de las masas, por ejemplo, por el aumento de las ayudas a los habitantes de las regiones devastadas, por la atenuación de la opresión nacional [o militar], etc. Pero es evidente que sobre la base de la g[uerra] actual y de la paz que de ella se derive, esa actividad reformista en pro del mejoramiento de la situación de las masas solo es posible en dimensiones minúsculas. Sería un engaño flagrante a las masas inculcarles, directa o indirectamente, la idea de la posibilidad de una solución reformista de los problemas planteados por la g[uerra] actual. Pues es[ta] g[uerra] ha creado una situaci[ón] r[evolucionar]ia en Europa, poniendo a la orden del día las cuestiones más esenciales del imperialismo, las cuales no pueden dejar de ser resueltas de modo imperialista, salvo en el caso del derrocamiento revoluci[on]ario de los actuales gob[ier]nos y de las cla[ses] dominantes de Europa. Por eso, la tarea principal y fundamental en la lucha por una paz duradera y democrática debe ser, por parte de los socialistas: 1º explicar a las masas la necesidad de la lu[cha] r[evolucionar]ia de masas, la propaganda sistemática de la misma y la creación de una organización correspondiente; 2º desenmascarar la hipocresía y la mentira, tanto de las frases pacifistas burguesas como de las socialistas, en particular las kautskianas, [(véase la tesis Nº 8)] sobre la paz y la «unanimidad» de la 2ª In[ternacion]al en la cuestión del «pro[g]ra[ma] de paz». Semejantes frases son doblemente hipócritas de pa[rte] de los «socialistas» que, siguiendo a la burguesía, niegan la posibilidad de transformar la actual guerra imperialista en g[uerra] civil por el socialismo y se oponen a toda labor r[evoluc]io[nar]ia en ese sentido.

10\. El punto central de la hipocresía hoy dominante en torno al «programa de paz» es el reconocimiento supuestamente unánime de la lu[cha] contra las viejas y nuevas anexiones. Pero quienes hablan de anexiones y de lucha contra ellas, en su m[ayor] p[arte], no saben o no quieren reflexionar sobre qué es una anexión. Es evidente que no se puede llamar anexión a toda incorporación de un territorio «ajeno», pues los socialistas, en términos generales, simpatizan con la supresión de las fronteras entre las naciones, con el acercamiento y la fusión de las naciones, con la formación de Estados más grandes. Es evidente que no se puede considerar anexión toda violación del *statu quo*:* eso sería la mayor reacción y una burla a los conceptos fundamentales de la ciencia histórica. Es evidente que no se puede considerar anexión toda incorporación violenta, militar, pues los socialistas no pueden oponerse a la violencia si esta se aplica en interés de la masa de la población y en interés del progreso de la humanidad. Es evidente que se puede y se debe considerar anexión únicamente la incorporación de un territorio contra la voluntad de su población. En otras palabras, el concepto de anexión está indisolublemente ligado al concepto de autodeterminación de las naciones.

11\. Precisamente sobre la base de la actual g[uer]ra, en virtud de que esta es imperialista por parte de ambos grupos de «grandes» potencias beligerantes, ha tenido que surgir y ha surgido el fenómeno de que la burguesía y los socialchovinistas «luchan» encarnizadamente contra las «anexiones» si estas han sido o son cometidas por el Estado enemigo. Südekum y sus amigos y defensores austro-alemanes, hasta Haase y Kautsky, guardan silencio sobre la anexión cometida por Alemania respecto a Alsacia-Lorena, Dinamarca, Polonia, etc., pero muy a menudo «luchan contra las anexiones» cometidas por Rusia respecto a Finlandia, Polonia, Ucrania, el Cáucaso, etc., por Inglaterra respecto a la India, etc. Por otro lado, los Südekum ingleses, franceses, italianos y rusos, es decir, Hyndman, Guesde, Vandervelde, Renaudel, Treves, Plejánov, Axelrod, Cheidze y Cía., callan sobre las anexiones de Inglaterra respecto a la India, de Francia respecto a Niza o Marruecos, de Italia respecto a Trípoli o Albania, de Rusia respecto a Polonia, Ucrania, etc., pero, en cambio, en su m[ayor] p[arte] luchan contra las anexiones cometidas por Alemania.

Es evidente que semejante «lucha contra las anexiones» por parte de los socialchovinistas y «kautskianos» tiene un car[ác]t[er] completamente hipócrita, y a esa lu[ch]a la burguesía le presta ayuda, tanto directamente, asignando millones y millones para la propaganda chovinista, como indirectamente, concediendo el monopolio de la legalidad únicamente a los socialchovinistas y kautskianos.

