La conciencia de la falta de coherencia, del carácter incompleto y del carácter unilateral del viejo materialismo llevó a Marx a la convicción de la necesidad de «armonizar la ciencia de la sociedad con la base materialista y reconstruirla en correspondencia con esta base»{61}. Si el materialismo en general explica la conciencia por el ser, y no al revés, entonces, aplicado a la vida social de la humanidad, el materialismo exigía explicar la conciencia social por el ser social. «La tecnología —dice Marx (El Capital, I)— pone al descubierto la relación activa del hombre con la naturaleza, el proceso inmediato de producción de su vida, y con ello también de sus condiciones sociales de vida y de las representaciones espirituales que de ellas se derivan»{62}. Marx dio una formulación integral de los principios fundamentales del materialismo, extendido a la sociedad humana y a su historia, en el prefacio a la obra «Contribución a la crítica de la economía política», en los siguientes términos:

«En la producción social de su vida, los hombres contraen relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.

El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas determinadas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino que, por el contrario, su ser social el que determina su conciencia. En una cierta fase de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o —lo que es solo la expresión jurídica de esto— con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Entonces se abre una época de revolución social. Con la modificación de la base económica, toda la inmensa superestructura se trastorna más o menos rápidamente. Al considerar tales trastornos, es necesario distinguir siempre entre el trastorno material, comprobable con la precisión de las ciencias naturales, en las condiciones económicas de producción, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas en las que los hombres cobran conciencia de este conflicto y luchan contra él.

Así como no se puede juzgar a un individuo por lo que él mismo piensa de sí, tampoco se puede juzgar una época semejante de trastorno por su conciencia. Por el contrario, esta conciencia debe explicarse a partir de las contradicciones de la vida material, del conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción…» «En líneas generales, los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno pueden designarse como épocas progresivas de la formación económico-social»{63}. (Compárese con la sucinta formulación de Marx en su carta a Engels del 7 de julio de 1866: «Nuestra teoría sobre la determinación de la organización del trabajo por los medios de producción»{64}.)

El descubrimiento de la concepción materialista de la historia o, más exactamente, la continuación consecuente, la extensión del materialismo al dominio de los fenómenos sociales, eliminó los dos defectos principales de las teorías históricas anteriores. En primer lugar, estas, en el mejor de los casos, solo consideraban los motivos ideales de la actividad histórica de los hombres, sin investigar qué es lo que engendra estos motivos, sin captar la regularidad objetiva en el desarrollo del sistema de relaciones sociales, sin percibir las raíces de estas relaciones en el grado de desarrollo de la producción material; en segundo lugar, las teorías anteriores no abarcaban precisamente las acciones de las masas de la población, mientras que el materialismo histórico, por primera vez, ofreció la posibilidad de investigar con precisión histórico-natural las condiciones sociales de vida de las masas y los cambios de estas condiciones. La «sociología» y la historiografía anteriores a Marx, en el mejor de los casos, proporcionaban una acumulación de hechos en bruto, recopilados fragmentariamente, y la descripción de aspectos aislados del proceso histórico. El marxismo señaló el camino hacia un estudio exhaustivo y multilateral del proceso de surgimiento, desarrollo y decadencia de las formaciones económico-sociales, examinando el conjunto de todas las tendencias contradictorias, reduciéndolas a condiciones de vida y de producción de las distintas clases de la sociedad exactamente determinables, eliminando el subjetivismo y la arbitrariedad en la elección de distintas ideas «dominantes» o en su interpretación, poniendo al descubierto las raíces de todas las ideas, sin excepción, y de todas las diversas tendencias en el estado de las fuerzas productivas materiales. Los hombres mismos hacen su propia historia, pero qué es lo que determina los motivos de los hombres, y precisamente de las masas de hombres, qué es lo que provoca las colisiones de ideas y aspiraciones contradictorias, cuál es el conjunto de todas estas colisiones de toda la masa de las sociedades humanas, cuáles son las condiciones objetivas de la producción de la vida material que crean la base de toda la actividad histórica de los hombres, cuál es la ley del desarrollo de estas condiciones: a todo esto prestó atención Marx y señaló el camino hacia el estudio científico de la historia como un proceso único y sujeto a leyes en toda su inmensa diversidad y carácter contradictorio.