La revista de los millonarios ingleses «The Economist» («The Economist»){185} mantiene una línea muy instructiva respecto a la guerra. Los representantes del capital avanzado del país capitalista más antiguo y más rico deploran amargamente la guerra y expresan incansablemente deseos de paz. Los socialdemócratas que, siguiendo a los oportunistas y a Kautsky, piensan que el programa socialista consiste en la prédica de la paz, pueden, al leer el «Economist» inglés, convencerse palpablemente de su error. Su programa no es socialista, sino burgués-pacifista. Los sueños de paz sin la prédica de acciones revolucionarias expresan miedo a la guerra, pero nada tienen en común con el socialismo.

Más aún. El «Economist» inglés está a favor de la paz precisamente porque teme a la revolución. Por ejemplo, en el número del 13 de febrero de 1915 leemos:

«Los filántropos expresan la esperanza de que la paz traerá la limitación internacional de armamentos... Pero quienes conocen las fuerzas que en realidad dirigen la diplomacia europea no se dejan seducir por utopía alguna. La perspectiva que abre la guerra es la de revoluciones sangrientas, enconadas guerras del trabajo contra el capital, o de las masas populares contra las clases dominantes de la Europa continental».

Y en el número del 27 de marzo de 1915 leemos de nuevo deseos de paz, que aseguraría la libertad de las nacionalidades prometida por Edward Grey, etc. Si esta esperanza no se cumple, entonces... «la guerra conducirá al caos revolucionario. Nadie puede decir dónde comenzará este caos y en qué terminará...»

Los millonarios pacifistas ingleses comprenden la política actual mucho más acertadamente que los oportunistas, los partidarios de Kautsky y otros similares suspirantes socialistas por la paz. Los señores burgueses, en primer lugar, saben que las frases sobre la paz democrática son una utopía vacía y estúpida mientras las «fuerzas de antaño dirijan en realidad la diplomacia», es decir, mientras no sea expropiada la clase capitalista. En segundo lugar, los señores burgueses evalúan con sobriedad la perspectiva: «revoluciones sangrientas», «caos revolucionario». La transformación socialista se le presenta siempre a la burguesía como un «caos revolucionario».

Vemos tres tipos de simpatía por la paz en la política real de los países capitalistas.

1) Los millonarios conscientes quieren acelerar la paz por miedo a las revoluciones. Con sobriedad y veracidad declaran que la paz «democrática» (sin anexiones, con limitación de armamentos, etc.) es una utopía bajo el capitalismo.

Esta utopía pequeño burguesa es predicada por los oportunistas, los partidarios de Kautsky y similares.

2) Las masas populares inconscientes (pequeños burgueses, semiproletarios, una parte de los obreros, etc.) expresan con el deseo de paz en la forma más vaga la creciente protesta contra la guerra, el creciente y confuso estado de ánimo revolucionario.

3) Los destacamentos conscientes del proletariado, los socialdemócratas revolucionarios, observan atentamente el estado de ánimo de las masas, utilizan su creciente aspiración a la paz no para apoyar las vulgares utopías de la paz «democrática» bajo el capitalismo, no para alentar las esperanzas en los filántropos, en las autoridades, en la burguesía, sino para hacer del estado de ánimo revolucionario, de confuso que es, algo claro; para, de manera sistemática, persistente, inquebrantable, apoyándose en la experiencia de las masas y en su estado de ánimo, ilustrándolas con miles de hechos de la política anterior a la guerra, demostrar la necesidad de acciones revolucionarias de masas contra la burguesía y los gobiernos del propio país, como único camino hacia la democracia y hacia el socialismo.

«Social-Demócrata» nº 41, 1 de mayo de 1915.

Se publica según el texto del periódico «Social-Demócrata»