«El fin último de mi obra —dice Marx en el prefacio a *El Capital*— es descubrir la ley económica del movimiento de la sociedad moderna»{66}, es decir, de la sociedad capitalista, burguesa. El estudio de las relaciones de producción de una sociedad dada, históricamente determinada, en su surgimiento, desarrollo y decadencia: tal es el contenido de la doctrina económica de Marx. En la sociedad capitalista domina la producción mercantil, y el análisis de Marx comienza, por tanto, con el análisis de la mercancía.

**El valor**

La mercancía es, en primer lugar, una cosa que satisface alguna necesidad humana; en segundo lugar, una cosa que se intercambia por otra. La utilidad de una cosa la convierte en valor de uso. El valor de cambio (o simplemente valor) es, ante todo, la relación, la proporción en que se intercambian determinadas cantidades de valores de uso de una clase por determinadas cantidades de valores de uso de otra. La experiencia diaria nos muestra que millones y miles de millones de tales intercambios equiparan constantemente toda clase de valores de uso, los más diversos e incomparables entre sí, unos con otros. ¿Qué tienen en común estas cosas diversas, que se equiparan constantemente unas con otras en un sistema determinado de relaciones sociales? Lo que tienen en común es que son productos del trabajo. Al intercambiar sus productos, los hombres equiparan los más diversos tipos de trabajo. La producción mercantil es un sistema de relaciones sociales en el que los productores individuales crean productos diversos (división social del trabajo), y todos estos productos se equiparan entre sí en el intercambio. Por consiguiente, lo que tienen en común todas las mercancías no es el trabajo concreto de una rama determinada de la producción, no es el trabajo de un tipo particular, sino el trabajo humano abstracto, el trabajo humano en general. Toda la fuerza de trabajo de una sociedad dada, representada en la suma de los valores de todas las mercancías, es una y la misma fuerza de trabajo humana: miles de millones de actos de cambio lo demuestran. Y, por tanto, cada mercancía aislada representa tan sólo una determinada parte del tiempo de trabajo socialmente necesario. La magnitud del valor se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario o por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir una mercancía dada, un valor de uso dado. «Al equiparar sus diversos productos en el intercambio unos con otros, los hombres equiparan sus diversos tipos de trabajo unos con otros. No son conscientes de ello, pero lo hacen»{67}. El valor es una relación entre dos personas —como dijo un viejo economista; sólo le habría faltado añadir: una relación encubierta por una envoltura material. Sólo desde el punto de vista del sistema de relaciones sociales de producción de una formación histórica determinada de la sociedad, relaciones que se manifiestan en el fenómeno masivo, repetido miles de millones de veces, del intercambio, se puede comprender qué es el valor. «Como valores, las mercancías no son más que cantidades determinadas de tiempo de trabajo cristalizado»{68}. Después de analizar detalladamente el carácter dual del trabajo incorporado en las mercancías, Marx pasa al análisis de la forma del valor y del dinero. La tarea principal de Marx en esto es el estudio del origen de la forma dinero del valor, el estudio del proceso histórico del desarrollo del intercambio, comenzando por actos aislados y casuales («forma simple, singular o accidental del valor»: una cantidad dada de una mercancía se intercambia por una cantidad dada de otra) hasta la forma universal del valor, cuando una serie de mercancías diversas se intercambian por una misma mercancía determinada, y hasta la forma dinero del valor, cuando esa mercancía determinada, el equivalente general, es el oro. Siendo el producto más alto del desarrollo del intercambio y de la producción mercantil, el dinero oculta, encubre el carácter social de los trabajos privados, el vínculo social entre los productores individuales unidos por el mercado. Marx somete a un análisis sumamente detallado las diversas funciones del dinero, y aquí también (como en general en los primeros capítulos de *El Capital*) es especialmente importante señalar que la forma de exposición abstracta y a veces aparentemente puramente deductiva reproduce en realidad un material fáctico gigantesco sobre la historia del desarrollo del intercambio y de la producción mercantil. «El dinero presupone un determinado nivel del intercambio de mercancías. Las distintas formas del dinero —simple equivalente de mercancías o medio de circulación, o medio de pago, atesoramiento y dinero mundial— indican, según la escala diversa de aplicación de una u otra función y el predominio relativo de una de ellas, estadios muy diferentes del proceso social de producción» (*El Capital*, I){69}.

