Cuando los marxistas hablan del aventurerismo de ciertos grupúsculos, tienen en cuenta los rasgos histórico-sociales completamente definidos de un fenómeno con el que debe estar familiarizado todo obrero consciente.

La historia de la socialdemocracia rusa está plagada de grupúsculos que surgían «por una hora», por unos meses, sin tener raíces en las masas (y la política sin masas es una política aventurera), sin ninguna idea seria y sólida. En un país pequeñoburgués, en un período histórico de transformaciones burguesas, es inevitable que a los obreros se adhiera una intelectualidad diversa e inevitablemente surjan intentos de crear por su parte grupúsculos de toda laya, aventureros en el sentido indicado de la palabra.

Los obreros que no quieran dejarse engañar deben verificar rigurosamente cada grupúsculo, tanto desde el punto de vista de la seriedad de sus ideas como del de sus raíces en las masas. No creer bajo palabra, comprobar con el máximo rigor: he ahí la consigna de los obreros marxistas.

Recordemos la lucha entre el «iskrismo» y el «economismo», en los años 1895–1902. Fueron dos corrientes del pensamiento socialdemócrata: una, proletaria y marxista, verificada por la campaña de tres años de «Iskra», verificada por todos los obreros de vanguardia, que reconocieron como suyas las resoluciones precisas, claras y definidas sobre la táctica y la organización «iskristas»; el «Economismo» era una corriente burguesa, oportunista, que subordinaba a los obreros a los liberales.

Además de estas dos corrientes serias, hubo una multitud de grupúsculos sin suelo («Svoboda», «Bor'ba»{95}, el grupo de las Hojas de Berlín, etc.), que hace mucho cayeron en el olvido. En esos grupúsculos había no pocos socialdemócratas honestos y concienzudos, pero resultaron aventureros en el sentido de que no tenían ni ideas, programa, táctica u organización sólidos y serios, ni raíces en las masas.

Así, y solo así, estudiando la historia, ahondando en el significado ideológico de una prédica determinada, verificando las frases con hechos, deben abordar las personas serias la evaluación de las corrientes y los grupúsculos actuales.

Creer bajo palabra es propio solo de los tontos.

El «Pravdismo» es una corriente que ha dado respuestas marxistas precisas, resoluciones (1908, 1910, 1912, 1913 – febrero y verano) sobre todas las cuestiones de táctica, organización y programa. La continuidad de estas resoluciones con las de la vieja «Iskra» (1901–1903) se ha mantenido con el máximo rigor, sin hablar ya del Congreso de Londres (1907). La justeza de esas resoluciones ha sido verificada por la experiencia de 5–6 años (1908–1914) de todos los obreros de vanguardia, que las reconocieron como suyas. El «Pravdismo» ha unificado de hecho a 4/5 de los obreros conscientes de Rusia (5300 grupos obreros socialdemócratas de un total de 6700 en dos años y medio).

El liquidacionismo es una corriente. Tiene casi 20 años de historia, pues es la continuación directa del «Economismo» (1895–1902) y un producto del menchevismo (1903–1908). Las raíces liberal-burguesas y el contenido liberal-burgués de esta corriente han sido reconocidos por las resoluciones (1908 y 1910; ¡no en vano los liquidacionistas temen incluso publicarlas íntegramente!). Las ideas liberales de los liquidacionistas son coherentes y se entrelazan: abajo la clandestinidad, abajo las ballenas, por un partido abierto, contra la «fiebre huelguística», contra las formas superiores de lucha, etc. La simpatía hacia los liquidacionistas en la «sociedad» liberal-burguesa, entre los kadetes y entre la intelectualidad sin partido (y cuasi-partidaria) es antigua y sólida. El liquidacionismo es serio, solo que no es una corriente marxista ni proletaria, sino liberal-burguesa. De la «paz» con los liquidacionistas solo pueden hablar personas sin cabeza.

Tomemos ahora todos los demás grupúsculos que quisieran ser también «corrientes». Enumerémoslos: 1) los vperiodovtsi con Aleksinski; 2) los mismos con Bogdánov; 3) los mismos con Voinov; 4) los plejanovistas; 5) los «bolcheviques-partidarios» (en realidad, conciliadores: Mark Zommer y sus allegados); 6) los trotskistas (es decir, Trotski, sin siquiera Semkovski); 7) los «caucasianos» (es decir, An – sin el Cáucaso).