Es evidente que tanto los «socialistas» franceses que justifican la guerra por Alsacia-Lorena, como los alemanes que no exigen la libertad de separación de Alsacia-Lorena de Alemania, son igualmente anexionistas, por más que juren lo contrario. Es evidente que los «socialistas» rusos que hablan o escriben contra el «desmembramiento de Rusia» o que justifican ahora, directa o indirectamente, la guerra por quién esclavizará Polonia, en nombre de la consigna «paz sin anexiones», son igualmente anexionistas, etc., etc.

12\. Para no convertir la «lucha contra las anexiones» en una

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* — de la situación existente. (N. de la Red.)
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frase vacía o en una hipocresía repugnante, los socialistas deben: 1º explicar a las masas la necesidad de la lucha revolucionaria por la conquista del poder pol[ítico] por el proletariado y la realización de la revolución socialista, la cual surge de todas las condiciones de la época imperialista y de la actual g[uerra] imp[erialis]ta, y que es la única capaz de asegurar de modo duradero y en todas partes la autodeterminación de las naciones, es decir, liberar a las naciones oprimidas y realizar el acercamiento y la fusión de las naciones no sobre la base de la violencia, sino sobre la base de la igualdad de derechos y el consentimiento del proletariado y de las masas trabajadoras de todas las naciones. 2º deben emprender inmediatamente la más amplia propaganda y agitación contra el chovinismo y anexionismo encubiertos de los part[idos] soc[ialistas] of[ici]ales, particularmente en las «grandes» potencias. Los socialistas deben explicar a las masas que solo de palabra es socialista e internacionalista, y de hecho chovinista y anexionista, aquel socialista inglés que no lucha de inmediato por la libertad de separación de Irlanda, la India, etc., — aquel socialista francés que no lucha por la libertad de las colonias fr[ance]sas, contra la g[uer]ra por la incorporación de Alsacia y Lorena, etc., — aquel socialista alemán que no lucha por la lib[ert]ad de separación de Alsacia-Lorena, de los daneses, polacos, belgas, serbios, etc., — aquel socialista ruso que no lucha por la lib[ert]ad de separación de Ucrania, Finlandia, etc., contra la guerra por Polonia, — aquel socialista italiano que no lucha por la lib[ert]ad de separación de Trípoli, Albania, etc., — aquel socialista holandés que no lucha por la lib[ert]ad de separación e independencia de la India holandesa, — aquel socialista polaco que no lucha por la plena lib[ert]ad e igualdad de derechos de los judíos y ucranianos oprimidos por los polacos, etc.

13\. Del Manifiesto de Zimmerwald y de la circular de la C.S.I. del 10 de febrero de 1916 (bol[etín] Nº 3) se desprende con inevitabilidad que toda «guerra a la guerra» y «lucha por la paz» es hipocresía si no está ligada indisolublemente a la inmediata lucha revolucionaria de masas, a la propaganda y preparación de la misma. Pero esta conclusión ha de ser expuesta directa y definidamente. Es necesario, en 1er lugar, explicar a las masas a qué puede y debe (muss) conducir el desarrollo de la lucha rev[oluc]ion[ari]a de masas en la situación de la guerra europea. Conduce inevitablemente a la transformación de la g[uer]ra impertialista en g[uer]ra civil por el socialismo. Esto lo sugieren todos los discursos acerca de que los obreros deben perecer mejor por su propia causa, y no por una causa ajena. Pero la sugerencia no basta. Es necesario plantear claramente ante las masas el gran objetivo, aunque sea ta[l] v[ez] no cercano. Hay que saber adónde y para qué ir. En 2º lugar, si llamamos a las masas a luchar contra sus gobiernos (independientemente de la situación bélica del país de que se trate), con ello no solo rechazamos en principio la admisibilidad de la «defensa de la patria» en la g[uer]ra actual, sino que reconocemos también la deseabilidad de la derrota de todo gobierno burgués para transformar esa derrota en revolución. Y esto hay que decirlo directamente: la lucha rev[oluc]ion[ari]a de masas no p[uede] llegar a ser internacional si sus representantes conscientes no se unen abiertamente entre sí en nombre de la derrota y el derrocamiento de todos los gobiernos burgueses. En 3er lugar —y esto es lo más importante— no se puede llevar a cabo la lu[ch]a rev[oluc]ion[ari]a de masas sin crear en todas partes, no solo en las cúpulas, sino también entre las masas, una organización ilegal para la propaganda, la preparación, la discusión del curso y de las condiciones de la misma. Si en Alemania hubo manifestaciones callejeras, si en Francia hubo una serie de cartas del frente llamando a no suscribir el empréstito de guerra, si en Inglaterra, por no hablar ya de Rusia*, hubo huelgas de masas, para ayudar a esta lucha, para su cohesión intern[acion]al, es absolutamente nec[e]s[ar]io iluminar en la prensa libre, es decir, ilegal, ca[d]a paso en este camino, verificar los éxitos, sopesar sus condiciones, cohesionar y desarrollar la lucha. Sin organización ilegal y prensa ilegal, el reconocimiento de la «acción de masas» rev[oluc]ion[aria] seguirá siendo (como lo es en Suiza) una mera frase.