**La plusvalía**

En un determinado nivel de desarrollo de la producción mercantil, el dinero se transforma en capital. La fórmula de la circulación de mercancías era: M (mercancía) – D (dinero) – M (mercancía), es decir, venta de una mercancía para comprar otra. La fórmula general del capital es, por el contrario, D – M – D, es decir, compra para vender (con ganancia). Marx denomina plusvalía a este incremento del valor inicial del dinero lanzado a la circulación. El hecho de este «crecimiento» del dinero en la circulación capitalista es de sobra conocido. Precisamente este «crecimiento» transforma el dinero en capital, como una relación social de producción específica, históricamente determinada. La plusvalía no puede surgir de la circulación de mercancías, pues ésta sólo conoce el intercambio de equivalentes; tampoco puede surgir de un recargo sobre el precio, pues las pérdidas y ganancias mutuas de compradores y vendedores se equilibrarían, y se trata justamente de un fenómeno masivo, medio, social, y no individual. Para obtener plusvalía, «el poseedor de dinero debe encontrar en el mercado una mercancía cuyo valor de uso posea la original propiedad de ser fuente de valor»{70}, una mercancía cuyo proceso de consumo sea al mismo tiempo proceso de creación de valor. Y esa mercancía existe. Es la fuerza de trabajo del hombre. Su consumo es el trabajo, y el trabajo crea valor. El poseedor de dinero compra la fuerza de trabajo por su valor, determinado, como el valor de cualquier otra mercancía, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción (es decir, por el valor del sustento del obrero y su familia). Tras comprar la fuerza de trabajo, el poseedor de dinero tiene derecho a consumirla, es decir, a hacerla trabajar durante todo un día, digamos, 12 horas. Ahora bien, el obrero, durante 6 horas (tiempo de trabajo «necesario»), crea un producto que cubre su sustento, y durante las 6 horas siguientes (tiempo de trabajo «excedente») crea un «plusproducto» no pagado por el capitalista, o plusvalía. Por consiguiente, en el capital, desde el punto de vista del proceso de producción, es necesario distinguir dos partes: el capital constante, gastado en los medios de producción (máquinas, instrumentos de trabajo, materia prima, etc.) —cuyo valor pasa sin cambios (de una vez o por partes) al producto acabado— y el capital variable, gastado en la fuerza de trabajo. El valor de este capital no permanece invariable, sino que se incrementa en el proceso de trabajo, creando plusvalía. Por eso, para expresar el grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital, hay que comparar la plusvalía no con todo el capital, sino sólo con el capital variable. La tasa de plusvalía, como Marx denomina esta relación, sería, en nuestro ejemplo, 6/6, es decir, 100 %.

La premisa histórica del surgimiento del capital es, en primer lugar, la acumulación de una cierta suma de dinero en manos de individuos particulares, con un nivel comparativamente alto de desarrollo de la producción mercantil en general, y, en segundo lugar, la existencia de un trabajador «libre» en un doble sentido: libre de toda traba o restricción para vender su fuerza de trabajo, y libre de tierra y, en general, de medios de producción, un trabajador desprovisto de propiedad, un trabajador-«proletario», que no tiene nada para subsistir salvo la venta de su fuerza de trabajo.

El aumento de la plusvalía es posible mediante dos procedimientos fundamentales: la prolongación de la jornada laboral («plusvalía absoluta») y la reducción del tiempo de trabajo necesario («plusvalía relativa»). Al analizar el primer procedimiento, Marx despliega un grandioso cuadro de la lucha de la clase obrera por la reducción de la jornada laboral y de la intervención del poder estatal para prolongarla (siglos XIV–XVII) y para reducirla (legislación fabril del siglo XIX). Después de la aparición de *El Capital*, la historia del movimiento obrero de todos los países civilizados del mundo ha suministrado miles y miles de nuevos hechos que ilustran este cuadro.

