Hace poco, el líder de los liquidadores del Cáucaso, Ai, en un artículo que llamó la atención de los obreros conscientes, declaró su desacuerdo con *Luch* y sus continuadores, con su táctica oportunista.

Esta declaración equivale a la desintegración del «Bloque de Agosto»; ninguna evasiva ni estratagema podrá refutar este hecho.

Pero en este momento quisiéramos concentrar la atención de los lectores en otro aspecto, a saber, en las reflexiones de An sobre los dos caminos de desarrollo de Rusia. An escribe:

«*Luch* vincula su táctica con la posibilidad de reformas, apuesta por las reformas. *Pravda* vincula su táctica con la "tormenta", apuesta por la ruptura».

De esto, An saca la conclusión de que hay que combinar ambas tácticas. La conclusión es completamente inservible. No es una conclusión marxista.

Analicemos.

¿Qué determina el camino de Rusia, el carácter y la rapidez de su desarrollo?

La correlación de fuerzas sociales, la resultante de la lucha de clases.

Esto es evidente.

¿Qué fuerzas sociales actúan en Rusia? ¿Cuál es la línea de la lucha de clases?

Rusia es un país capitalista; no puede dejar de desarrollarse por la vía capitalista. Ahora Rusia vive una transformación democrático-burguesa, la liberación del feudalismo, la emancipación. En el marco del capitalismo mundial, la emancipación de Rusia es inevitable. Lo único que aún se desconoce es cuál será la resultante de las fuerzas sociales que aspiran a la emancipación. Estas fuerzas son, principalmente, las siguientes: 1) el liberalismo monárquico burgués (capitalistas y, en parte, terratenientes de los partidos progresista, kadete y, en parte, octubrista); 2) la democracia burguesa (el campesinado, la pequeña burguesía urbana, los intelectuales, etc.); 3) el proletariado.

Cada una de estas clases actúa —tomamos, por supuesto, solo las acciones de masas— según la línea determinada por la situación económica de cada clase. La resultante será, y solo puede ser, una.

¿En qué sentido se puede entonces hablar de dos caminos para Rusia? Solo en el sentido de que no conocemos, y no conoceremos hasta el desenlace de la lucha, esta resultante, que pasará más cerca de una de las dos líneas más simples, más claras y visibles de inmediato para todos. La primera línea: «reformas»; la segunda: «tormenta».

Se denominan reformas aquellos cambios que no arrebatan el poder estatal de manos de la vieja clase dominante. Los cambios de carácter opuesto se denominan «tormenta». Los intereses de clase del liberalismo burgués exigen solo reformas, pues la burguesía teme la «tormenta» más que a la reacción, quiere conservar las viejas instituciones feudales (la burocracia, dos cámaras, etc., etc.) como defensa contra los obreros. El campesinado, en todos los países del mundo sin excepción, incluida Rusia, vacila durante la transformación democrático-burguesa entre la burguesía y el proletariado. Tales vacilaciones son inevitables, pues los campesinos son adversarios de los terratenientes y del feudalismo, pero al mismo tiempo son pequeños propietarios, pequeños burgueses.

En cuanto al proletariado, sus intereses, que coinciden con los intereses de la inmensa mayoría de la población, de todos los explotados, siguen un camino no reformista, el camino que en Rusia se caracteriza por las conocidas «tres ballenas».

Si la mayoría del campesinado y de la población sigue a los liberales, el «camino» será de los peores, el menos ventajoso para los obreros y los explotados, el más penoso para ellos. Si la mayoría del campesinado y de la población sigue a los obreros, se obtendrá el resultado inverso. Una u otra resultante solo será plenamente revelada por el desenlace final de la lucha.

Ahora vemos cuál es el verdadero sentido del confuso y embrollado razonamiento de An, quien más bien intuyó que comprendió el oportunismo de los liquidadores y su traición a la clase obrera.

Los liquidadores son reformistas. En la práctica llevan una política liberal, no marxista ni obrera, conducen a los obreros a subordinarse a la burguesía.

Los «pravdistas» llevan una política marxista y proletaria, defendiendo los intereses de la clase obrera en la transformación de Rusia. ¿Acaso los «pravdistas» desatienden la utilización de las reformas? Es fácil responder remitiéndose a los hechos. Tómese una reforma real, no inventada: los seguros. Todo el mundo ve que los pravdistas se «aferraron» a ella diez veces más firmemente que los liquidadores: véase *Cuestiones de Seguros* y los resultados de las elecciones al Consejo Panruso de Seguros.

Tómense las «reivindicaciones parciales» de la lucha económica en las huelgas. Todo el mundo sabe que los pravdistas llevan esta campaña real, no inventada, mil veces con mayor amplitud y energía.

Si existiera un grupo que negara la utilización de las reformas y de las mejoras parciales, sería imposible unirse a él: sería una política perjudicial para los obreros, no marxista.

Tampoco es posible unirse a los liquidadores, pues la negación y el denuesto de la «clandestinidad», la negación y el relegamiento de dos de las «ballenas», la proclama en la Rusia actual de la lucha por un partido legal abierto y por la posibilidad de reformas políticas, todo esto es traición a la clase obrera, paso al lado de la burguesía.

Los pravdistas «apuestan por la tormenta o la ruptura», en expresión de An, sin desatender —esto lo dicen los hechos— ni una sola, ni la más mínima posibilidad de reformas reales y mejoras parciales, y explicando a las masas la falsedad del reformismo. Esta táctica es la única acertada, la única marxista, y por eso fue adoptada por la inmensa y aplastante mayoría —lo demostraron los hechos, las cifras de grupos obreros— de los obreros conscientes de toda Rusia.

Solo los partidarios de la democracia pequeñoburguesa, los populistas y los liquidadores, luchan en vano contra los obreros, contra el «pravdismo».

*Rabochi*, n.º 3, 24 de mayo de 1914.

Publicado según el texto del periódico *Rabochi*.