar la paz todos los estados beligerantes… firmen inmediatamente un acuerdo según el cual en adelante todos los malentendidos internacionales»… (¡esa es la palabra exacta! ¡solo eran “malentendidos” entre estados, nada más!)… «deban resolverse mediante arbitraje» (216)…

«La mujer rusa –representante del pueblo– llevará al pueblo las ideas del amor cristiano y de la fraternidad de los pueblos» (216)… (aquí la censura suprimió hasta una línea y media, probablemente algo extra-«humanitario», como libertad, igualdad, fraternidad…)… «A quien sabe que quien escribe estas líneas es el menos sospechoso de nacionalismo, no hace falta convencerle de la plena inmunidad de las ideas aquí desarrolladas frente a cualquier exclusividad nacional» (83)… «Solo ahora hemos comprendido, hemos sentido realmente que en las guerras modernas lo que nos amenaza no es la pérdida de colonias, por valiosas que sean, o el fracaso en la liberación de otros pueblos, sino la desintegración del propio Estado…» (147).

¡Leed y profundizad cómo se hace eso! ¡Aprended cómo hace política, es decir, cómo conduce a las masas, un partido supuestamente democrático!

Para servir a la clase de los Purishkévich, es necesario en los momentos decisivos de la historia (los momentos de la realización militar de los objetivos de esa clase) ayudarla, o «no oponerse a la guerra». Y al mismo tiempo hay que consolar al «pueblo», a la «masa», a la «democracia» con buenas palabras: justicia, paz, liberación nacional, arbitraje de los conflictos internacionales, fraternidad de los pueblos, libertad, reformas, democracia, sufragio universal, etc. ¡Y además es obligatorio golpearse el pecho, jurar y perjurar que «a nosotros» «es a quienes menos se puede sospechar de nacionalismo», que «nuestras» ideas se distinguen por su «plena inmunidad frente a cualquier exclusividad nacional», que nosotros solo luchamos contra la «desintegración del Estado»!

Así es como «se hace esto».

Así es como hacen política los intelectuales liberales…

Exactamente igual en esencia, solo que en otro medio y con una forma ligeramente modificada, se comportan los políticos obreros liberales, empezando por «Nuestra Aurora», que enseña al pueblo y al proletariado a «no oponerse a la guerra», siguiendo por «Nuestra Causa», que se solidariza con las opiniones de los señores Potrésov y Cía. (núm. 2, pág. 19) y Plejánov (núm. 2, pág. 103), y reimprime sin una sola reserva ideas similares de Axelrod (núm. 2, págs. 107–110), continuando por Semkovski, que lucha contra la «desintegración» en «Nuestra Palabra» y en «Izvestia del Comité Organizador», y terminando por la fracción de Chjeidze y el Comité Organizador con el Bund, que se oponen tajantemente a la «escisión» (con el grupo de «Nuestra Causa»). Y todos ellos están por la fraternidad obrera, por la paz, por el internacionalismo, por lo que sea, firmarían todo lo que se quiera, renegarían un millón de veces del «nacionalismo»… con una «pequeña» condición: no romper la «unidad» con el único grupo político ruso (de toda esta compañía) que en su revista y periódico ha enseñado y enseña a los obreros el oportunismo, el nacionalismo, la no oposición a la guerra. Así es como «se hace esto».

Escrito en junio de 1915.

Publicado por primera vez en 1925 en la revista «Na Léninskom Putí» (número especial de la revista «Sputnik Kommunista»). Firmado: N. Lenin.

Se publica según el manuscrito.