Está claro que la lucha abierta contra los liquidadores debía estallar con especial fuerza y nitidez en relación con la formación de la fracción obrera independiente del POSDR en la Duma de Estado. Imposible imaginar un pretexto más cómodo y plausible para que los liquidadores del partido (y sus defensores directos y encubiertos) gritaran sobre la «unidad». Para el enfoque filisteo de la cuestión, todo se reduce aparentemente a si son uno o dos los grupos en la Duma que desean llamarse socialdemócratas; y el filisteo es incapaz, e incluso teme, dilucidar la voluntad de quién ejecuta uno u otro grupo, dónde están las decisiones de la mayoría de los obreros conscientes y organizados, qué es la «clandestinidad».

Por eso, si en algún punto estaba asegurada para los liquidadores la simpatía de los filisteos y los burgueses, a quienes les importa un bledo un tal «partido», era precisamente en el punto del llamado «cisma» de la fracción socialdemócrata de la Duma. Los lamentos de los pequeño-burgueses que desean llamarse socialdemócratas nunca fueron tan ruidosos y tan lastimeros. El carácter abierto de todo lo sucedido facilitaba especialmente la participación de los obreros y del público en su valoración, y el periódico *Pravda*, al unísono con el periódico de los liquidadores, llamaba al proletariado consciente a manifestar su opinión.

Ambos periódicos empezaron a llenarse de cartas, declaraciones y resoluciones de los obreros.

Han pasado ya muchos meses desde la formación (a finales de octubre de 1913) de la fracción obrera independiente del POSDR. La campaña de resoluciones en ambos periódicos a favor de los «seis» (la fracción obrera del POSDR) y a favor de los «siete» (los liquidadores) ya ha concluido.

Cabe preguntarse: ¿cuáles son sus resultados?

Sobre esto tenemos, ante todo, la siguiente declaración del señor L. Mártov en el núm. 10–11 de *Nasha Zariá*:

«¿Cómo reaccionó –escribe el señor L. Mártov– el proletariado ante el cisma de la fracción de la Duma, que él estaba acostumbrado a imaginar como un todo único? Es difícil (¡??) juzgarlo sobre la base de los datos disponibles en la prensa. Unos diez mil y pico de obreros se pronunciaron sobre esta cuestión en *Nóvaya Rabóchaya Gazeta* y en *Za Pravdu*. De este número, *algo más de la mitad* (cursiva nuestra) aprobó la acción de los “seis”. ¡Pero la importancia de esta ventaja *se ve disminuida* (¡escuchen!) por el hecho de que contra el cisma y, por consiguiente, a favor de la mayoría de la fracción socialdemócrata *se pronunció una multitud de colectivos del partido*, entre ellos algunos que agrupan una cantidad comparativamente considerable de obreros» (*N. Z.*, 1913, núm. 10–11, pág. 97).

He aquí íntegramente el razonamiento del señor Mártov, que nos muestra por milésima vez de manera palpable sus procedimientos, verdaderamente propios de Burenin, de tergiversación de la verdad.{147} ¡«Algo más de la mitad»! ¿Cabe acaso una expresión más evasiva? Tanto el 51 como el 99 de 100 serán «algo más de la mitad».

¿De qué manera una multitud de colectivos del partido puede «disminuir» la ventaja? En primer lugar, aquí tampoco hay cifras; por «multitud» cualquiera puede entender lo que quiera; la formulación parece inventada por el señor Mártov precisamente a propósito para ocultar la verdad. En segundo lugar –y esto es lo principal–, si la multitud de colectivos supuestamente del partido tiene detrás a la parte menor de los obreros, entonces está claro que esos colectivos son ficticios. Pues solo un lector completamente ignorante o desatento creerá al señor L. Mártov que sea posible un colectivo no ficticio que no hubiera reunido en el periódico todos los votos de los obreros representados por él sobre una cuestión importante y candente.

El señor L. Mártov se ha pasado de listo. Ha reconocido no solo que la mayoría de los obreros condenó a la parte liquidadora de la fracción socialdemócrata, los «siete», sino también que los señores liquidadores alardean de colectivos ficticios detrás de los cuales no hay obreros.

Al reconocer la derrota, el señor Mártov, con la referencia a «colectivos» ficticios, intentó, al estilo de Burenin, ocultar las dimensiones de la derrota. Y en esto está toda la esencia de la cuestión. Y sobre estas dimensiones, ¡las cifras exactas ya fueron publicadas y comunicadas a los amigos de Mártov en la sesión del Buró Socialista Internacional del 1 (14) de diciembre de 1913! ¿Por qué los liquidadores no han dicho ni una sola palabra en la prensa sobre estas cifras? ¿No será porque tienen la conciencia sucia?

Estas cifras daban los totales hasta el 20 de noviembre de 1913. Se tomaron solo las firmas bajo las intervenciones de los obreros, es decir, los datos más precisos, que nunca fueron refutados en absoluto. Los totales mostraron: 4.850 firmas a favor de los «seis» y un total de solo 2.539 (de ellas 1.086 del Bund y 636 del Cáucaso) a favor de los liquidadores, es decir, a favor de los «siete».

