A juzgar por algunas declaraciones fragmentarias de los liquidacionistas en el congreso letón y por las insinuaciones en la prensa, uno de los planes de engaño «unificacionista» por su parte es el proyecto de un «congreso general».

Este proyecto, con el que evidentemente se pretende atrapar a extranjeros crédulos, consiste aproximadamente en lo siguiente: se crea un comité organizador «federativo» para la convocatoria de un congreso general, o bien el Comité Central de nuestro partido se «completa» con representantes de alguna de las organizaciones liquidacionistas para convocar un congreso general.

Este plan, en cualquiera de sus formas, es para nosotros absolutamente inaceptable, y si de una u otra manera surge en la «conferencia» de Bruselas, la delegación del CC deberá declarar:

No podemos dar ningún paso en absoluto hacia un congreso general, o una federación, o un acercamiento, ni siquiera en el más mínimo grado, hasta que el grupo liquidacionista no satisfaga las condiciones que hemos planteado. Pues, salvo después de que ellos cumplan estas condiciones, es imposible por nuestra parte otorgar la más mínima confianza a un grupo liquidacionista, excluido del partido y que diariamente continúa en su periódico una labor desorganizadora.

Otorgar confianza por nuestra parte a este grupo significaría alentarlo a continuar su labor desorganizadora. Y nosotros exigimos, sobre la base de las decisiones de nuestros congresos, conferencias y del CC, el cese de tal actividad de los liquidacionistas, como conditio sine qua non de la «paz».

El encubrimiento de los liquidacionistas por grupos u organizaciones no excluidos formalmente del partido (por ejemplo, el Bund o la Oficina Regional del Cáucaso o «los seis» diputados, etc.) no cambia en absoluto las cosas. Desde el punto de vista del trabajo en Rusia, solo una cosa es esencial y real: precisamente este grupo de liquidacionistas con su periódico, que llama a violar la voluntad de la mayoría.

Que el Bund, «los seis» diputados de Chjeidze y otros, o el Comité Regional del Cáucaso, o Trotsky, o el Comité Organizador, o quien sea, si desean un acercamiento con nosotros, primero consigan la aceptación de nuestras condiciones por parte del grupo liquidacionista, o lo condenen resueltamente y rompan con él. Sin esto, no se puede ni hablar de los más mínimos pasos que expresen nuestra confianza hacia el grupo liquidacionista.

Que aquellos que realmente quieren la unidad de la socialdemocracia rusa no se hagan ilusiones y no cedan a las garantías subjetivas, a las promesas, etc. Hay un, y solo un, camino hacia la unidad: inducir a la minoría, que se ha ido del partido ilegal, desorganizándolo y saboteando el trabajo y la voluntad de la mayoría, a romper con su práctica y demostrar con hechos el deseo de respetar la voluntad de la mayoría.

Cualquier estímulo, directo o indirecto, al grupo liquidacionista en su comportamiento actual, o infundirle la esperanza de la posibilidad de una «federación», o «reconciliación», o «congreso general», o «acercamiento», etc., con este grupo, mientras no cese su actividad actual y no pase en la práctica a subordinarse a la voluntad de la mayoría, no conducirá a nada. El partido socialdemócrata obrero de Rusia, que ha unido a 4/5 de los obreros conscientes, no permitirá que se saboteé su voluntad.

Que aquellos grupos o instituciones que se «aseguran» a sí mismos y a otros que los liquidacionistas no son tan malos (el Bund, el Comité Organizador, el Comité Regional del Cáucaso) comprendan que no necesitamos palabras, sino hechos. Que ellos, si confían en los liquidacionistas, organicen su propio congreso con ellos, propongan a ese congreso nuestras condiciones y consigan de los liquidacionistas una respuesta favorable y el cumplimiento de estas condiciones en la práctica. Nosotros observaremos los resultados, esperaremos hechos, pues no creemos en promesas.

Solo después del cumplimiento real de nuestras condiciones, y únicamente después de esto, será posible un congreso general y los pasos hacia él.

Los camaradas socialistas del extranjero a veces se equivocan de manera especialmente grave cuando piensan ayudar a la unidad, infundiendo a los liquidacionistas la esperanza de que trabajaremos con ellos sin un cambio completo y radical de su comportamiento por parte de los liquidacionistas, sin su subordinación a la voluntad de la mayoría. No es una ayuda a la unidad, sino una ayuda a los escisionistas: he aquí a lo que se reduce objetivamente tal táctica.

Nuestras condiciones son nuestro proyecto de «pacte d'unité» (pacto de unidad), y hasta que los liquidacionistas no firmen este pacto, hasta que no lo cumplan en la práctica, no se puede ni hablar de ningún paso hacia el acercamiento.