En el número 92 de "Put Pravdy", del 21 de mayo de 1914, se publicó la resolución de los representantes de diez sindicatos de la ciudad de Moscú. En dicha resolución se condena de la manera más enérgica y tajante, como un "crimen", la retirada desorganizadora de Malinovski; a continuación, se expresa la plena confianza en la fracción obrera socialdemócrata de Rusia (POSDR) en la Duma de Estado ("¡seguid firmemente vuestro camino, la clase obrera está con vosotros!"); y, por último, se estigmatiza públicamente a los liquidadores de "Nasha Rabóchaya Gazeta" como gente que "lanza cobardes calumnias contra el diputado que se ha ido"; su conducta se equipara a "la propagación, por la prensa de derecha, de rumores calumniosos con el fin de sembrar la confusión en las filas obreras".

"El deber sagrado de todos aquellos que aprecian la causa obrera —escriben en su resolución los representantes de diez sindicatos de la ciudad de Moscú— es unirse y dar un rechazo unánime a los calumniadores". "La clase obrera responderá cerrando aún más sus filas en torno a sus representantes" (es decir, la fracción obrera del POSDR) "y pasará con desprecio por delante de los calumniadores".

Huelga citar otras numerosas resoluciones obreras de contenido similar, el comentario del periódico obrero letón[55], etc. Eso sería repetirse.

Examinemos lo ocurrido.

¿Por qué los obreros conscientes de Rusia, en la persona de los representantes de diez sindicatos de Moscú y muchos otros, condenaron públicamente a los liquidadores de "Nasha Rabóchaya Gazeta" como sucios calumniadores e invitaron a la clase obrera a pasar con desprecio por delante de ellos?

¿Qué hizo "Nasha Rabóchaya Gazeta"?

Propagó rumores anónimos (sin firma) e insinuaciones oscuras acerca de una supuesta provocación de Malinovski.

No se mencionó ni un solo nombre de acusador. No se aportó ni un solo hecho concreto. No se señaló ni una sola prueba, formulada de manera precisa y respaldada con indicaciones, aunque fuera de apodos, lugares de los fracasos, fechas; ni una sola prueba de ese tipo fue indicada.

Solo rumores oscuros, solo el inflar la "inexplicabilidad" de la retirada de la Duma. Pero precisamente por lo inexplicado de la retirada, por la huida secreta, los obreros organizados, miembros del partido obrero, condenaron severamente a Malinovski.

Los obreros marxistas organizados reunieron de inmediato todas sus instituciones, de todo tipo: locales, sindicales, de la Duma, de toda Rusia, dirigentes, y declararon directa, abiertamente, a la vista de todos, al proletariado y al mundo entero: Malinovski no nos explicó su retirada ni nos advirtió de ella. Esta falta de explicación, esta arbitrariedad inaudita convierte su paso en un paso de desertor, y nosotros estamos librando una guerra de clase seria, dura y responsable. Al desertor lo juzgamos, lo condenamos sin piedad y lo hemos condenado. Y punto. El asunto está concluido.

"Uno no es nada. La clase lo es todo. Defended con firmeza las posiciones que ocupáis. Estamos con vosotros" (telegrama de cuarenta empleados de comercio de Moscú a la fracción obrera socialdemócrata de Rusia. Véase el núm. 86 de "Put Pravdy" del 14 de mayo de 1914).

El asunto está concluido. Los obreros organizados llevaron el asunto hasta el final de manera organizada y cerraron filas para continuar el trabajo. ¡Adelante, al trabajo!

Pero los círculos intelectuales reaccionan de otro modo. La "inexplicabilidad" no suscita en ellos una actitud organizada hacia el asunto (¡¡¡ninguna institución dirigente de los liquidadores o de sus amigos se pronunció con una valoración abierta, directa y completa del asunto en su esencia!!!), sino un interés chismoso. ¡Ah, "inexplicabilidad"! Las comadres del mundillo intelectual están intrigadas.

Los chismosos no tienen ningún hecho. Las comadres del círculo de Mártox son incapaces de una acción organizada: convocar a tal o cual colegio, reunir informaciones de interés o significado político, verificarlas, analizarlas, reflexionarlas juntos, adoptar una decisión formal, responsable, que dé una orientación al proletariado. Las comadres son incapaces de ello.

En cambio, charlar y chismorrear, ir a ver a Mártox (o a sucios calumniadores semejantes a él) o venir de Mártox y avivar rumores oscuros, captar y transmitir insinuaciones... ¡ah, las comadres intelectuales son unas maestras en esto! Quien haya visto aunque sea una vez en la vida ese ambiente de comadres intelectuales chismosas, con toda seguridad (si él mismo no es una comadre) conservará para toda la vida aversión hacia esos seres abyectos.

A cada cual lo suyo. Cada capa social tiene sus propios "modales de vida", sus hábitos, sus inclinaciones. Cada insecto tiene su propia arma de lucha: hay insectos que luchan segregando un líquido fétido.

Los obreros marxistas organizados actuaron de manera organizada. De manera organizada concluyeron el asunto con la retirada arbitraria de un ex colega y, organizadamente, prosiguieron el trabajo ulterior, la lucha ulterior. Las comadres intelectuales de los liquidadores no pudieron ir, y no fueron, más allá del sucio chisme y la calumnia.

Los obreros marxistas organizados, inmediatamente después de los primeros artículos de "Nasha Rabóchaya Gazeta", reconocieron a estas comadres y de inmediato las valoraron de manera absolutamente correcta: "calumnia sucia", "pasar con desprecio". Ni sombra de confianza en los "rumores" de Mártox y Dan, la firme decisión de no prestarles atención, de no darles importancia.

