«Nuestras tesis, elaboradas por el Comité Central del partido —comienza su discurso el camarada Lenin—, fueron enviadas a los italianos, y muchas de ellas, por desgracia no todas, entraron en la resolución de Lugano»{27}.

La primera parte del informe de Plejánov, dedicada a la caracterización de la traición de los socialdemócratas alemanes, gustó mucho al oponente, pero no se puede decir lo mismo de la segunda parte, en la que Plejánov intentó justificar plenamente la posición de los socialistas franceses.

¿Cómo se puede defender el socialismo francés, que llamó a los italianos a la guerra? Incluso en las resoluciones sumamente elásticas de la Internacional es difícil encontrar pasajes que justifiquen este llamamiento.

La guerra actual ha mostrado qué enorme ola oportunista se ha levantado de las entrañas del socialismo europeo. Los oportunistas europeos, para su rehabilitación, intentaron recurrir al viejo y manido argumento de la «integridad de la organización». Los ortodoxos alemanes renunciaron a su posición para conservar la unidad formal del partido. Él, el camarada Lenin, siempre señaló el oportunismo que se oculta en semejante planteamiento de la cuestión, siempre luchó contra el conciliacionismo que sacrifica los principios. Todas las resoluciones de Vandervelde y Kautsky adolecían de esta inclinación oportunista: el suavizamiento de las contradicciones evidentes. Kautsky incluso llegó, en su artículo «Sobre la guerra»{28}, a justificar a todos, declarando que todos tienen razón desde su punto de vista, pues subjetivamente se consideran en peligro y subjetivamente consideran pisoteado su derecho a la existencia. Por supuesto, en los franceses semejante estado de ánimo era más comprensible desde el punto de vista de la psicología del momento, de la humanidad, y por eso más simpático, pero de todos modos el socialismo no puede razonar partiendo únicamente del miedo a la agresión, y hay que decir francamente que en la conducta de los franceses hubo más chovinismo que socialismo.

Plejánov, prosigue Lenin, critica a aquellos camaradas que afirman que no se puede discernir quién atacó primero. Según la opinión del oponente, la guerra actual no es en absoluto una casualidad, dependiente de tal o cual ataque, sino que está preparada por todas las condiciones del desarrollo de la sociedad burguesa. Fue predicha hace tiempo y precisamente en esta combinación y precisamente por esta línea. El Congreso de Basilea habló claramente de ella e incluso previó que el pretexto para el conflicto sería Serbia.

A continuación, el camarada Lenin explica en qué consiste el deber de los socialistas durante la guerra. Los socialdemócratas cumplen con su deber sólo cuando luchan contra la embriaguez chovinista de su país. Y el mejor ejemplo de este deber cumplido son los socialdemócratas serbios{29}.

Sin olvidar las palabras de Marx de que «los obreros no tienen patria», el proletariado debe tomar parte no en defender los viejos marcos de los Estados burgueses, sino en crear los nuevos marcos de las repúblicas socialistas. Y las amplias masas del proletariado no pueden dejar de comprender esto con su instinto certero. Lo que ocurre ahora en Europa no es otra cosa que una especulación con los peores y, al mismo tiempo, más arraigados prejuicios. «Nuestra tarea —dice Lenin— no consiste en nadar a favor de la corriente, sino en convertir la guerra nacional, la guerra falsamente nacional, en un choque decisivo del proletariado con las clases gobernantes».

Criticando luego la entrada de los socialistas en el ministerio, Lenin señala la responsabilidad que asumen los socialistas al solidarizarse con todas las medidas del gobierno.

«Es mejor irse a un país neutral y desde allí decir la verdad, es mejor dirigirse al proletariado con la palabra libre e independiente, que convertirse en ministro», —así concluye su breve discurso el oponente.

«Golos» n.° 33, 21 de octubre de 1914.

Se publica según el texto del periódico «Golos»