Esta resolución dice:

«El Congreso declara que está por el pleno derecho de autodeterminación (Selbstbestimmungsrecht) de todas las naciones y expresa su simpatía hacia los obreros de todo país que sufre actualmente bajo el yugo del absolutismo militar, nacional o de cualquier otro tipo; el Congreso llama a los obreros de todos estos países a ingresar en las filas de los obreros conscientes (Klassenbewusste = conscientes de los intereses de su clase) del mundo entero, para luchar junto con ellos por la superación del capitalismo internacional y por la realización de los objetivos de la socialdemocracia internacional»[40].

Como ya hemos señalado, nuestros oportunistas, los señores Semkovski, Libman, Yurkevich, sencillamente desconocen esta resolución. Pero Rosa Luxemburgo la conoce y cita su texto completo, en el cual figura la misma expresión que en nuestro programa: «autodeterminación».

Cabe preguntar, ¿cómo elimina Rosa Luxemburgo este obstáculo que se interpone en el camino de su teoría «original»?

Oh, de un modo muy simple:… el centro de gravedad está aquí en la segunda parte de la resolución… su carácter declarativo… ¡¡sólo por un malentendido se puede hacer referencia a ella!!

La impotencia y el desconcierto de nuestra autora son sencillamente asombrosos. Por lo común, sólo los oportunistas señalan el carácter declarativo de los puntos programáticos consecuentemente democráticos y socialistas, rehuyendo cobardemente una polémica directa contra ellos. Por lo visto, no en vano esta vez Rosa Luxemburgo ha ido a parar a la triste compañía de los señores Semkovski, Libman y Yurkevich. Rosa Luxemburgo no se atreve a declarar abiertamente si considera correcta o errónea la resolución citada. Se escabulle y se esconde, como contando con un lector tan desatento e ignorante que olvida la primera parte de la resolución al leer la segunda, o que nunca ha oído hablar de los debates en la prensa socialista anteriores al Congreso de Londres.

Pero Rosa Luxemburgo se equivoca de medio a medio si se imagina que, ante los obreros conscientes de Rusia, le será tan fácil pisotear una resolución de la Internacional sobre una importante cuestión de principio, sin dignarse siquiera analizarla críticamente.

En los debates anteriores al Congreso de Londres –principalmente en las páginas de la revista de los marxistas alemanes «Die Neue Zeit»– se expresó el punto de vista de Rosa Luxemburgo, ¡y este punto de vista, en esencia, fue derrotado ante la Internacional! He aquí la esencia del asunto, que debe tener especialmente en cuenta el lector ruso.

Los debates versaban sobre la cuestión de la independencia de Polonia. Se expusieron tres puntos de vista:

1) El punto de vista de los «frac», en nombre de los cuales habló Häcker. Querían que la Internacional reconociera en su programa la reivindicación de la independencia de Polonia. Esta proposición no fue aceptada. Este punto de vista fue derrotado ante la Internacional.

2) El punto de vista de Rosa Luxemburgo: los socialistas polacos no deben reivindicar la independencia de Polonia. Desde este punto de vista, no podía hablarse de proclamar el derecho de las naciones a la autodeterminación. Este punto de vista también fue derrotado ante la Internacional.

3) El punto de vista que entonces desarrolló de la manera más circunstanciada K. Kautsky, combatiendo a Rosa Luxemburgo y demostrando la extrema «unilateralidad» de su materialismo. Desde este punto de vista, la Internacional no puede incluir actualmente en su programa la independencia de Polonia, pero los socialistas polacos –decía Kautsky– pueden perfectamente plantear semejante reivindicación. Desde el punto de vista de los socialistas, es absolutamente erróneo ignorar las tareas de la liberación nacional en una situación de opresión nacional.

La resolución de la Internacional reproduce precisamente las disposiciones más esenciales y fundamentales de este punto de vista: por un lado, un reconocimiento absolutamente directo y que no admite tergiversaciones del pleno derecho de autodeterminación para todas las naciones; por otro lado, un llamamiento no menos inequívoco a los obreros a la unidad internacional de su lucha de clases.

Consideramos que esta resolución es completamente acertada y que, para los países de Europa Oriental y Asia a comienzos del siglo XX, precisamente esta resolución y precisamente en la vinculación indisoluble de sus dos partes proporciona la única directriz acertada de la política clasista proletaria en la cuestión nacional.

