El ponente dividió su informe en dos partes: aclaración del carácter de la guerra en cuestión y actitud de los socialistas hacia esta guerra.

Para un marxista, aclarar el carácter de la guerra es una premisa necesaria para decidir su actitud hacia ella. Para tal aclaración es necesario, ante todo, establecer cuáles son las condiciones objetivas y la situación concreta de la guerra en cuestión. Hay que situar esta guerra en el contexto histórico en el que se desarrolla, y solo entonces se podrá determinar la actitud hacia ella. De lo contrario, se obtendrá una interpretación no materialista, sino ecléctica del problema.

De acuerdo con la situación histórica, la correlación de clases, etc., la actitud hacia la guerra debe ser diferente en distintas épocas. Es absurdo negarse por principio y de una vez para siempre a participar en una guerra. Es absurdo, por otro lado, dividir las guerras en defensivas y ofensivas. Marx odiaba a Rusia en 1848 porque entonces la democracia en Alemania no podía triunfar y desarrollarse, unificar el país en un todo nacional único, mientras pesara sobre ella la mano reaccionaria de la atrasada Rusia.

Para aclarar su actitud hacia esta guerra, es necesario comprender en qué se diferencia de las guerras anteriores, cuáles son sus particularidades.

¿Ha dado la burguesía tal explicación? No. No solo no la ha dado, sino que en ningún caso la dará. A juzgar por lo que ocurre entre los socialistas, se podría pensar que tampoco ellos tienen una idea del carácter distintivo de esta guerra.

Y sin embargo, los socialistas la explicaron y previeron perfectamente. Más aún, no hay un solo discurso de un diputado socialista, ni un solo artículo de un publicista socialista, que no contenga esta explicación. Es tan simple que de algún modo no se le presta atención, y sin embargo da la clave para la actitud correcta hacia esta guerra.

La guerra actual es imperialista, y en ello reside su carácter fundamental.

Para aclararlo, hay que examinar qué fueron las guerras anteriores y qué es la guerra imperialista.

Lenin se detiene con bastante detalle en la caracterización de las guerras de finales del siglo XVIII y de todo el siglo XIX. Todas ellas fueron guerras nacionales, que acompañaron y contribuyeron a la creación de los Estados nacionales.

Estas guerras marcaron la destrucción del feudalismo y fueron la expresión de la lucha de la nueva sociedad burguesa contra la feudal. El Estado nacional constituía una fase necesaria en el desarrollo del capitalismo. La lucha por la autodeterminación de la nación, por su independencia, por la libertad del idioma, por la representación popular servía a este fin: la creación de los Estados nacionales, esa base necesaria, en determinada etapa del capitalismo, para el desarrollo de las fuerzas productivas.

Tal es el carácter de las guerras desde la Gran Revolución Francesa hasta las guerras italianas y prusianas.

Esta tarea de las guerras nacionales fue cumplida bien por la propia democracia, bien con la ayuda de Bismarck, independientemente de la voluntad y la conciencia de los propios participantes.

Para el triunfo de la civilización moderna, para el pleno florecimiento del capitalismo, para atraer a todo el pueblo, a todas las naciones al capitalismo: he aquí para qué sirvieron las guerras nacionales, las guerras del inicio del capitalismo.

Otra cosa es la guerra imperialista. Y en esto no había discrepancias entre los socialistas de todos los países y de todas las corrientes. En todos los congresos, siempre al discutir las resoluciones sobre la actitud ante una guerra posible, todos coincidían en que esa guerra sería imperialista. Todos los países europeos han alcanzado ya un mismo grado de desarrollo del capitalismo, todos ellos han dado ya todo lo que el capitalismo puede dar. El capitalismo ha alcanzado ya su forma superior y exporta ya no mercancías, sino capital. Se siente estrecho en su envoltura nacional, y ahora se libra la lucha por los últimos restos libres del globo terráqueo.

Si las guerras nacionales de los siglos XVIII y XIX marcaron el comienzo del capitalismo, las guerras imperialistas señalan su fin.

Todo el final del siglo XIX y el comienzo del siglo XX estuvieron colmados de política imperialista.

