El señor Struve pertenece al número de los más francos liberales contrarrevolucionarios. Por eso resulta a menudo muy instructivo examinar las disquisiciones políticas de un escritor que ha confirmado de manera particularmente patente el análisis marxista del oportunismo (pues el señor Struve, como es sabido, comenzó con el oportunismo, con la «crítica de Marx», y en pocos años fue rodando hasta el nacional-liberalismo burgués contrarrevolucionario).

En el número de enero de *Rússkaya Mysl*, el señor Struve diserta sobre el «saneamiento del poder». Reconoce ante todo la bancarrota de la política de Stolypin, así como de toda la reacción de 1907-1914 y del octubrismo. La reacción «ha desembocado en una crisis» – escribe el señor Struve. Los intentos de reformas retrógradas, como la conversión de la Duma en órgano consultivo, conducirán, en su opinión, a «colocar al poder en la misma situación en que ya se encontraba antes de 1905», con la diferencia sustancial de que el pueblo ya es otro. «Las simpatías e instintos de las masas populares en 1905 se desplazaron hacia la intelectualidad».

Esto lo escribe uno de los «vejistas», un ardiente adversario de la revolución, partidario de las teorías más oscurantistas. ¡Y se ve obligado a reconocer que las masas se han vuelto de izquierda, aunque el liberal no se atreve a decir de manera más directa, más clara, más precisa a qué partidos se han adherido las clases en el seno de esas masas!

«Nuestro pueblo aún no se ha formado ni se ha diferenciado aún. El hecho de que durante mucho tiempo haya sido inerte y se haya vuelto, como de golpe, revolucionario, no dice nada sobre lo que será cuando puedan desarrollarse todas las posibilidades que encierra».

He aquí un modelo de frases con las que la burguesía encubre verdades que le son desagradables. Por pueblo se entiende aquí claramente al campesinado, pues la burguesía (por no hablar ya de los terratenientes) y la clase obrera están ya suficientemente formadas, suficientemente definidas. El liberal no se atreve a reconocer directamente que el campesinado burgués «aún no se ha formado», a pesar de los convulsos esfuerzos de la nueva política agraria.

«¿Cuál es, entonces, la salida a la situación creada?» – pregunta el señor Struve y responde: «Sólo puede haber dos salidas: o bien el incremento gradual de la anarquía estatal, en la que las clases medias y los elementos moderados que las expresan...» (así pues, ¿los elementos moderados «expresan» a las clases medias? – Gramaticalmente no es muy correcto, pero políticamente es bastante claro; ¿y qué elementos «expresan» al campesinado y a los obreros?) «serán de nuevo relegados a un segundo plano por la impetuosa presión espontánea de las masas populares, inspiradas por los elementos extremistas, o bien el saneamiento del poder. La primera salida no es objeto de nuestra discusión ahora. Nos situamos conscientemente, en las condiciones rusas, en un punto de vista que excluye para nosotros la posibilidad tanto de aspirar activamente a esta salida como incluso de desearla simplemente...» (¡Agradecemos su franqueza, señor Struve! He aquí de quién deberían aprender rectitud y franqueza nuestros liquidacionistas, en lugar de andar con rodeos, como L. M. en el número de enero de *Nasha Zaria*.)

«...Por eso, sólo nos queda plantear directamente ante la conciencia social la segunda salida, como un problema inmediato que debe ser realizado mediante los esfuerzos conjuntos de todas las fuerzas progresistas y, al mismo tiempo, conservadoras».

Sobre la segunda salida, el señor Struve no puede decir absolutamente nada, salvo frases huecas. La burguesía está por la moderación, las masas por el «extremismo»: esto es lo que el liberal se ha visto obligado a reconocer. Pero sobre cuál es la estructura social (el régimen, la organización) del «poder» que ha de ser saneado, cuál es su base de clase, a dónde han ido a parar los terratenientes que dominaban y gobernaban indivisiblemente antes de la burguesía, sobre todo esto el señor Struve teme siquiera pensar. Impotencia, debilidad, falta de ideas: he aquí los rasgos inevitables de la burguesía liberal mientras se arrastra (como el señor Struve y Cía.) ante los Purishkévich.

«Por extraño que parezca – escribe el señor Struve –, nada se le puede desear al poder en tal medida como que olvide que existieron alguna vez aquellos acontecimientos, hechos y estados de ánimo que se acostumbra designar como la revolución rusa».

¡Un consejo político excelente, profundo, inteligente, serio! ¡Que el «poder olvide» – a veces los ancianos olvidan todo lo que les sucede a ellos y a su alrededor!

Con su propia medida miden a los demás los representantes de la senilidad canina del liberalismo ruso.

*Put Pravdy*, nº 18, 21 de febrero de 1914.

Se publica según el texto del periódico *Put Pravdy*.