1) La guerra europea y mundial tiene un carácter nítidamente definido de guerra burguesa, imperialista, dinástica. La lucha por los mercados y el saqueo de países extranjeros, el afán de cortar el movimiento revolucionario del proletariado y la democracia dentro de cada país, el afán de embaucar, desunir y exterminar a los proletarios de todos los países, azuzando a los esclavos asalariados de una nación contra los esclavos asalariados de otra en beneficio de la burguesía: tal es el único contenido y significado reales de la guerra.

2) La conducta de los dirigentes del partido socialdemócrata alemán, el partido más fuerte e influyente de la II Internacional (1889–1914), que votó a favor de los créditos de guerra y repite las frases chovinistas burguesas de los junkers prusianos y de la burguesía, es una traición directa al socialismo{2}. En ningún caso, ni siquiera suponiendo una debilidad absoluta de este partido y la necesidad de someterse temporalmente a la voluntad de la mayoría burguesa de la nación, puede justificarse la conducta de los dirigentes del partido socialdemócrata alemán. De hecho, este partido ha aplicado en estos momentos una política liberal-nacional.

3) La misma condena merece la conducta de los dirigentes de los partidos socialdemócratas belga y francés, que traicionaron al socialismo al entrar en ministerios burgueses{3}.

4) La traición al socialismo de la mayoría de los dirigentes de la II Internacional (1889–1914) significa la bancarrota ideológica y política de dicha Internacional. La causa principal de esta bancarrota es el predominio de hecho en ella del oportunismo pequeñoburgués, cuyo carácter burgués y cuyo peligro fueron señalados hace ya tiempo por los mejores representantes del proletariado revolucionario de todos los países. Los oportunistas prepararon desde hace tiempo la bancarrota de la II Internacional, negando la revolución socialista y sustituyéndola por el reformismo burgués; negando la lucha de clases, con su necesaria transformación, en determinados momentos, en guerra civil, y predicando la colaboración de clases; predicando el chovinismo burgués bajo la apariencia de patriotismo y defensa de la patria e ignorando o negando la verdad fundamental del socialismo, expuesta ya en el «Manifiesto Comunista», de que los obreros no tienen patria{4}; limitándose en la lucha contra el militarismo a un punto de vista sentimental y pequeñoburgués, en lugar de reconocer la necesidad de la guerra revolucionaria de los proletarios de todos los países contra la burguesía de todos los países; convirtiendo la utilización necesaria del parlamentarismo burgués y de la legalidad burguesa en una fetichización de esa legalidad y el olvido de la obligatoriedad de las formas ilegales de organización y agitación en las épocas de crisis. Uno de los órganos internacionales del oportunismo, la revista alemana «Sozialistische Monatshefte»{5}, que adoptó hace tiempo una posición liberal-nacional, celebra hoy con toda razón su victoria sobre el socialismo europeo. El llamado «centro» del partido socialdemócrata alemán y de otros partidos socialdemócratas ha capitulado de hecho cobardemente ante los oportunistas. La tarea de la futura Internacional debe ser librarse de manera irrevocable y decidida de esta corriente burguesa en el socialismo.

5) Entre los sofismas burgueses y chovinistas con que las masas son especialmente embaucadas por los partidos burgueses y los gobiernos de las dos principales naciones rivales del continente –la alemana y la francesa–, y que repiten servilmente, arrastrándose tras la burguesía, los oportunistas socialistas, tanto los descarados como los solapados, hay que destacar y estigmatizar en particular los siguientes: cuando los burgueses alemanes invocan la defensa de la patria, la lucha contra el zarismo, la salvaguardia de la libertad de desarrollo cultural y nacional, mienten, pues el junkerismo prusiano, con Guillermo a la cabeza, y la gran burguesía de Alemania han seguido siempre una política de defensa de la monarquía zarista y, cualquiera que sea el desenlace de la guerra, no dejarán de esforzarse en apoyarla; mienten, pues, en realidad, la burguesía austríaca emprendió una campaña de saqueo contra Serbia, la burguesía alemana oprime a los daneses, polacos y franceses en Alsacia y Lorena, llevando una guerra ofensiva contra Bélgica y Francia para despojar a países más ricos y más libres, y organizó la ofensiva en el momento que consideró más oportuno para utilizar los últimos perfeccionamientos de su técnica militar, en vísperas de la ejecución del llamado gran programa militar por parte de Rusia.

Cuando los burgueses franceses invocan del mismo modo la defensa de la patria, etc., mienten igualmente, pues en realidad defienden a países más atrasados en cuanto a técnica capitalista y de desarrollo más lento, contratando con sus miles de millones a las bandas centurinegristas del zarismo ruso para una guerra ofensiva, es decir, para el saqueo de tierras austríacas y alemanas.

Los dos bandos beligerantes de naciones no se ceden en nada en cuanto a crueldad y barbarie en la guerra.

6) La tarea de la socialdemocracia de Rusia es, en particular y en primer lugar, la lucha despiadada e incondicional contra el chovinismo gran ruso y monárquico-zarista y su defensa sofística por parte de los liberales rusos, los cadetes{6}, una parte de los populistas{7} y otros partidos burgueses. Desde el punto de vista de la clase obrera y de las masas trabajadoras de todos los pueblos de Rusia, el mal menor sería la derrota de la monarquía zarista y de sus tropas, que oprimen a Polonia, Ucrania y toda una serie de pueblos de Rusia y encienden la hostilidad nacional para reforzar la opresión de los grandes rusos sobre otras nacionalidades y para consolidar el gobierno reaccionario y bárbaro de la monarquía zarista.

7) Las consignas de la socialdemocracia en el momento actual deben ser:

en primer lugar, la propaganda integral, extendida también al ejército y al teatro de operaciones militares, de la revolución socialista y de la necesidad de dirigir las armas no contra los propios hermanos, los esclavos asalariados de otros países, sino contra los gobiernos y partidos reaccionarios y burgueses de todos los países. La necesidad incondicional de organizar para esta propaganda, en todos los idiomas, células y grupos ilegales en el ejército de todas las naciones. La lucha despiadada contra el chovinismo y el «patriotismo» de los pequeño burgueses y burgueses de todos los países, sin excepción. Contra los líderes del actual Internacional que han traicionado al socialismo, es obligatorio apelar a la conciencia revolucionaria de las masas obreras, que soportan todo el peso de la guerra y en la mayoría de los casos son hostiles al oportunismo y al chovinismo;

en segundo lugar, la propaganda, como una de las consignas inmediatas, de la república alemana, polaca, rusa, etc., junto con la transformación de todos los estados por separado de Europa en los Estados Unidos Republicanos de Europa{8};

en tercer lugar, en particular, la lucha contra la monarquía zarista y el chovinismo gran ruso, paneslavista, y la prédica de la revolución en Rusia, así como de la liberación y la autodeterminación de los pueblos oprimidos por Rusia, con las consignas inmediatas de república democrática, confiscación de las tierras de los terratenientes y jornada laboral de 8 horas.

Escrito en agosto, no más tarde del 24 de agosto (6 de septiembre), de 1914.

Publicado por primera vez íntegramente en 1929, en la 2ª y 3ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo XVIII; la introducción, en 1948, en la 4ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo 21.

Se imprime según la copia escrita por N. K. Krúpskaya, revisada y corregida por V. I. Lenin; la introducción, según el manuscrito.