El imperialismo es lo que imprime un sello completamente particular a la guerra moderna, lo que la distingue de todas las anteriores.

Solo examinando esta guerra en su contexto histórico distintivo, como es obligatorio para un marxista, podemos aclarar nuestra actitud hacia ella. De lo contrario, estaremos operando con viejos conceptos, con argumentos aplicados a otra situación, a la vieja situación. A estos conceptos anticuados pertenecen la noción de patria y la mencionada división entre guerras defensivas y ofensivas.

Por supuesto, aún ahora hay en el vivo cuadro de la realidad manchas de vieja pintura. Así, de todos los países beligerantes, solo los serbios luchan aún por su existencia nacional. En la India y en China, los proletarios conscientes tampoco podrían seguir otro camino que el nacional, ya que sus países aún no se han constituido en Estados nacionales. Si China tuviera que librar para ello una guerra ofensiva, solo podríamos simpatizar con ella, porque objetivamente sería una guerra progresista. De igual modo, en 1848 Marx podía predicar una guerra ofensiva contra Rusia.

Así pues, el final del siglo XIX y el comienzo del XX se caracterizan por la política imperialista.

El imperialismo es un estado del capitalismo en el que este, habiendo cumplido todo lo que le es posible, gira hacia la decadencia. Es una época particular, no en la conciencia de los socialistas, sino en las relaciones de hecho. La lucha se libra por el reparto de los pedazos que quedan. Esta es la última tarea histórica del capitalismo. Cuánto tiempo durará esta época, no podemos decirlo. Quizás haya varias guerras de este tipo, pero es necesario tener clara conciencia de que no son en absoluto las mismas guerras que se libraban antes y de que, en correspondencia, las tareas que se plantean ante los socialistas cambian.

Ya pueden necesitarse organizaciones de un tipo completamente distinto para que el partido proletario resuelva estas nuevas tareas.

Kautsky, en su folleto «Weg zur Macht»[9], señalaba, examinando detallada y atentamente los fenómenos económicos y extrayendo de ellos conclusiones con suma cautela, que estamos entrando en una fase completamente distinta del anterior desarrollo pacífico y gradual…

Cuál debe ser la nueva forma de organización correspondiente a esta fase es difícil decirlo ahora. Pero está claro que, ante las nuevas tareas, el proletariado tendrá que crear nuevas organizaciones o modificar las viejas. Tanto más absurdo es el miedo a desbaratar la propia organización, que se manifiesta tan claramente entre los socialdemócratas alemanes, tanto más absurdo es ese legalismo a toda costa. Sabemos que el Comité de Petersburgo ha editado una hoja ilegal contra la guerra. Lo mismo han hecho la organización del Cáucaso y algunas otras organizaciones rusas. No hay duda de que en el extranjero también pueden hacerlo sin romper los vínculos.

La legalidad es, por supuesto, algo muy valioso, y con razón Engels decía: «¡Señores burgueses, sean los primeros en violar su legalidad!»{31}. Lo que está ocurriendo ahora tal vez enseñe a los socialdemócratas alemanes, ya que el gobierno, que siempre se vanagloriaba de su legalidad, la ha violado sin ningún reparo en toda la línea. En este sentido, la grosera orden del comandante de Berlín, que hizo imprimir en la primera página del «Vorwärts»{32}, puede resultar útil. Pero el propio «Vorwärts», después de que, bajo amenaza de ser clausurado, renegara de la lucha de clases y prometiera no tocarla hasta el fin de la guerra, ha terminado consigo mismo. Ha muerto, como acertadamente señaló el «Golos» (La Voz) de París, que es hoy el mejor periódico socialista de Europa. Cuanto más frecuente y profundamente he discrepado de Martov, con tanta mayor claridad debo decir que este escritor hace ahora precisamente lo que debe hacer un socialdemócrata. Critica a su gobierno, desenmascara a su burguesía, insulta a sus ministros. En cambio, los socialistas que, desarmados frente a su propio gobierno, se dedican a desenmascarar y denigrar a los ministros y clases gobernantes de otro país, desempeñan el papel de escritores burgueses. Y el propio Südekum desempeña objetivamente el papel de agente del gobierno alemán, como otros lo desempeñan respecto a los aliados franco-rusos.