Al analizar la producción de la plusvalía relativa, Marx investiga las tres etapas históricas fundamentales del aumento de la productividad del trabajo por el capitalismo: 1) la cooperación simple; 2) la división del trabajo y la manufactura; 3) la maquinaria y la gran industria. La profundidad con que Marx descubre aquí los rasgos básicos y típicos del desarrollo del capitalismo se puede ver, entre otras cosas, por el hecho de que las investigaciones de la llamada industria «artesanal» rusa proporcionan un riquísimo material para ilustrar las dos primeras de las tres etapas mencionadas. Y la acción revolucionaria de la gran industria maquinizada, descrita por Marx en 1867, se ha manifestado a lo largo del medio siglo transcurrido desde entonces en toda una serie de «nuevos» países (Rusia, Japón, etc.).

Prosigamos. Sumamente importante y nuevo es en Marx el análisis de la acumulación del capital, es decir, de la transformación de una parte de la plusvalía en capital, su utilización no para las necesidades o caprichos personales del capitalista, sino para una nueva producción. Marx mostró el error de toda la economía política clásica anterior (comenzando por Adam Smith), que suponía que toda la plusvalía transformada en capital se destinaba al capital variable. En realidad, se descompone en medios de producción más capital variable. En el proceso de desarrollo del capitalismo y de su transformación en socialismo reviste una enorme importancia el crecimiento más rápido de la parte del capital constante (en la suma total del capital) en comparación con la parte del capital variable.

La acumulación del capital, al acelerar la sustitución de obreros por la máquina y crear riqueza en un polo y miseria en el otro, engendra también el llamado «ejército industrial de reserva», el «excedente relativo» de obreros o la «sobrepoblación capitalista», que adopta formas sumamente diversas y hace posible al capital expandir la producción con extrema rapidez. Esta posibilidad, en relación con el crédito y la acumulación de capital en medios de producción, proporciona, entre otras cosas, la clave para comprender las crisis de sobreproducción que se produjeron periódicamente en los países capitalistas, primero, por término medio, cada 10 años, y luego en intervalos más prolongados y menos definidos. De la acumulación del capital sobre la base del capitalismo debe distinguirse la llamada acumulación originaria: la separación violenta del trabajador de los medios de producción, la expulsión del campesinado de la tierra, el robo de las tierras comunales, el sistema colonial y de deuda pública, los aranceles proteccionistas, etc. La «acumulación originaria» crea en un polo al proletariado «libre», y en el otro al poseedor de dinero, al capitalista.

Marx caracteriza la «tendencia histórica de la acumulación capitalista» con las siguientes célebres palabras: «La expropiación de los productores directos se lleva a cabo con el vandalismo más despiadado y bajo el acicate de las pasiones más mezquinas, más sucias, más ruines y más frenéticas. La propiedad privada, fruto del trabajo del propio propietario» (del campesino y del artesano), «basada, por así decirlo, en la fusión del trabajador individual e independiente con sus instrumentos y medios de trabajo, es desplazada por la propiedad privada capitalista, que se funda en la explotación de fuerza de trabajo ajena, pero formalmente libre... Ahora, el que debe ser expropiado ya no es el trabajador que lleva una economía independiente, sino el capitalista que explota a muchos obreros. Esta expropiación se realiza por el juego de las leyes inmanentes de la propia producción capitalista, mediante la centralización de los capitales. Un capitalista se impone sobre muchos capitalistas. De la mano de esta centralización o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos, se desarrolla la forma cooperativa del proceso de trabajo en magnitudes cada vez más extensas y amplias, se desarrolla la aplicación técnica consciente de la ciencia, la explotación planificada de la tierra, la transformación de los medios de trabajo en medios de trabajo que sólo admiten un empleo colectivo, la economización de todos los medios de producción al ser utilizados como medios de producción del trabajo social combinado, la inserción de todos los pueblos en la red del mercado mundial y, con ello, el carácter internacional del régimen capitalista. Junto con el número constantemente decreciente de magnates del capital que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso de transformación, crece la masa de miseria, opresión, esclavitud, degeneración, explotación, pero también la rebelión de la clase obrera, que es instruida, unida y organizada por el mecanismo mismo del proceso de producción capitalista. El monopolio del capital se convierte en un grillete del modo de producción que ha crecido junto con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que se tornan incompatibles con su envoltura capitalista. Ésta estalla. Suena la hora de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados» (*El Capital*, I){71}.

