Se nos comunica de fuentes de toda confianza que recientemente tuvo lugar una reunión de dirigentes del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia sobre la cuestión de la guerra europea. Esta reunión no tenía un carácter plenamente oficial, ya que el Comité Central del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia no había podido reunirse todavía debido a la gran cantidad de detenciones y a las persecuciones inauditas del gobierno zarista. Pero sabemos con absoluta certeza que la reunión de la que se trata expresaba realmente las opiniones de los círculos más influyentes del Partido POSDR.

La reunión aprobó la siguiente resolución, cuyo texto completo presentamos como documento:

Resolución del grupo de socialdemócratas

1) La guerra europea y mundial tiene el carácter claramente definido de una guerra burguesa, imperialista y dinástica. La lucha por los mercados y el saqueo de países extranjeros, el afán de sofocar el movimiento revolucionario del proletariado y la democracia en el interior de los países, el afán de engañar, dividir y matar a los proletarios de todos los países, azuzando a los esclavos asalariados de una nación contra los esclavos asalariados de otra, en beneficio de la burguesía: tal es el único contenido y significado real de la guerra.

2) La conducta de los dirigentes del partido socialdemócrata alemán, el partido más fuerte e influyente de la II Internacional (1889–1914), que votó a favor de los créditos de guerra y repite las frases burguesas-chovinistas de los junkers prusianos y de la burguesía, es una traición directa al socialismo{2}. En ningún caso, ni aun suponiendo una debilidad absoluta de este partido y la necesidad de someterse temporalmente a la voluntad de la mayoría burguesa de la nación, puede justificarse la conducta de los dirigentes del partido socialdemócrata alemán. En realidad, este partido ha aplicado en este momento una política nacional-liberal.

3) La misma condenación merece la conducta de los dirigentes de los partidos socialdemócratas belga y francés, que han traicionado al socialismo al entrar en ministerios burgueses{3}.

4) La traición al socialismo de la mayoría de los dirigentes de la II Internacional (1889–1914) significa la bancarrota ideológica y política de esta Internacional. La causa fundamental de esta bancarrota es el predominio real en ella del oportunismo pequeñoburgués, cuyo carácter burgués y cuyo peligro habían sido señalados desde hace tiempo por los mejores representantes del proletariado revolucionario de todos los países. Hace ya mucho que los oportunistas vienen preparando la bancarrota de la II Internacional, al negar la revolución socialista y sustituirla por el reformismo burgués; al negar la lucha de clases, con su necesaria transformación, en ciertos momentos, en guerra civil, y al predicar la colaboración de clases; al predicar un chovinismo burgués bajo la apariencia de patriotismo y defensa de la patria, e ignorar o negar la verdad fundamental del socialismo, expuesta ya en el «Manifiesto Comunista», de que los obreros no tienen patria{4}; al limitarse en la lucha contra el militarismo a un punto de vista sentimental y pequeñoburgués, en vez de reconocer la necesidad de la guerra revolucionaria de los proletarios de todos los países contra la burguesía de todos los países; al convertir la necesaria utilización del parlamentarismo burgués y de la legalidad burguesa en la fetichización de esta legalidad y en el olvido de la obligatoriedad de las formas ilegales de organización y de agitación en épocas de crisis. Una de las tribunas internacionales del oportunismo, el «Sozialistische Monatshefte»{5} alemán, que hace ya tiempo adoptó una posición nacional-liberal, celebra ahora con toda razón su victoria sobre el socialismo europeo. El llamado «centro» del partido socialdemócrata alemán y de otros partidos socialdemócratas ha capitulado de hecho cobardemente ante los oportunistas. La tarea de la futura Internacional debe ser la de librarse de manera irrevocable y decidida de esta corriente burguesa en el socialismo.

