El boicot o, más exactamente, la estridente charlatanería radical, que se convierte cada vez más en el único contenido de los escritos liquidacionistas, oculta con frecuencia a la atención de los lectores la prédica de principios de los liquidacionistas. A los políticos obreros liberales esto es precisamente lo que les conviene: que entre el ruido, el estrépito y los fuegos artificiales de la frase radical en general se hagan tragar inadvertidamente las vulgaridades burguesas contra la organización marxista.

Pero a los obreros conscientes no los engañará el estruendo de las «campañas políticas» de juguete emprendidas por los destructores de la organización obrera. Para los obreros conscientes lo más valioso, ante todo y por encima de todo, en cada órgano de prensa es su carácter de principios. ¿Qué es lo que en realidad enseñan a los obreros, escudándose en salidas y gritos «oposicionistas», bajo el manto de la defensa de los intereses de los obreros? He aquí la cuestión más importante, fundamental y, en rigor, la única sustancial para el obrero que piensa. Pues el obrero que piensa sabe que en el papel de consejeros nada hay más peligroso que esos amigos liberales de los obreros que se encargan de defender sus intereses, mientras en la práctica destruyen la independencia de clase del proletariado y su organización.

Por eso, nuestro deber directo es abrir los ojos a los obreros sobre el modo en que los liquidacionistas la destruyen. Véase, por ejemplo, el editorial programático de año nuevo del órgano liquidacionista. Se nos narra:

«La clase obrera marcha hacia un partido político del proletariado que actúe abiertamente, lo bastante fuerte y amplio como para que ningún régimen político pueda colocarlo en una situación de carencia excepcional de derechos, no pueda privarlo de la posibilidad de cumplir sus funciones normales de dirección política».

¡He ahí la «normal» charlatanería liberal en todo su encanto! Ningún liberal sensato se negaría a levantar las dos manos a favor de esta magnífica fórmula con la que el periódico liquidacionista encubre el hecho de que «marcha» y aspira a destruir todo lo alcanzado con tanto esfuerzo en la cohesión marxista del proletariado durante los dos últimos decenios.

Y más adelante, con mayor franqueza aún:

«El camino hacia un partido político abierto de acción es, al mismo tiempo, el camino hacia la unidad del partido».

Miles y miles de veces, en las declaraciones más formales y más solemnes, se declaró ya en 1908, ya en 1910, que semejantes discursos significan la renuncia a lo viejo, su liquidación. Pero los señores liquidacionistas, sin turbarse, prosiguen su cantinela, esperando engañar a algunas gentes más que oscuras con los gritos sobre la «unidad».

¡Traidores a todo el pasado marxista, que vocean acerca del «partido abierto», y… la «unidad»! Eso es una burla a los obreros conscientes. Eso es una burla incluso a aquella Conferencia «de agosto» de 1912, en la que un puñado de personas ingenuas creyó en la renuncia de los liquidacionistas a la vergonzosa consigna liberal del partido abierto.

Pero el quid está, precisamente, en que la compañía de escritorzuelos liberales, todos esos señores F. D., Gamma, L. M., Em-El, Rakitin y tantos otros, llevan adelante su lucha liberal por la destrucción de la organización marxista, haciendo caso omiso, conscientemente, de las resoluciones tanto de 1908 como de 1910, esforzándose por engañar a los obreros no conscientes. ¡Dizque se encontrarán todavía gentes oscuras que crean en las promesas del «partido abierto» y no comprendan que eso no es más que una variante de la lucha liberal contra la existencia de una organización marxista real! Y mientras haya gentes oscuras, el grupito de escritorzuelos liberales que liquida el pasado seguirá haciendo su sucio negocito, por más que se les repita que la «unidad» con esos destructores y desorganizadores es un absurdo y un engaño.

El «editorialista» de año nuevo del periódico liquidacionista no está en modo alguno aislado. Tras él van todos los liquidacionistas, por ejemplo, el señor P. Kárpov en el núm. 5 (123) de «Nóvaya Rabóchaya Gazeta», quien asegura que

«la superación (de todos los obstáculos que se interponen en el camino hacia la organización de congresos obreros) no es otra cosa que la lucha más genuina por la libertad de coalición, es decir, por la legalidad del movimiento obrero, estrechamente vinculada a la lucha por la existencia abierta del partido obrero socialdemócrata».

¡Ni un solo liberal, ni siquiera un solo octubrista, negará su simpatía a la lucha por la legalidad del movimiento obrero! Ni un liberal opondrá el menor reparo contra el «partido abierto»; es más, apoyará a sus predicadores como a sus mejores auxiliares en la tarea de embrutecer a los obreros.

Cumpliendo con nuestro deber, no nos cansaremos de repetir a los obreros conscientes: la prédica del partido obrero abierto no es más que una vacua charlatanería liberal que corrompe a los obreros y destruye la organización marxista. Su existencia y desarrollo son imposibles sin una lucha decidida y despiadada contra las personas que orientan todos sus esfuerzos a destruir ese organismo marxista al que el ascenso de los dos últimos años ha infundido nuevos y saludables jugos vitales.

«Put Pravdy» núm. 9, 31 de enero de 1914. Firmado: K. T.

Se imprime según el texto del periódico «Put Pravdy».