Detengámonos algo más en detalle en los tres puntos de vista arriba señalados.

Es sabido que C. Marx y F. Engels consideraban absolutamente obligatorio para toda la democracia de Europa Occidental, y tanto más para la socialdemocracia, el apoyo activo a la reivindicación de la independencia de Polonia. Para la época de los años 40 y 60 del siglo pasado, la época de la revolución burguesa de Austria y Alemania, la época de la «reforma campesina» en Rusia, este punto de vista era plenamente acertado y el único punto de vista consecuentemente democrático y proletario. Mientras las masas populares de Rusia y de la mayoría de los países eslavos dormían aún un sueño profundo, mientras en esos países no había movimientos democráticos de masas independientes, el movimiento de liberación de la nobleza polaca adquiría una importancia gigantesca, primordial, desde el punto de vista de la democracia no sólo de toda Rusia, no sólo de todos los eslavos, sino también de toda Europa[41] {114}.

Pero si este punto de vista de Marx era plenamente acertado para el segundo tercio o el tercer cuarto del siglo XIX, dejó de serlo hacia el siglo XX. En la mayoría de los países eslavos, e incluso en uno de los países eslavos más atrasados, Rusia, despertaron movimientos democráticos independientes e incluso un movimiento proletario independiente. La Polonia de la nobleza desapareció y cedió su lugar a la Polonia capitalista. En estas condiciones, Polonia no podía por menos de perder su significación revolucionaria excepcional.

Si el PPS (Partido Socialista Polaco, los actuales «frac») intentó en 1896 «consolidar» el punto de vista de Marx de una época distinta, esto significaba ya la utilización de la letra del marxismo contra el espíritu del marxismo. Por eso tenían toda la razón los socialdemócratas polacos cuando se alzaron contra las inclinaciones nacionalistas de la pequeña burguesía polaca, mostraron la importancia secundaria de la cuestión nacional para los obreros polacos, crearon por vez primera un partido puramente proletario en Polonia y proclamaron el principio, de la mayor importancia, de la más estrecha alianza del obrero polaco y el obrero ruso en su lucha de clases.

¿Significaba esto, sin embargo, que la Internacional, a comienzos del siglo XX, pudiera reconocer como superfluo para Europa Oriental y para Asia el principio de la autodeterminación política de las naciones, de su derecho a la separación? Eso sería el mayor de los absurdos, que equivaldría (teóricamente) a reconocer como concluida la transformación democrático-burguesa del Estado turco, del ruso, del chino; – que equivaldría (prácticamente) al oportunismo respecto al absolutismo.

No. Para Europa Oriental y Asia, en la época de las revoluciones democrático-burguesas iniciadas, la época del despertar y de la agudización de los movimientos nacionales, la época del surgimiento de partidos proletarios independientes, la tarea de estos partidos en la política nacional debe ser bilateral: el reconocimiento del derecho de autodeterminación para todas las naciones, pues la transformación democrático-burguesa aún no está terminada, pues la democracia obrera defiende consecuente, seria y sinceramente, no a lo liberal, no a lo Kokoshkin, la igualdad de derechos de las naciones, – y la más estrecha e indisoluble alianza en la lucha de clases de los proletarios de todas las naciones del Estado dado, en todos y cada uno de los avatares de su historia, en todas y cada una de las modificaciones de las fronteras de los distintos Estados por parte de la burguesía.

Precisamente esta tarea bilateral del proletariado es la que formula la resolución de la Internacional de 1896. Exactamente tal es, en sus fundamentos de principio, la resolución de la conferencia de verano de los marxistas rusos de 1913. Hay gentes a las que les parece «contradictorio» que esta resolución, en su punto 4, al reconocer el derecho a la autodeterminación, a la separación, como que «concede» el máximo al nacionalismo (en realidad, en el reconocimiento del derecho de autodeterminación de todas las naciones hay el máximo de democratismo y el mínimo de nacionalismo), – y en el punto 5 prevenga a los obreros contra las consignas nacionalistas de una burguesía cualquiera y exija la unidad y la fusión de los obreros de todas las naciones en organizaciones proletarias únicas en el plano internacional. Pero sólo mentes completamente superficiales pueden ver aquí una «contradicción», incapaces de comprender, por ejemplo, por qué la unidad y la solidaridad de clase del proletariado sueco y noruego salieron ganando cuando los obreros suecos defendieron la libertad de separación de Noruega como Estado independiente.