De importancia y novedad sumas es, además, el análisis que hace Marx en el tomo II de *El Capital* de la reproducción del capital social considerado en su conjunto. También aquí Marx aborda un fenómeno masivo, no individual, no una partícula aislada de la economía de la sociedad, sino toda esa economía en su conjunto. Corrigiendo el error antes señalado de los clásicos, Marx divide toda la producción social en dos grandes secciones: I) producción de medios de producción y II) producción de artículos de consumo, y examina detalladamente, por medio de los ejemplos numéricos que toma, la circulación del capital social en su conjunto, tanto en la reproducción simple como en la acumulación. En el tomo III de *El Capital* se resuelve el problema de la formación de la tasa media de ganancia sobre la base de la ley del valor. El gran paso adelante de la ciencia económica, representada por Marx, consiste en que el análisis se realiza desde el punto de vista de los fenómenos económicos masivos, del conjunto de la economía social, y no desde el punto de vista de casos aislados o de la superficie externa de la competencia, a lo que a menudo se limita la economía política vulgar o la moderna «teoría de la utilidad marginal». Marx analiza primero el origen de la plusvalía, y luego pasa a su descomposición en ganancia, interés y renta de la tierra. La ganancia es la relación de la plusvalía con todo el capital invertido en la empresa. Un capital de «alta composición orgánica» (es decir, con predominio del capital constante sobre el variable en proporciones superiores a la media social) da una tasa de ganancia inferior a la media. Un capital de «baja composición orgánica», superior a la media. La competencia entre los capitales, su libre traslado de una rama a otra, reduce la tasa de ganancia a la media en ambos casos. La suma de los valores de todas las mercancías de una sociedad dada coincide con la suma de los precios de las mercancías, pero en las empresas individuales y en las distintas ramas de la producción, bajo el influjo de la competencia, las mercancías se venden no por sus valores, sino por los precios de producción (o precios productivos), que equivalen al capital desembolsado más la ganancia media.

De esta manera, el hecho archiconocido e indiscutible de la desviación de los precios respecto a los valores y de la igualación de las ganancias es plenamente explicado por Marx sobre la base de la ley del valor, pues la suma de los valores de todas las mercancías coincide con la suma de los precios. Pero la reducción del valor (social) a los precios (individuales) no se produce por un camino simple ni directo, sino de un modo muy complejo: es perfectamente natural que, en una sociedad de productores de mercancías dispersos, vinculados únicamente por el mercado, la regularidad no pueda manifestarse más que como una regularidad media, social, de masas, al compensarse mutuamente las desviaciones individuales en uno u otro sentido.

