«…En una noche, el panorama del mundo cambió… Cada cual echa la culpa al vecino. Cada cual se declara defensor, que actúa sólo en estado de legítima defensa. Todos defienden, por lo visto, únicamente sus más sagrados bienes, su hogar, su patria… La vanidad nacional y el ardor nacional triunfan… Incluso la gran clase obrera internacional… obedece la orden nacional y se matan unos a otros en los campos de batalla… Nuestra civilización ha quebrado… Escritores de fama europea no se avergüenzan de presentarse como furiosos y ciegos chovinistas… Creímos demasiado en que la locura imperialista podía ser frenada por el temor a la ruina económica… Estamos viviendo una descarnada lucha imperialista por la hegemonía en la tierra. En ninguna parte hay rastro de que se trate de grandes ideas, salvo, tal vez, del derrocamiento del minotauro ruso, el zar y sus grandes duques, que entregaban a los verdugos a los hombres más nobles de su país… ¿Pero no vemos cómo la noble Francia, portadora de los ideales de libertad, se convierte en aliada del zar verdugo? ¿Cómo la honesta Alemania… rompe su palabra y estrangula a la desdichada Bélgica neutral?.. ¿En qué terminará esto? Si la miseria llega a ser demasiado grande, si la desesperación se impone, si el hermano reconoce al hermano en el uniforme militar del enemigo, – tal vez ocurra todavía algo muy inesperado, tal vez las armas se vuelvan contra aquellos que azuzan a la guerra, tal vez los pueblos a quienes se ha impuesto el odio lo olviden, uniéndose de repente. No queremos hacer profecías, pero si la guerra europea nos acerca un paso a la república social europea, entonces esta guerra no habrá sido tan insensata como ahora parece».

¿De quién es esta voz? ¿Acaso de un socialdemócrata alemán?

¡Qué va! Se han convertido ahora, con Kautsky a la cabeza, en «lamentables charlatanes contrarrevolucionarios»{103}, como llamaba Marx a aquellos socialdemócratas alemanes que, inmediatamente después de promulgarse la ley contra los socialistas, se comportaban «a la manera actual», igual que Haase, Kautsky, Südekum y Cía. en nuestros días.

No, nuestra cita está tomada de la revista de los demócratas cristianos pequeño-burgueses, publicada por un grupo de buenos curitas en Zúrich («Neue Wege, Blätter für religiöse Arbeit», septiembre de 1914[12]). ¡A tal vergüenza hemos llegado: los filisteos creyentes en dios llegan a decir que no estaría mal volver las armas contra «los que azuzan a la guerra», mientras que los «autorizados» socialdemócratas, como Kautsky, defienden «científicamente» el chovinismo más vil o, como Plejánov, declaran que la prédica de la guerra civil contra la burguesía es una «utopía» perjudicial!!

Sí, si semejantes «socialdemócratas» desean estar en mayoría y constituir la «Internacional» oficial (– una unión para la justificación internacional del chovinismo nacional), ¿no sería mejor renunciar al nombre de «socialdemócratas», mancillado y envilecido por ellos, y volver al viejo nombre marxista de comunistas? Kautsky amenazó con hacerlo cuando los oportunistas bernsteinianos{104} parecían estar a punto de conquistar oficialmente el partido alemán. Lo que en sus labios fue una vana amenaza, se convertirá tal vez en una realidad para otros.

«Social-Demócrata» núm. 34, 5 de diciembre de 1914.

Se reproduce según el texto del periódico «Social-Demócrata».