Los socialistas que no se han dado cuenta de que la presente guerra es imperialista, que no la examinan históricamente, no comprenderán nada de esta guerra, y son capaces de imaginarla de un modo infantil e ingenuo, como si de noche uno hubiera agarrado a otro por el cuello y los vecinos tuvieran que salvar a la víctima del ataque o encerrarse cobardemente "con llave" (expresión de Plejánov) para evitar la pelea.

No nos dejemos engañar ni permitamos que los consejeros burgueses nos expliquen la guerra de manera tan simplista: que vivían en paz, uno atacó y el otro se defiende.

El camarada Lenin lee un extracto del artículo de Luzzatti, publicado en un periódico italiano. En este artículo, el político italiano se alegra de que el gran vencedor de la guerra haya resultado ser... la patria, el concepto de patria, y repite: hay que recordar las palabras de Cicerón de que "la mayor calamidad es la guerra civil".

He aquí lo que han conseguido los burgueses, he aquí lo que más les preocupa, les alegra, en lo que han gastado una masa de medios y esfuerzos. Intentan convencernos de que ésta es la misma guerra nacional, habitual.

Pero no. La época de las guerras nacionales ha pasado. Tenemos ante nosotros una guerra imperialista, y la tarea de los socialistas es transformar la guerra "nacional" en guerra civil.

Todos esperábamos esta guerra imperialista, nos preparábamos para ella. Y si es así, entonces no importa en absoluto quién atacó; todos se preparaban para la guerra, y atacó quien en ese momento lo consideraba más ventajoso.

A continuación, el camarada Lenin pasa a definir el concepto de "patria" desde el punto de vista socialista.

Este concepto está definido con precisión y claridad en el "Manifiesto Comunista", en páginas brillantes que han sido totalmente verificadas y justificadas por la experiencia. Lenin lee un extracto del "Manifiesto Comunista", en el que el concepto de patria se examina como una categoría histórica, que corresponde al desarrollo de la sociedad en una determinada etapa de la misma y que luego se vuelve superflua. El proletariado no puede amar lo que no tiene. El proletariado no tiene patria.

¿Cuáles son las tareas de los socialistas en la presente guerra?

El camarada Lenin lee la resolución de Stuttgart, confirmada y completada luego en Copenhague y Basilea. En esta resolución se indican claramente los métodos de lucha de los socialistas contra las tendencias que conducen a la guerra, y sus deberes con respecto a la guerra ya desatada. Estos deberes se definen con los ejemplos de la revolución rusa y la Comuna de París. La resolución de Stuttgart fue redactada con cautela, teniendo en cuenta todo tipo de leyes penales, pero la tarea está indicada allí claramente. La Comuna de París es una guerra civil. De qué forma, cuándo y dónde es otra cuestión, pero la dirección de nuestro trabajo está claramente definida.

Desde este punto de vista, el camarada Lenin examina luego las posiciones adoptadas en realidad por los socialistas de diversos países. Además de los serbios, cumplieron con su deber los rusos, como lo señala el "Avanti!" italiano, lo cumple Keir Hardie, desenmascarando la política de Edward Grey.

Una vez comenzada la guerra, es impensable apartarse de ella. Hay que ir y hacer el trabajo de socialista. En la guerra la gente piensa y reflexiona, quizás aún más que "en casa". Hay que ir allí y organizar al proletariado para el objetivo final, pues es una utopía pensar que el proletariado llegará a él por la vía pacífica. No se puede pasar del capitalismo al socialismo sin romper los marcos nacionales, como tampoco se pudo pasar del feudalismo al capitalismo sin ideas nacionales.

Anuncio del informe de V. I. Lenin "La guerra europea y el socialismo". – 2 (15) de octubre de 1914. (Reducido)

"Golos" núms. 37 y 38, 25 y 27 de octubre de 1914.

Se publica según el texto del periódico "Golos"