El material más interesante y el más nuevo sobre esta candente cuestión lo ha proporcionado la reciente Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Berna{192}. Los lectores encontrarán más abajo su descripción y los textos de las resoluciones – la aprobada y la rechazada. En el presente artículo nos proponemos detenernos sólo en un aspecto del asunto.

Las representantes de las organizaciones femeninas del OK, las holandesas del partido de Troelstra, las suizas de organizaciones que luchan duramente con el «Berner Tagwacht» por su supuesto excesivo izquierdismo, la representante francesa, que no quiere discrepar en nada importante con el partido oficial, que, como se sabe, se sitúa en el punto de vista del socialchovinismo, las inglesas, hostiles a la idea de una clara separación del pacifismo de la táctica revolucionaria proletaria, – todas ellas coincidieron con las «izquierdistas» socialdemócratas alemanas en una misma resolución. Las representantes de las organizaciones femeninas del Comité Central de nuestro partido discreparon de ellas, prefiriendo quedarse por el momento en soledad antes que participar en semejante bloque.

¿Cuál era la esencia de la divergencia? ¿Cuál es el significado de principio y político general de esta discrepancia?

A primera vista, la resolución «intermedia», que unió a oportunistas y a una parte de los izquierdistas, parece muy presentable y correcta en principio. La guerra ha sido reconocida como imperialista, la idea de la «defensa de la patria» ha sido condenada, los trabajadores son llamados a manifestaciones masivas, etc., etc. Parecería que la diferencia de nuestra resolución consiste sólo en algunas expresiones más duras, como «traición», «oportunismo», «salida de los ministerios burgueses», etc.

Indudablemente, desde este punto de vista criticarán la separación de las delegadas de las organizaciones femeninas del Comité Central de nuestro partido.

Basta con examinar el asunto con más atención y no limitarse al reconocimiento «formal» de tal o cual verdad para ver la total inconsistencia de esta crítica.

En la conferencia chocaron dos concepciones del mundo, dos valoraciones de la guerra y de las tareas de la Internacional, dos tácticas de los partidos proletarios. Un punto de vista: no ha ocurrido la quiebra de la Internacional, no hay obstáculos profundos y serios para el retorno del chovinismo al socialismo, no hay un fuerte «enemigo interior» en forma de oportunismo, no hay una traición directa, indudable, evidente de éste al socialismo. De ahí la conclusión: no condenemos a nadie, concedamos una «amnistía» a los violadores de las resoluciones de Stuttgart y Basilea, limitémonos a aconsejar tomar un rumbo más a la izquierda, llamar a las masas a manifestaciones.

El otro punto de vista respecto a todos los puntos aquí enumerados es completamente opuesto. No hay nada más perjudicial y funesto para la causa proletaria que la continuación de la diplomacia intrapartidista con oportunistas y socialchovinistas. La resolución de la mayoría resultó aceptable para las oportunistas y las partidarias de los actuales partidos oficiales precisamente porque está impregnada de espíritu de diplomacia. A las masas obreras, que ahora son dirigidas precisamente por los sociopatriotas oficiales, se les nublan los ojos con semejante diplomacia. A las masas obreras se les inculca la idea absolutamente errónea y perniciosa de que los actuales partidos socialdemócratas con sus actuales direcciones son capaces de cambiar de rumbo y tomar el rumbo correcto en lugar del incorrecto.

Esto no es así. Es un error profundísimo y funesto. Los actuales partidos socialdemócratas y sus direcciones no son capaces de cambiar seriamente de rumbo. En la práctica todo seguirá como antes, y los «izquierdistas» deseos expresados en la resolución de la mayoría seguirán siendo inocentes deseos – esto lo comprendieron con certero instinto político las partidarias del partido de Troelstra o de la actual dirección del partido francés al votar por semejante resolución. El llamamiento a las masas a manifestaciones sólo puede adquirir un significado práctico real con el apoyo más activo de las actuales direcciones de los partidos socialdemócratas.

¿Se puede esperar tal apoyo? Es evidente que no. Se sabe que semejante llamamiento encontrará por parte de las direcciones una oposición encarnizada (y en su mayoría encubierta), y no un apoyo.

Si esto se dijera directamente a los obreros, entonces los obreros sabrían la verdad. Sabrían que para llevar a la práctica los deseos «izquierdistas» se necesita un cambio radical de rumbo de los partidos socialdemócratas, se necesita una lucha tenacísima contra los oportunistas y sus amigos del «centro». Y ahora a los obreros se les ha adormecido con deseos izquierdistas, negándose a nombrar en voz alta y clara el mal, sin cuya lucha esos deseos son irrealizables.

