La guerra actual es engendrada por el imperialismo, es decir, por la fase superior del capitalismo, en la que el desarrollo de las fuerzas productivas y el crecimiento del capital han rebasado los estrechos marcos de los Estados nacionales aislados e impulsan a las «grandes» potencias a aspirar al sojuzgamiento de naciones ajenas y a la conquista de colonias como fuentes de materias primas y lugares de exportación de capitales.

Las condiciones objetivas del socialismo han madurado plenamente, y las grandes potencias luchan en la guerra actual por el aplazamiento artificial de la muerte del capitalismo, mediante la conservación y el refuerzo de la dependencia de las colonias, la conquista de privilegios en el mercado mundial, la escisión y la represión de la lucha revolucionaria internacional de los obreros.

Los socialdemócratas reconocen plenamente la necesidad de la libertad de todas las naciones. En la época de lucha contra el feudalismo, el absolutismo y la opresión nacional extranjera, reconocían la defensa de la patria, y en la actualidad reconocen la legitimidad de la guerra de las naciones oprimidas (especialmente de las colonias) contra sus opresores, las «grandes» potencias.

Pero la guerra actual entre las grandes potencias es una guerra de esclavistas por el fortalecimiento y la consolidación de la esclavitud, por un nuevo reparto de las colonias, por el «derecho» a oprimir a naciones ajenas, por los privilegios del capital de las grandes potencias, por la represión reaccionaria del movimiento obrero.

Por eso, las frases sobre la «defensa de la patria» por parte de ambos grupos beligerantes de potencias no son más que un engaño de la burguesía al pueblo. Ni la victoria de ninguno de los gobiernos actuales ni el *status quo ante bellum*[66] pueden salvaguardar la libertad de las naciones frente a las grandes potencias imperialistas ni ofrecer una existencia soportable a la clase obrera, sobre la cual pesan cada vez más la carestía, los trusts, el militarismo y la reacción política vinculada a él, incluso en los países más libres.

El verdadero significado de la consigna «defensa de la patria» en la guerra actual es la defensa de los privilegios y ventajas de las grandes potencias, la defensa del «derecho» de la burguesía propia a oprimir a naciones ajenas, es una política obrera liberal-nacionalista, es la alianza de una pequeña parte de los obreros con «su» burguesía nacional contra la masa de los proletarios y de los explotados. Los socialistas que llevan a cabo esta política son de hecho chovinistas, socialchovinistas. La política de votación de los créditos de guerra, de entrada en los ministerios, de *Burgfrieden*, etc., es una política de oportunismo, es una traición al socialismo. Y la clase obrera no puede alcanzar sus grandes objetivos de emancipación del trabajo sin librar una lucha decidida contra el oportunismo y el socialchovinismo.

El Manifiesto de Basilea de 1912, aprobado por unanimidad precisamente en previsión de una guerra como la que ha estallado entre las grandes potencias, reconoció de manera definida el carácter reaccionario e imperialista de esta guerra y declaró con claridad la proximidad de la revolución proletaria, precisamente en relación con tal guerra. En efecto, la guerra ha creado una situación revolucionaria, ha engendrado sentimientos y efervescencias revolucionarios. La tarea de los socialdemócratas consiste en apoyarlos y desarrollarlos, contribuir al esclarecimiento de la conciencia revolucionaria de las masas y a la liberación de su conciencia de la mentira del chovinismo burgués y socialista, ayudar a todos los intentos de lucha revolucionaria de masas contra el imperialismo por el socialismo, y esforzarse por transformar la guerra imperialista en guerra civil por el socialismo.

Los socialdemócratas deben utilizar para la intensificación de la agitación revolucionaria el creciente deseo de paz entre las masas, que expresa la decepción de las masas y el inicio del esclarecimiento de su conciencia revolucionaria. Pero, al hacerlo, los socialdemócratas no deben engañar al pueblo con la esperanza de la posibilidad de una paz rápida, mínimamente duradera, democrática, que excluya la opresión de las naciones, sin el derrocamiento revolucionario de los gobiernos actuales.

Escrito antes del 13 (26) de julio de 1915.

Publicado por primera vez en 1937 en la Recopilación Leninista XXX.

Se publica según el manuscrito.