¡Estimados camaradas! Estamos completamente de acuerdo con ustedes en que la cohesión de todos los socialdemócratas internacionalistas auténticos es una de las tareas más acuciantes del momento actual... Antes de dar respuesta a su propuesta práctica, consideramos necesario aclarar con franqueza algunas cuestiones previas, a fin de saber si existe entre nosotros una auténtica solidaridad en lo fundamental. Con toda razón se indignan ustedes por el hecho de que Aleksinski, Plejánov y otros semejantes intervengan en la prensa extranjera, haciendo pasar su voz por «la voz del proletariado ruso o de sus grupos influyentes». Hay que luchar contra esto. Pero para luchar, hay que ir a la raíz del mal. No cabe duda alguna de que no ha existido ni existe mayor corrupción que el llamado sistema de representación de las pretendidas «corrientes» del extranjero. Y en este punto difícilmente tenemos derecho a quejarnos de los extranjeros. Recordemos el pasado reciente. ¿Acaso en aquella misma Conferencia de Bruselas (3 de julio de 1914)

* Se refiere al núm. 40 del periódico «Sotsial-Demokrat», publicado el 29 de marzo de 1915. (N. de la Red.)

no se permitió a Aleksinski y a Plejánov (y no solo a ellos) hacerse pasar por «corrientes»? ¿Cabe, después de esto, sorprenderse de que los extranjeros los tomen ahora por representantes de «corrientes»? Contra este mal no se puede hacer nada mediante tal o cual declaración. Aquí es necesaria una lucha prolongada. Para que tenga éxito, debemos decirnos de una vez por todas que solo reconocemos a las organizaciones ligadas durante años a las masas obreras, autorizadas por comités sólidos, etc., y que estigmatizamos como un engaño a los obreros ese sistema por el cual media docena de intelectuales, tras publicar 2 o 3 números de un periódico o revista, se declaran una «corriente» y pretenden la «igualdad de derechos» con el partido.

¿Existe aquí acuerdo entre nosotros, estimados camaradas?

Luego, sobre los internacionalistas. En uno de los recientes artículos de fondo de su periódico, enumeran ustedes las organizaciones que, a su juicio, se sitúan en el punto de vista del internacionalismo. Entre ellas, en uno de los primeros lugares figura... el Bund. Quisiéramos saber qué fundamentos tienen ustedes, en rigor, para contar al Bund entre los internacionalistas.

La resolución de su Comité Central 94 no contiene una sola palabra definida sobre las cuestiones candentes del socialismo. De ella emana un eclecticismo carente por completo de principios. El órgano del Bund («Hoja Informativa») se sitúa indudablemente en el punto de vista del chovinismo germanófilo, o bien ofrece una «síntesis» de los chovinismos francés y alemán. No en vano el artículo de Kosovski adornó las páginas de «Neue Zeit», revista que (esperamos estén de acuerdo con nosotros en esto) pertenece hoy al número de los órganos de prensa más indecentes de los llamados «socialistas».

Nosotros apoyamos con toda el alma la unión de los internacionalistas. Desearíamos mucho que fueran más numerosos. Pero no podemos engañarnos a nosotros mismos, no podemos contar entre los internacionalistas a personas y organizaciones que, en lo tocante al internacionalismo, son a todas luces «almas muertas».

¿Qué entender por internacionalismo? ¿Se puede, por ejemplo, contar entre los internacionalistas a los partidarios de restaurar la Internacional sobre el principio de la «amnistía» mutua? El representante más destacado de la teoría de la «amnistía», como saben, es Kautsky. En el mismo espíritu se ha pronunciado Victor Adler. Consideramos que los defensores de la «amnistía» son los adversarios más peligrosos del internacionalismo.

Una Internacional restaurada sobre las bases de la «amnistía» rebajaría al socialismo en una cabeza entera. Ninguna concesión, ningún acuerdo con Kautsky y Cía. es absolutamente admisible. La lucha más decidida contra la teoría de la «amnistía» es conditio sine qua non* del internacionalismo. En vano se habla de internacionalismo si no hay deseo ni disposición a llegar hasta el final en la ruptura con los defensores de la «amnistía». Y he aquí que preguntamos: ¿existe entre nosotros acuerdo sobre esta cuestión cardinal? En su periódico se vislumbró en cierta ocasión, al parecer, una actitud negativa hacia la política de «amnistía». Pero convendrán ustedes en que, antes de emprender cualquier paso práctico, tenemos derecho a pedirles que nos expongan detalladamente su punto de vista sobre esta cuestión.

En relación con esto está la cuestión de la actitud hacia el Comité de Organización. Ya en nuestra primera carta a ustedes** consideramos necesario decirles con franqueza que existen serios motivos para dudar del internacionalismo de esta institución. Ustedes no intentaron disipar esta opinión. Les preguntamos de nuevo: ¿qué datos tienen para considerar que el Comité de Organización se sitúa en el punto de vista del internacionalismo? Pues no se puede negar seriamente que la posición de P. B. Axelrod, expuesta en varias de sus intervenciones impresas, es una posición manifiestamente chovinista (casi la de Plejánov). Y Axelrod es, sin duda, el representante más destacado del CO. Tomen además las intervenciones oficiales del CO. Su informe a la Conferencia de Copenhague está redactado en tales tonos que fue reimpreso por los chovinistas alemanes más extremos 95. Las intervenciones del «Secretariado en el Extranjero» del CO son del mismo género. En el mejor de los casos, no dicen nada definido. Y por otra parte, Larin —oficialmente en nombre del CO, y no en nombre de algún secretariado en el extranjero— hizo

* — condición obligatoria. (N. de la Red.)
** Véase el presente tomo, págs. 60-63. (N. de la Red.)

declaraciones encaminadas a defender el chovinismo. ¿Dónde está aquí el internacionalismo? ¿No está claro acaso que el CO se sitúa enteramente en el punto de vista de la «amnistía» mutua?

Además, ¿qué garantías existen de que el CO represente alguna fuerza en Rusia? Ahora, tras la intervención de «Nashe Zariá», esta pregunta es particularmente legítima. El grupo de «Nashe Zariá» mantuvo su línea durante años, creó un diario, llevó a cabo una agitación de masas en su espíritu. ¿Y el CO?

Todos reconocemos que la cuestión no se decidirá por la correlación de fuerzas en los grupos del extranjero, en Zúrich, París, etc., sino que se decidirá por la influencia entre los obreros de Petersburgo y entre los obreros de toda Rusia. Esto hay que tenerlo presente en todos nuestros pasos.

Tales son las consideraciones que queríamos exponerles. Estaremos muy contentos de recibir de ustedes una respuesta detallada y clara a todas estas cuestiones. Entonces se podrá pensar en lo ulterior.

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Escrito el 23 de marzo de 1915.

Enviado a París.

Publicado por primera vez en 1931,

en la Recopilación Leninista XVII.

Se imprime según la copia

pasada en limpio por N. K. Krúpskaya.