El aumento de la productividad del trabajo significa un crecimiento más rápido del capital constante en comparación con el variable. Y como la plusvalía es función únicamente del capital variable, es comprensible que la tasa de ganancia (la relación de la plusvalía con todo el capital, y no sólo con su parte variable) tenga una tendencia a descender. Marx analiza detalladamente esta tendencia y una serie de circunstancias que la encubren o la contrarrestan. Sin extendernos en la exposición de los apartados sumamente interesantes del tomo III dedicados al capital usurario, comercial y dinerario, pasaremos a lo más importante: la teoría de la renta de la tierra. El precio de producción de los productos agrícolas, debido a la limitación de la superficie de tierra que se halla toda ella ocupada por explotaciones privadas en los países capitalistas, se determina por los costes de producción no en el suelo medio, sino en la tierra peor, no en condiciones medias, sino en las peores condiciones de transporte del producto al mercado. La diferencia entre este precio y el precio de producción en las tierras mejores (o en condiciones mejores) da la renta diferencial. Al analizarla en detalle, mostrando su origen a partir de la diferencia en la fertilidad de las distintas parcelas de tierra, de la diferencia en la magnitud de la inversión de capital en la tierra, Marx puso plenamente al descubierto (véanse también *Teorías sobre la plusvalía*, donde merece especial atención la crítica a Rodbertus) el error de Ricardo, según el cual la renta diferencial se obtendría sólo al pasar sucesivamente de las tierras mejores a las peores. Por el contrario, también se producen tránsitos en dirección inversa, se da la transformación de una categoría de tierras en otras (en virtud del progreso de la técnica agrícola, el crecimiento de las ciudades, etc.), y la famosa «ley de la fertilidad decreciente del suelo» constituye un profundo error, una forma de cargar sobre la naturaleza las deficiencias, limitaciones y contradicciones del capitalismo. Además, la igualdad de la ganancia en todas las ramas de la industria y de la economía nacional en general presupone la plena libertad de competencia, la libertad de trasvase de capital de una rama a otra. Pero la propiedad privada sobre la tierra crea un monopolio que obstaculiza ese libre trasvase. En virtud de este monopolio, los productos de la agricultura, que se distingue por una composición más baja del capital y, consiguientemente, por una tasa de ganancia individualmente más alta, no entran en el proceso plenamente libre de igualación de la tasa de ganancia; el propietario de la tierra, como monopolista, tiene la posibilidad de mantener el precio por encima de la media, y este precio de monopolio genera la renta absoluta. La renta diferencial no puede ser abolida mientras exista el capitalismo, mas la absoluta sí puede serlo —por ejemplo, mediante la nacionalización de la tierra, al pasar ésta a ser propiedad del Estado. Tal tránsito significaría la quiebra del monopolio de los propietarios privados, significaría la realización más consecuente y más plena de la libertad de competencia en la agricultura. Por eso, señala Marx, los burgueses radicales han reivindicado en la historia en repetidas ocasiones esta demanda burguesa progresista de nacionalización de la tierra, la cual, sin embargo, asusta a la mayoría de la burguesía, pues «afecta» demasiado de cerca a otro monopolio, en nuestros días particularmente importante y «sensible»: el monopolio de los medios de producción en general. (El propio Marx expuso de modo notablemente popular, sucinto y claro su teoría de la ganancia media sobre el capital y de la renta absoluta de la tierra en una carta a Engels del 2 de agosto de 1862. Véase la *Correspondencia*, t. III, págs. 77–81. Compárese también la carta del 9 de agosto de 1862, ibíd., págs. 86–87){72}. – En cuanto a la historia de la renta de la tierra, es importante señalar también el análisis de Marx que muestra la transformación de la renta en trabajo (cuando el campesino, con su trabajo en la tierra del terrateniente, crea un plusproducto) en renta en productos o en especie (el campesino produce en su tierra un plusproducto y lo entrega al terrateniente en virtud de una «coerción extraeconómica»), luego en renta dineraria (la misma renta en especie transformada en dinero, el «obrok» de la antigua Rus, en virtud del desarrollo de la producción mercantil) y, por último, en renta capitalista, cuando en lugar del campesino aparece un empresario agrícola que cultiva la tierra mediante el trabajo asalariado. En relación con este análisis de la «génesis de la renta capitalista de la tierra», hay que señalar una serie de profundas ideas de Marx (particularmente importantes para países atrasados como Rusia) sobre la evolución del capitalismo en la agricultura. «A la transformación de la renta en especie en renta dineraria no sólo la acompaña inevitablemente, sino que incluso la precede, la formación de una clase de jornaleros desposeídos que se alquilan por dinero. En el período de surgimiento de esta clase, cuando aún aparece sólo esporádicamente, entre los campesinos más acomodados, obligados al pago de renta, se desarrolla de manera natural la costumbre de explotar por cuenta propia a trabajadores rurales asalariados —exactamente igual que en la época feudal