«Los obreros están cansados de la escisión. Los obreros quieren la unidad. Los obreros están indignados de que la escisión llegue a veces hasta las peleas...»

Tales y parecidos comentarios se escuchan a veces de unos u otros obreros.

La unidad, en efecto, es necesaria a los obreros. Y lo más necesario es comprender que, fuera de los propios obreros, nadie les «dará» la unidad, nadie está en condiciones de ayudar a su unidad. La unidad no se puede «prometer»: eso sería vana jactancia, autoengaño; la unidad no se puede «crear» a partir de un «acuerdo» de grupúsculos intelectuales: ése es el más lamentable, el más ingenuo y el más ignorante de los errores.

La unidad hay que conquistarla, y sólo los propios obreros, sólo los obreros conscientes están en condiciones de lograrlo, mediante un trabajo tenaz y perseverante.

Nada hay más fácil que escribir con letras gigantescas la palabra «unidad», que prometerla, «proclamarse» partidario de ella. Pero, en la práctica, la unidad sólo puede ser impulsada mediante el trabajo y la organización de los obreros de vanguardia, de todos los obreros conscientes.

La unidad es imposible sin organización. La organización es imposible sin la subordinación de la minoría a la mayoría.

Estas verdades son indiscutibles. Nadie las pondrá en duda. Queda sólo —¡sólo!— llevarlas a la práctica. Esto no es fácil. Requiere trabajo, perseverancia, cohesión de todos los obreros conscientes. Pero sin ese trabajo, de nada vale hablar de unidad obrera.

La resolución de Ámsterdam de la Internacional insiste en la unidad del partido obrero de cada país{85}. Esta resolución es correcta. ¡Exige la unidad de los obreros, y entre nosotros la sustituyen por la unidad de grupúsculos intelectuales que no quieren reconocer la voluntad de la mayoría de los obreros!

Esto sería cómico si no fuera tan triste.

La mayoría de los obreros conscientes de toda Rusia, a lo largo de dos años y medio (desde el 1 de enero de 1912), se ha unificado de hecho en torno a las decisiones pravdistas, adoptadas en enero de 1912, en febrero de 1913 y en el verano de 1913. Esto está demostrado por datos precisos sobre los grupos obreros que hicieron sus aportes a los distintos periódicos. Si diversos grupúsculos intelectuales, incapaces de encontrar partidarios en la masa obrera, soslayan estos datos, los silencian, los datos no desaparecen por ello: con esto sólo se demuestra el desprendimiento de la masa obrera de esos diversos grupúsculos intelectuales y su miedo a la verdad.

Número de grupos obreros que hicieron aportes a los periódicos en San Petersburgo:

De estos datos, que han sido publicados muchas veces y que nadie ha corregido ni refutado, se desprende que los liquidadores tenían apenas una quinta parte entre los obreros conscientes (y entre los liquidadores se incluía aquí a todos sus aliados: caucasianos, trotskistas, bundistas, letones; pero ahora los aliados se están apartando de ellos; los letones ya se han apartado).

Así pues, 4/5 de los obreros reconocieron las decisiones pravdistas como suyas, aprobaron el pravdismo, se unificaron de hecho en torno al pravdismo.

He aquí la unidad de los obreros, y no de grupúsculos intelectuales; la unidad de hecho, y no de palabra; la unidad como resultado de dos años y medio de movimiento obrero de toda Rusia, y no la unidad en promesas.

Por esta unidad hay que seguir luchando, por la subordinación a esta mayoría de los obreros en sus 4/5. No hay ni puede haber otro camino. ¿Acaso los obreros son niños para creer que la mayoría de los obreros en sus 4/5 permitirá que la minoría de 1/5 o los intelectuales sin obreros en absoluto saboteen la voluntad de la mayoría de los obreros? Es cómico y absurdo siquiera pensarlo.

Que quien quiera insulte a los pravdistas llamándolos «usurpadores». Que se unan en esos insultos los liquidadores, Plejánov, Trotski, los vperiodistas, los bundistas y quien sea. Todo eso son insultos de grupúsculos impotentes, enfadados por su impotencia. Gritando sobre la «unidad», estos grupúsculos impotentes, desprendidos de la masa obrera, son hipócritas, pues justamente ellos violan la unidad, justamente ellos sabotean de manera escisionista la voluntad de la mayoría.

Los esfuerzos de estos grupúsculos son impotentes. No merece la pena prestar atención a sus insultos. Y la unidad obrera, los obreros pravdistas la construyen y la seguirán construyendo a despecho de todas las palabrotas de los enfadados pero impotentes grupúsculos intelectuales.

«Trudovaia Pravda» nº 2, 30 de mayo de 1914.

Se publica según el texto del periódico «Trudovaia Pravda».