Hemos enumerado los grupúsculos de los que se ha hablado en la prensa; en Rusia y en el extranjero han declarado que desean ser «corrientes» y grupos particulares. Hemos procurado enumerar todos los grupúsculos rusos, dejando de lado los no rusos.

Todos estos grupúsculos, sin una sola excepción, son puro aventurerismo.

¿Por qué? ¿Dónde está la prueba? –preguntará el lector.

La prueba es la historia del último decenio (1904–1914), el más rico en acontecimientos y el más significativo. Los personajes de todos los grupúsculos mencionados han mostrado en estos 10 años las vacilaciones más impotentes, las más lamentables, las más risibles en las cuestiones serias de táctica y organización; han mostrado una incapacidad total para crear corrientes que tengan raíces en las masas.

Tomemos al mejor de todos, Plejánov. Sus méritos personales son enormes en el pasado. En 20 años, de 1883 a 1903, produjo una gran cantidad de obras magníficas, especialmente contra los oportunistas, los machistas, los populistas.

Pero desde 1903, en cuestiones de táctica y organización, Plejánov vacila de la manera más ridícula: 1) agosto de 1903: bolchevique; 2) noviembre de 1903 (núm. 52 de «Iskra»): por la paz con los «oportunistas»-mencheviques; 3) diciembre de 1903: menchevique y furibundo; 4) primavera de 1905, tras la victoria de los bolcheviques: por la «unidad» de los «hermanos enemistados»; 5) desde fines de 1905 hasta mediados de 1906: menchevique; 6) mediados de 1906: comienza a veces a alejarse de los mencheviques y en Londres, en 1907, les reprocha (reconocimiento de Cherevanin) su «anarquismo organizativo»; 7) 1908: ruptura con los liquidacionistas; 8) 1914: nuevo giro hacia los liquidacionistas. Plejánov predica la «unidad» con ellos, sin ser capaz de decir dos palabras claras sobre cuáles son las condiciones de la unidad, por qué se ha hecho posible con el señor Potrésov, dónde están las garantías del cumplimiento de unas u otras condiciones.

Tras la experiencia de semejante decenio, respondemos de que Plejánov es capaz de producir salpicaduras, pero aquí no hay ni habrá «corriente».

Comprendemos perfectamente a los pravdistas que publicaban de buen grado los artículos de Plejánov contra los liquidacionistas: ¿acaso podían los pravdistas rechazar artículos que aplicaban plenamente las resoluciones de 1908 y 1910 contra los liquidacionistas? Plejánov se ha puesto ahora a repetir, tras los liquidacionistas, tras Bogdánov y otros, las frases sobre la unidad de «todas las corrientes». Condenamos de manera tajante este procedimiento, contra el cual hay que librar una lucha despiadada.

En ningún lugar del mundo los partidos obreros unen a grupúsculos y «corrientes» intelectuales, sino que unen a los obreros bajo las condiciones de: 1) reconocer y poner en práctica determinadas resoluciones marxistas sobre las cuestiones de táctica y organización; 2) someter la minoría de los obreros conscientes a su mayoría.

Esta unidad, sobre la base de la renuncia incondicional a la clandestinidad por parte de sus adversarios, ha sido realizada por los pravdistas durante dos años y medio (1912–1914) en sus 4/5. Por mucho que las gentes vacías insulten a los pravdistas tachándolos de fraccionalistas, escisionistas, etc., el hecho de la unidad obrera no desaparecerá por esas frases e insultos...

Plejánov amenaza ahora con destruir esta unidad de la mayoría. Declaramos a los obreros, serena y firmemente: no crean en las palabras, compruébenlas con los hechos, y verán que cada paso de cada uno de los grupúsculos aventureros mencionados revela con creciente evidencia sus vacilaciones impotentes y lamentables.

«Rabochi» n.º 7, 9 de junio de 1914. Firmado: V. Ilín

Se publica según el texto del periódico «Rabochi».