los campesinos siervos más acomodados mantenían, a su vez, siervos. Entre estos campesinos se desarrolla así, gradualmente, la posibilidad de acumular cierta fortuna y de transformarse ellos mismos en futuros capitalistas. Surge así, entre los antiguos poseedores de tierra que llevan una economía independiente, un semillero de arrendatarios capitalistas, cuyo desarrollo está condicionado por el desarrollo general de la producción capitalista fuera de la agricultura» (*El Capital*, III, 332){73}... «La expropiación y expulsión del campo de una parte de la población rural no sólo “libera” para el capital industrial a los trabajadores, sus medios de vida, sus instrumentos de trabajo, sino que también crea el mercado interior» (*El Capital*, I, 778){74}. El empobrecimiento y la ruina de la población rural desempeñan, a su vez, un papel en la creación del ejército industrial de reserva para el capital. En todo país capitalista, «una parte de la población rural se halla por eso constantemente en estado de transición hacia su transformación en población urbana o manufacturera (es decir, no agrícola). Esta fuente de población excedente relativa mana de continuo... El trabajador rural es reducido al nivel más bajo del salario y tiene siempre un pie en el pantano del pauperismo» (*El Capital*, I, 668){75}. La propiedad privada del campesino sobre la tierra que cultiva es la base de la pequeña producción y la condición de su florecimiento, de la adquisición de su forma clásica. Pero esta pequeña producción sólo es compatible con los estrechos y primitivos marcos de la producción y de la sociedad. Bajo el capitalismo, «la explotación de los campesinos se distingue de la explotación del proletariado industrial únicamente por la forma. El explotador es el mismo: el capital. Los capitalistas individuales explotan a los campesinos individuales mediante las hipotecas y la usura; la clase capitalista explota a la clase campesina mediante los impuestos estatales» (*Las luchas de clases en Francia*){76}. «La parcela (el pequeño lote de tierra) del campesino representa tan sólo un pretexto que permite al capitalista extraer de la tierra ganancia, interés y renta, dejando que el propio terrateniente se arregle como pueda para obtener su salario» (*El 18 Brumario*){77}. Por lo general, el campesino cede incluso a la sociedad capitalista, es decir, a la clase capitalista, una parte de su salario, descendiendo «hasta el nivel del arrendatario irlandés —bajo la apariencia de propietario privado» (*Las luchas de clases en Francia*){78}. ¿En qué consiste «una de las causas de que en los países con predominio de la pequeña propiedad campesina de la tierra el precio del trigo sea más bajo que en los países con modo capitalista de producción»? (*El Capital*, III, 340). En que el campesino entrega gratuitamente a la sociedad (es decir, a la clase capitalista) una parte del plusproducto. «Por consiguiente, ese bajo precio (del trigo y otros productos agrícolas) es consecuencia de la pobreza de los productores, y de ningún modo resultado de la productividad de su trabajo» (*El Capital*, III, 340). La pequeña propiedad territorial, forma normal de la pequeña producción, se degrada, se aniquila, perece bajo el capitalismo. «La pequeña propiedad territorial, por su propia esencia, excluye: el desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo, las formas sociales del trabajo, la concentración social de los capitales, la ganadería en gran escala, la aplicación cada vez mayor de la ciencia. La usura y el sistema de impuestos la llevan inevitablemente al empobrecimiento en todas partes. El empleo de capital para la compra de la tierra sustrae ese capital a su empleo en el cultivo de la tierra. La fragmentación infinita de los medios de producción y la dispersión de los propios productores.» (Las cooperativas, es decir, las asociaciones de pequeños campesinos, aunque desempeñan un papel burgués sumamente progresista, no hacen más que atenuar esta tendencia, pero no la suprimen; tampoco hay que olvidar que esas cooperativas dan mucho a los campesinos acomodados y muy poco, casi nada, a la masa de los pobres, y luego las propias asociaciones se convierten en explotadoras del trabajo asalariado.) «Gigantesco despilfarro de la fuerza humana. El empeoramiento cada vez mayor de las condiciones de producción y el encarecimiento de los medios de producción es la ley de la propiedad parcelaria (pequeña)»{79}. También en la agricultura, al igual que en la industria, el capitalismo sólo transforma el proceso de producción al precio de la «martirología de los productores». «La diseminación de los trabajadores rurales por grandes extensiones quiebra su fuerza de resistencia, mientras que la concentración de los trabajadores urbanos la aumenta. En la agricultura moderna, capitalista, lo mismo que en la industria moderna, el aumento de la fuerza productiva del trabajo y su mayor movilidad se compran al precio de la destrucción y el agotamiento de la propia fuerza de trabajo. Además, todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un progreso en el arte de expoliar al trabajador, sino también en el arte de expoliar el suelo... La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción más que socavando, al mismo tiempo, las fuentes de toda riqueza: la tierra y el trabajador» (*El Capital*, I, final del capítulo 13){80}.