Piensen ahora cómo debe caracterizarse el proceder de un escritor que intenta convencer al público de que la ventaja de los adversarios del liquidacionismo «se ve disminuida» por la «multitud» de colectivos (ficticios) que, todos juntos, ¡pudieron reunir en toda Rusia solo un tercio de los obreros que intervinieron en total!

Ofrezcamos los datos sobre el número de firmas en resoluciones claramente expresadas y publicadas en ambos periódicos durante toda la campaña (concluida a principios de enero):

Los liquidadores han corrompido de tal modo al público que lee sus producciones mediante la repetición increíblemente insolente de afirmaciones falsas, completamente infundadas y que no admiten verificación alguna, que no podemos insistir con suficiente fuerza en la importancia de las cifras citadas. Están tomadas de ambos periódicos rivales, y cualquier persona alfabetizada puede verificar nuestro cálculo, sustituirlo por su propio recuento.

Estas cifras ofrecen, en general, un cuadro extraordinariamente instructivo de la situación de partido de los marxistas en Rusia. Ningún partido político en Rusia, absolutamente ninguno, puede mostrar, para todo el período de la contrarrevolución en general, y para el año 1913 en particular, una consulta abierta y masiva semejante a todos los miembros del partido sobre la cuestión más importante de la vida del partido. Ninguno de los partidos legalizados en Rusia, ninguno de los partidos liberales y democráticos, ricos y que disponen de un sinfín de fuerzas intelectuales y de todo tipo de órganos de prensa, ha dado lo que dio el partido de la clase obrera, el partido de los proletarios desposeídos, arrinconados en la clandestinidad, que mantienen su modesto periodicucho con kópeks.

El partido obrero dio a todos los partidos en Rusia un ejemplo de cómo se debe involucrar a la masa de los miembros de base del partido en la discusión abierta y exhaustiva de las cuestiones controvertidas. A los liberales y filisteos de todos los partidos, de todas las edades y de todo tipo, les encanta lamentar los «cismas» de la socialdemocracia. Estos buenazos no tienen idea de que sin lucha no se puede imponer la voluntad de la mayoría, y sin la imposición de la voluntad de la mayoría no puede hablarse ni de espíritu de partido, ni siquiera de acción política organizada en general.

Los necios llaman «unidad» a un «orden» tal en el que 13 diputados de la Duma actúan en contra de la voluntad de la mayoría de los obreros marxistas organizados y conscientes de Rusia, mientras tildan de «cisma» el fenómeno de que seis diputados de la Duma formen una fracción independiente en la Duma de acuerdo con la voluntad de la mayoría de estos obreros y para aplicar dicha voluntad.

¿Acaso no son ridículos estos necios? ¿Acaso no merecen desprecio?

A todos y cada uno, excepto a quienes desean engañar a los obreros, debe estar claro ahora que la cacareada «unidad» de los trece diputados (de la que parlotean los liquidadores y los conciliadores) fue una ruptura de la voluntad del partido, fue una burla de la voluntad de la mayoría de los obreros.

Y a la inversa. Aborden la cuestión desde otro lado. Nadie en su sano juicio ha intentado dudar de que en el verano de 1913 hubo una conferencia de marxistas (muy poco abierta), cuya decisión, confirmada por la institución dirigente del partido, se convirtió en la voluntad y la decisión del partido. Esta decisión exigía la actuación independiente de los «seis»[71]. ¡Señores liquidadores y conciliadores!, ¿ustedes insultan a esta conferencia? ¿La llaman círculo, reunión, ficción, etc.? ¡Muy bien! Pero sus insultos no son más que la expresión de su impotencia, pues los hechos objetivos son indiscutibles: según la decisión de este «círculo», 2/3 de los obreros conscientes de Rusia se alzaron, como un solo hombre, a favor de la conferencia, a favor de la aplicación de su voluntad.

Eso es lo que se llama un partido, señores charlatanes de la «unidad», que en la práctica llaman «unidad» a permitir que los liquidadores rompan la voluntad del partido.

Obsérvese que, con dos órganos diarios rivales, no podía ni hablarse de que alguien impidiera expresarse a un solo obrero consciente que deseara hacerlo. Y resultó que menos de un tercio estaba a favor de los liquidadores, y del total de votos liquidadores más de la mitad correspondía al Bund y al Cáucaso. A esto hay que añadir que en la estadística de firmas que presentamos apenas se incluyó a los obreros letones (éstos dieron 98 firmas a favor de la fracción de los seis y 70 a favor de los liquidadores, mientras que de los obreros letones que votaron sobre esta cuestión pero no dieron firmas, 863 votaron por la «fracción de los seis» y 347 por los liquidadores), y no se incluyó en absoluto a más de 800 obreros socialdemócratas polacos, quienes, votando también por la «fracción de los seis», no dieron sus firmas (en situación similar se encuentran unos 400 «levicovistas» partidarios de los liquidadores).