14\. En la cuestión de la lucha parlamentaria (Aktion) de los socialistas, hay que tener presente que la resolución de Zimmerwald no solo expresa simpatía a los 5 diputados soc[iáldemócratas] de la D[uma] de Est[ado], pertenecientes a nuestro partido y condenados a la deportación a Siberia, sino que se solidariza con su táctica. Reconocer la lucha rev[olucion]aria de las masas y resignarse a una actividad exclusivamente legal, exclusivamente reformista de los socialistas en los parlamentos es imposible; esto [conduciría] conduce solo al legítimo descontento de los obreros y a su abandono de la s[ocial]d[emocra]cia hacia el anarquismo o el sindicalismo antiparlamentarios. Es necesario decir clara y públicamente que los socialdemócratas en los parlamentos deben utilizar su posición no solo para intervenciones parlamentarias, sino también para la contribución integral, extraparlamentaria, a la organización ilegal y a la lucha rev[oluc]ion[ari]a de los obreros, y que las masas mismas deben, a través de su organización ilegal, verificar tal actividad de sus dirigentes.

15\. La cuestión de la convocatoria del Buró So[cialista] Intern[acional], puesta en el orden del día de la 2ª Conferencia So[cialista] Intern[acional] que se convoca, suscita inevitablemente una cuestión más fundamental y de principio: ¿Es posible la unidad de los viejos partidos y de la 2ª Internacional? Cuanto más crecen entre las masas las simpatías hacia la unificación de Zim[merwal]d, tanto más incomprensible se vuelve para las masas, tanto más perjudicial para el desarrollo de su lucha, la inconsecuencia y la timidez de aquella posición que, en esencia, identifica a los viejos partidos y a la 2ª In[ternacion]al con la política burguesa en el movimiento obrero (véase el m[ani]f[ies]to de Zim[merwald] y la circular de la C.S.I. del 10 de febrero de 1916), y, por otro lado, teme la escisión con ellos y promete disolver la C.S.I. tan pronto como se reúna el viejo Buró S[ocialista] Internacional.

Esta promesa no fue votada y ni siquiera discutida en Zim[merwal]d.

En el año y m[edi]o transcurridos desde Z[im]m[erwald] se ha vuelto aún más claro que la escisión es inevitable, que no se puede llevar a cabo en unidad con los viejos partidos la labor que el m[ani]f[ies]to de Zim[merwald] recomienda, que el temor a la escisión frena cada paso en este camino. En Alemania no solo el grupo I.S.D. condenó el temor a la escisión y se pronunció abiertamente contra la hipocresía de los predicadores de la unidad, sino que también un miembro de la Reichstagsfraktion, Otto Rühle, el compañero más cercano de K. Liebknecht, se declaró abiertamente por la escisión. Y contra Rühle, el Vorwärts no supo esgrimir ni un solo argumento serio, ni un solo argumento honesto. En Francia, el miembro del partido soc[ialista] Bourderon, de palabra está contra la escisión, pero de hecho propuso al congreso una resolución que directamente «desapprouve» (desautoriza) al C.A.P. (Com[ité] Adm[inistratif] P[er]m[anent] = C[omité] C[entral] del partido) y al G.P. (Gr[oupe] Parlem[entaire] = gr[upo] parl[amentario]). Es evidente que la adopción de semejante resolución significaría la escisión inmediata e incondicional del partido. En Inglaterra, en las páginas incluso del moderado Labour Leader, T. Russel Williams se ha manifestado abiertamente y más de una vez por la inevitabilidad de la escisión, encontrando apoyo en una serie de miembros del partido. En América, a pesar de la unidad formal del partido soc[ialista], unos miembros del mismo se pronuncian por el militarismo y la guerra (la llamada preparedness), y otros, entre ellos E. Debs, excandidato socialista a la presidencia, predican abiertamente la guerra civil por el socialismo en relación con la guerra que amenaza.

