El autor es un ecléctico y un vulgar en filosofía, especialmente cuando habla contra Haeckel, sobre Buckle, etc., etc. Pero la tendencia es, sin embargo, materialista; por ejemplo, pág. 35* [40]**: «La cuestión de si prescribimos nosotros los conceptos a la naturaleza o ella nos los prescribe a nosotros»; la supuesta combinación de ambos puntos de vista. Mach tendría razón (pág. 38 [43]), pero yo le contrapongo a ella (al punto de vista de Mach) la «objetiva»:

«Así, considero que la lógica en nosotros tiene su origen primario en el curso regular de las cosas fuera de nosotros, que la necesidad externa de los procesos de la naturaleza es nuestra primera y más auténtica maestra» (pág. 39 [43]).

Se alza contra la fenomenología y el monismo moderno, pero no comprende en absoluto la esencia de la filosofía materialista e idealista. En realidad, reduce la cuestión a los «métodos» de las ciencias naturales en un espíritu positivista general. Ni siquiera sabe plantear la cuestión de la realidad objetiva de la naturaleza fuera de la conciencia (y de las sensaciones) de la humanidad.