¿De qué habla la experiencia del primer trimestre de trabajo de las dos fracciones?

No podemos detenernos aquí en el contenido político de este trabajo. La interesantísima cuestión de cómo ha ganado ahora la labor de la fracción de los seis en cuanto a la exposición desde la tribuna de la Duma de las interpelaciones, reivindicaciones, opiniones y voluntad de la mayoría de los obreros, debemos, por desgracia, dejarla para otra ocasión. Solo señalaremos en dos palabras que, por primera vez, los representantes de la fracción de los seis en la Duma de Estado, Badáiev y Malinovski, en sus discursos del 4 de marzo de 1914 en la Duma de Estado, plantearon la cuestión de la libertad de prensa no de manera liberal, sino de un modo digno del proletariado, mientras que los liquidadores, de manera puramente liberal, se enredaban en esta cuestión tanto en la sociedad literaria, como en las páginas de sus publicaciones y en los discursos de sus «semeróchniki» en la Duma; sin ir más lejos, en el núm. de «Sévernaia Rabóchaya Gazeta» del 13 de marzo puede leerse, en la página 2, un razonamiento según el cual «hacer publicidad de la prensa ilegal solo puede debilitar la lucha de los obreros por su prensa legal». Sobre hasta qué punto era de principio obligada la formación de una fracción obrera socialdemócrata de Rusia independiente en la Duma de Estado para combatir declaraciones y opiniones tan vergonzosas y renegadas como la que acabamos de citar, ya hemos hablado más de una vez en el texto del libro y hablaremos más de una vez aún.

Pero en este momento nos planteamos una tarea más modesta: detener la atención del lector en las pruebas «externas», por así decirlo, de lo que llegó a ser de inmediato la fracción obrera socialdemócrata de Rusia en la Duma de Estado a diferencia de los siete liquidadores.

Cada fracción publica en su periódico los informes financieros de su tesorero sobre las sumas que pasan por manos de dicha fracción. Estas sumas, destinadas a los represaliados, a la ayuda de los huelguistas de distintas fábricas y ramas industriales, a otras diversas necesidades del movimiento obrero, nos revelan toda una serie de facetas de la vida obrera, muestran de forma patente —con cifras exactas, indiscutibles e imparciales— cuál es precisamente la vinculación de tal o cual fracción de la Duma de Estado con el movimiento obrero.

El último informe del carácter descrito abarca, en ambos periódicos y en ambas fracciones, el período hasta el 21 de enero de 1914. Es decir, tenemos en total informes de tres meses de existencia separada de las dos fracciones: desde fines de octubre hasta fines de enero. He aquí el resumen de los informes de ambas fracciones durante este trimestre:

Colectas que pasaron por las fracciones:

Estas cifras áridas ofrecen un cuadro asombrosamente vívido de los vínculos organizativos y de toda la vida de ambas fracciones. El número de grupos obreros que en un trimestre se dirigieron a la fracción de los liquidadores es casi ocho veces menor que el número de grupos que se dirigieron a la fracción de los partidarios.

En cambio, en la fracción de los liquidadores la suma de colectas que pasaron por manos de la fracción no procedentes de obreros[72] es diez veces mayor: 765 rublos frente a 71 rublos. En los partidarios, las colectas no procedentes de obreros[73] representan el uno por ciento de la suma total de colectas (71 r. de 6173 r.). En los liquidadores, el treinta y cuatro por ciento de la suma total de colectas (765 r. de 2213 r.).

Estas cifras ofrecen al gran público, alejado de la vida de las fracciones de la Duma, la posibilidad de sopesar con exactitud y meditar bien los hechos, conocidos por las personas cercanas a partir de mil «pequeñeces» de la vida cotidiana, a saber:

— Que la fracción de los liquidadores (los siete) es una fracción sin obreros;

— Que la fracción de los liquidadores tiene treinta veces más vínculos que no proceden del medio obrero que la fracción obrera socialdemócrata de Rusia.

Estos hechos se venían señalando desde hace tiempo y desde distintos lados. El periódico liberal «Rech» llamó acertadamente a la fracción de los liquidadores fracción de «intelectuales», y toda la prensa liberal lo ha confirmado en muchas ocasiones. Plejánov señaló hace tiempo que los liquidadores habían reclutado a no pocos elementos pequeñoburgueses y oportunistas además del señor Potrésov. La abundancia de colaboradores de periódicos liberales entre los liquidadores y viceversa (Enzis, Egórov, St. Nóvich, E. Smirnov, Antid Oto, Nevedomski, Lvov-Rogachevski, Cherevanin y muchísimos otros) ya fue señalada por «Put’ Pravdy».

Por su verdadero significado social, los liquidadores son una sección del partido liberal-burgués, que existe para introducir en el seno de los proletarios las ideas de una política obrera liberal y para frustrar la voluntad de la mayoría de los obreros organizados y conscientes de Rusia.

Escrito en marzo – abril de 1914, adición a la tabla – en junio de 1914.

Se publica según el texto de la recopilación.