En todo el mundo existe ya de hecho la escisión, y cerrar los ojos ante ello solo perjudica a los zimmerwaldianos, haciéndolos ridículos a los ojos de las masas, que saben perfectamente que cada paso del trabajo en el espíritu de Zimm[erwal]d significa la continuación y el af[ian]zamiento de la escisión.

Es necesario tener el valor de reconocer abiertamente lo inevitable y ya consumado, renunciar a las ilusiones nocivas sobre la posible unidad con los «defensores de la patria» en la guerra actual, ayudar a las masas a liberarse de la influencia de aquellos dirigentes que «inducen a engaño» (véase la circular de la C.S.I. del 10 de febrero de 1916) o preparan mediante una «amnistía» un «complot» (Pakt) contra el socialismo.

Tal es nuestra propuesta sobre la cuestión del orden del día acerca de la convocatoria del Buró S[ocialista] Intern[acional] en La Haya.

6\. 
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19130 y 19131
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\* FRAGMENTO DE LA SEGUNDA VARIANTE.

V. 
3\. 
La guerra actual ha creado en Europa una situación revolucionaria [catastrófica], es decir, una agudización tal de las contradicciones económicas y políticas que ha conducido a la imposibilidad de su solución pacífica, no violenta. Por otro lado, el curso mismo de esta guerra y su prolongación profundizan y amplían cada vez más esta situación revolucionaria. Esta guerra ha sido engendrada por los intereses fundamentales de la burguesía imperialista, la guerra ha puesto objetivamente a la orden del día las cuestiones [facetas] cardinales del imperialismo; y, por otra parte, la guerra ha profundizado el abismo entre los intereses del proletariado y la existencia de la sociedad burguesa, madurada hasta el imperialismo capitalista.

Los socialistas no niegan ni pueden negar la lucha por las reformas. Es posible, como excepción, que consigan por vía reformista alguna «mejora», tal como el aumento de la ayuda a la población arruinada por la guerra: los socialistas votarán a favor de esto en el parlamento, si se les permite votar.

2\. 
Por muy necesaria que sea la lucha por las reformas por parte de los socialistas para la solución de aquellos problemas que, por la situación objetiva de las cosas, pueden ser resueltos por vía reformista, es decir, sin el paso del poder político de las manos de la clase explotadora a las manos de la clase explotada, otro tanto es un simple engaño burgués al pueblo la prédica de reformas para la solución de problemas que la historia y la situación política real han planteado de modo revolucionario. Tales son precisamente los problemas puestos a la orden del día por la guerra actual en el momento presente. Esta guerra ha puesto a la orden del día las cuestiones cardinales del imperialismo, es decir, de la existencia misma de la sociedad capitalista, e inculcar al pueblo, directa o indirectamente, la idea de la posibilidad de resolver estos problemas por vía reformista sería charlatanería. Se trata de un nuevo reparto del mundo, en correspondencia con las nuevas relaciones de fuerza entre los Est[ad]os capitalistas, que en los últimos decenios se han desarrollado no solo de modo extraordinariamente rápido, sino también —lo que es particularmente importante— de modo extraordinariamente desigual. Sobre el terreno de las relaciones sociales capitalistas, este nuevo reparto del mundo es imposible excepto por medio de guerras y violencia. La situación objetiva de las cosas excluye la solución reformista de las contradicciones maduradas, excluye toda salida que no sea una serie de guerras imperialistas o la revolución socialista del proletariado, cuyas condiciones para el éxito han sido creadas ya precisamente por esta época del imperialismo. La actividad política real en las condiciones actuales solo es posible como una de estas dos: o bien ayudar a «su» b[urgues]ía nacional a saquear otros países, o bien ayudar a la que comienza...\* 

Las frases reformistas son el medio principal de engañar al pueblo [y el principal] en un momento en que la situación objetiva ha puesto a la orden del día de la historia una grandiosa crisis mundial, la cual, independientemente de la voluntad de los partidos aislados, solo puede ser o bien aplazada y trasladada hasta la siguiente guerra imperialista, o bien resuelta por medio de la revolución socialista.

No es una casualidad ni la mala voluntad de gobiernos aislados o

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\* No se ha conservado la continuación del manuscrito. (N. de la Red.)
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