Los diplomáticos dirigentes, conductores de la política chovinista en los actuales partidos socialdemócratas, utilizan perfectamente la debilidad, la indecisión, la insuficiente precisión de la resolución de la mayoría. Ellos, como hábiles parlamentarios, se repartirán los papeles: unos dirán: no se han valorado, no se han analizado los argumentos «serios» de Kautsky y Cía., discutamos en una composición más amplia; otros dirán: miren, ¿no teníamos razón al decir que no hay profundas divergencias, si las partidarias del partido de Troelstra y del partido de Guesde–Sembat coincidieron con las izquierdistas alemanas?

La conferencia de mujeres no debía ayudar a Scheidemann, Haase, Kautsky, Vandervelde, Hyndman, Guesde y Sembat, Plejánov, etc., a adormecer a las masas obreras, sino que, por el contrario, debía despertarlas, proclamar una guerra decidida contra el oportunismo. Sólo entonces el resultado práctico no sería la esperanza en la «corrección» de los mencionados «jefes», sino la reunión de fuerzas para una lucha difícil y seria.

Tomemos la cuestión de la violación por parte de los oportunistas y «centristas» de las resoluciones de Stuttgart y Basilea: ¡pues ahí está el clavo! Imaginemos directa y claramente, sin diplomacia, cómo fue el asunto.

Previendo la guerra, la Internacional se reúne y resuelve unánimemente, en caso de que estalle la guerra, trabajar por «acelerar el derrumbe del capitalismo», trabajar en el espíritu de la Comuna, de octubre y diciembre de 1905 (¡¡¡palabras exactas de la resolución de Basilea!!!), trabajar en el espíritu del reconocimiento como «crimen» del hecho de que «obreros de un país disparen contra obreros de otro».

La línea de trabajo en el espíritu internacional, proletario, revolucionario, está indicada aquí con toda claridad – tan clara que, observando la legalidad, no se podía decir más claro.

Estalla la guerra – precisamente tal como lo previeron en Basilea. Los partidos oficiales actúan en un espíritu directamente opuesto: no como internacionalistas, sino como nacionalistas; de manera burguesa, y no proletaria; no revolucionariamente, sino archioportunistamente. Si decimos a los obreros: se ha cometido una traición directa a la causa del socialismo, con estas palabras descartamos inmediatamente todas las excusas y evasivas, todos los sofismas à la Kautsky y Axelrod, señalamos claramente la profundidad y fuerza del mal, llamamos claramente a la lucha, y no a la conciliación con él.

¿Y la resolución de la mayoría? Ni un sonido de condena a los traidores, ni una palabra sobre el oportunismo, ¡una simple repetición de las ideas de la resolución de Basilea! ¡Como si no hubiera ocurrido nada grave! – hubo un error accidental, basta repetir la vieja decisión – surgió una divergencia no profunda y sin principio, ¡basta con encubrirla!

¡Pero esto es una burla directa a las resoluciones de la Internacional, una burla a los obreros! Los socialchovinistas no buscan en el fondo otra cosa que la simple repetición de las viejas decisiones, con tal de no cambiar nada en la práctica. Esto es, en esencia, una amnistía tácita e hipócritamente encubierta para los partidarios socialchovinistas de la mayoría de los actuales partidos. Sabemos que hay «multitud de cazadores» para ir precisamente por este camino, limitarse a unas cuantas frases izquierdistas. No estamos en el mismo camino con tales gentes. Hemos ido e iremos por otro camino, queremos ayudar al movimiento obrero y a la construcción de un partido obrero en la práctica en un espíritu de intransigencia hacia el oportunismo y el socialchovinismo.

Una parte de las delegadas alemanas temía, al parecer, una resolución perfectamente definida por consideraciones que se referían exclusivamente al ritmo de desarrollo de la lucha contra el chovinismo dentro de uno solo, precisamente el de su propio partido. Pero tales consideraciones eran manifiestamente inadecuadas y erróneas, porque la resolución internacional no tocaba ni podía tocar en general ni el ritmo ni las condiciones concretas de la lucha contra el socialchovinismo en los distintos países; en este terreno, la autonomía de los partidos individuales es indiscutible. Lo que se necesitaba era proclamar desde la tribuna internacional la ruptura definitiva con el socialchovinismo en toda la orientación, en todo el carácter del trabajo socialdemócrata; y, en su lugar, la resolución de la mayoría repitió una vez más el viejo error, el error de la II Internacional, que encubría diplomáticamente el oportunismo y la divergencia entre la palabra y el hecho. Repetimos: por ese camino no iremos nosotros.

Apéndice al núm. 42 del periódico «Socialdemócrata», 1 de junio de 1915.

Se publica según el texto del Apéndice.