5) De los sofismas burgueses y chovinistas con que las masas son engañadas en particular por los partidos burgueses y los gobiernos de las dos principales naciones rivales del continente –la alemana y la francesa– y que repiten como esclavos los oportunistas socialistas que se arrastran tras la burguesía, tanto los francos como los solapados, es necesario señalar y estigmatizar especialmente los siguientes: cuando los burgueses alemanes invocan la defensa de la patria, la lucha contra el zarismo, la salvaguardia de la libertad de desarrollo cultural y nacional, mienten, porque los junkers prusianos, con Guillermo a la cabeza, y la gran burguesía de Alemania han seguido siempre una política de defensa de la monarquía zarista, y no dejarán en ningún caso, sea cual fuere el desenlace de la guerra, de concentrar sus esfuerzos en sostenerla; mienten, porque de hecho la burguesía austríaca emprendió una expedición de saqueo contra Serbia, y la alemana oprime a los daneses, polacos y franceses de Alsacia-Lorena, mientras libra una guerra ofensiva contra Bélgica y Francia con el fin de despojar a países más ricos y más libres, organizando la ofensiva en el momento que le pareció más oportuno para utilizar sus últimos perfeccionamientos en la técnica militar, y en vísperas de la aplicación del denominado gran programa militar por parte de Rusia.

Cuando los burgueses franceses invocan igualmente la defensa de la patria, etc., también mienten, porque en realidad defienden a los países más atrasados y de desarrollo capitalista más lento, contratando con sus millardos a las bandas reaccionarias del zarismo ruso para una guerra ofensiva, es decir, para despojar a las tierras austríacas y alemanas.

Ninguno de los dos grupos beligerantes de naciones cede en nada al otro en lo que a crueldades y barbarie de la guerra se refiere.

6) La tarea de la socialdemocracia de Rusia es en particular y en primer término la lucha despiadada e incondicional contra el chovinismo gran ruso y zarista-monárquico y contra su defensa sofística por parte de los liberales rusos, de los kadetes{6}, de parte de los populistas{7} y de otros partidos burgueses. Desde el punto de vista de la clase obrera y de las masas trabajadoras de todos los pueblos de Rusia, un mal menor sería la derrota de la monarquía zarista y de sus tropas, que oprimen a Polonia, Ucrania y a toda una serie de pueblos de Rusia y azuzan los odios nacionales para reforzar la opresión de los grandes rusos sobre las demás nacionalidades y para consolidar el reaccionario y bárbaro gobierno de la monarquía zarista.

7) Las consignas de la socialdemocracia en el momento actual deben ser:

en 1<sup>er</sup> lugar, una propaganda amplia, que se extienda también al ejército y al teatro de la guerra, de la revolución socialista y de la necesidad de dirigir las armas, no contra los propios hermanos, los esclavos asalariados de otros países, sino contra los gobiernos y partidos reaccionarios y burgueses de todos los países. Necesidad absoluta de organizar para dicha propaganda, en todos los idiomas, células y grupos ilegales en el ejército de todas las naciones. Lucha despiadada contra el chovinismo y el «patriotismo» de los filisteos y los burgueses de todos los países sin excepción. Contra los jefes de la Internacional actual que han traicionado al socialismo, es obligado apelar a la conciencia revolucionaria de las masas obreras, que cargan con todo el peso de la guerra y que en la mayoría de los casos son hostiles al oportunismo y al chovinismo;

en 2.º lugar, la propaganda, como una de las consignas más inmediatas, de la república alemana, polaca, rusa, etc., junto con la transformación de todos los Estados por separado de Europa en los Estados Unidos Republicanos de Europa{8};

en 3<sup>er</sup> lugar, en particular la lucha contra la monarquía zarista y el chovinismo gran ruso, paneslavista, y la prédica de la revolución en Rusia, así como de la liberación y la autodeterminación de los pueblos oprimidos por Rusia, con las consignas inmediatas de la república democrática, la confiscación de las tierras de los terratenientes y la jornada de 8 horas.

Escrito en agosto, a más tardar el 24 (6 de septiembre) de 1914.

Publicado por primera vez íntegramente en 1929 en la 2.ª y 3.ª edición de las Obras de V. I. Lenin, t. XVIII; la introducción, en 1948 en la 4.ª edición de las Obras de V. I. Lenin, t. 21.

Se reproduce según la copia escrita por N. K. Krúpskaya, revisada y corregida por V. I. Lenin; la introducción, según el manuscrito.