Dicho sea de paso. En las resoluciones de los obreros, indignados por los liquidadores, se hablaba de los liquidadores en general. En mi opinión, habría sido mucho más correcto hablar de los señores Mártox y Dan, como se hizo en el telegrama de Lenin y en algunos artículos y resoluciones. No tenemos fundamentos para acusar y estigmatizar públicamente por la calumnia sucia a todos los liquidadores en general, pero precisamente Mártox y Dan, a lo largo de diez años, comenzando con su intento de frustrar la voluntad del segundo congreso del partido (1903), han demostrado reiteradamente su "manera" de luchar con insinuaciones y calumnias sucias. En vano se escudaron estos dos sujetos en que alguien desenmascara a los redactores de hecho de "Nóvaya Rabóchaya Gazeta". Ni una palabra, ni un sonido se dijo en ninguna parte sobre la redacción, ni sobre la redacción de hecho.

Pero a los calumniadores, conocidos por el partido obrero por su historia de diez años, había que llamarlos por su nombre, y fueron nombrados.

Los calumniadores intentaron desconcertar a las personas totalmente inexpertas o que no saben pensar en absoluto con la "plausible" exigencia de un tribunal "no oficial"; nosotros —dicen— no sabemos nada completamente definido, no acusamos a nadie, los rumores son "insuficientes" para una acusación, ¡sólo bastan para una "investigación"!

Pero precisamente aquí radica todo el, jurídicamente hablando, "cuerpo" de la calumnia sucia, en que ¡la gente lanza a la prensa rumores oscuros y anónimos, sin ser capaz de presentar ni un solo aval, ni de un solo ciudadano honesto, ni de una sola institución democrática sólida y responsable, sobre la seriedad de esos rumores!

Éste es precisamente el quid de la cuestión.

Mártox y Dan son calumniadores conocidos desde hace mucho, desenmascarados reiteradamente. Decenas de veces se ha hablado de esto en la prensa del extranjero. Cuando Mártox, con la participación y la responsabilidad de Dan, escribió un folleto especialmente calumnioso: "Salvadores o destructores", incluso Kautsky, blando y cauteloso, que en el último período se inclinó especialmente a las "concesiones" a los liquidadores, lo calificó de "repugnante".

Es un hecho. De esto se ha publicado hace tiempo en la prensa del extranjero.

Y después de esto, ¡¡¡Mártox y Dan quieren que, por iniciativa suya, por su intervención calumniosa, consintamos en realizar una investigación con la participación de los grupitos que encubren a Mártox y Dan!!!

Esto es el colmo de la desvergüenza por parte de los calumniadores y el colmo del disparate.

No creemos ni una sola palabra de Dan y Mártox. Jamás aceptaremos "investigación" alguna de rumores oscuros con la participación de los liquidadores y de los grupitos que los ayudan. Porque eso significaría encubrir el crimen de Mártox y Dan, y nosotros lo desvelaremos hasta el final ante la clase obrera.

Cuando Mártox y Dan, más sus encubridores, los bundistas, Chjeidze y Cía., los "augustovistas", etc., nos llaman directa o indirectamente a una "investigación" conjunta con ellos, les respondemos: no confiamos en Mártox y Dan. No los consideramos ciudadanos honestos. Con ellos contaremos como con viles calumniadores, sólo así y no de otro modo.

Que los encubridores de Dan y Mártox o los intelectuales de nervios débiles que creen en los "rumores" de estos señores, se lamenten y giman al pensar en un tribunal burgués. Con eso no nos van a amedrentar. Contra los chantajistas, nosotros siempre y sin reservas estamos a favor de la legalidad burguesa del tribunal burgués.

Cuando alguien dice: dame cien rublos, o si no revelaré que engañas a tu mujer y vives con NN, esto es chantaje penal. En este caso estamos a favor del tribunal burgués.

Cuando alguien dice: hazme concesiones políticas, reconóceme como compañero con igualdad de derechos dentro del todo marxista, o si no gritaré sobre los rumores acerca de la provocación de Malinovski, esto es chantaje político.

En este caso estamos a favor del tribunal burgués.

Y los propios obreros adoptaron precisamente este punto de vista cuando, a tenor de los primeros artículos de Dan y Mártox, no reaccionaron con confianza hacia ellos, no se preguntaron: ¿de verdad son acaso ciertos estos "rumores", puesto que Mártox y Dan escriben sobre ellos? No, los obreros comprendieron de inmediato la esencia y proclamaron: "la clase obrera pasará de largo ante la calumnia sucia".

O bien comparecéis con vuestra firma, con una acusación directa, para que el tribunal burgués pueda desenmascararos y castigaros (no existen otros medios de lucha contra el chantaje), o bien os quedáis con el estigma de personas a quienes públicamente los representantes de diez sindicatos obreros han llamado calumniadores. ¡Ahí tenéis la disyuntiva, señores Mártox y Dan!

La institución dirigente investigó los rumores y los declaró un absurdo. Los obreros de Rusia confían en esta institución, y ella desenmascarará hasta el final a los propagadores de la calumnia. Que no piense Mártox que quedará sin ser desenmascarado.

Pero los grupitos políticos que defienden a los liquidadores o simpatizan aunque sea en parte con ellos, ¿no confían en nuestra institución dirigente? ¡Por supuesto que no! No necesitamos su confianza, no daremos ningún paso que revele ni una sombra de confianza hacia ellos.

Nosotros decimos: señores miembros de los grupitos que confían en Mártox y Dan, que desean "unirse" con ellos, todos vosotros, augustovistas, trotskistas, vperiodistas, bundistas, etc., etc., ¡por favor, manifestaos, mostraos! Una de dos, señores:

Si vosotros mismos queréis y llamáis a los obreros a "unirse" con Mártox y Dan, entonces eso significa que tenéis (lo que a nosotros nos falta) una confianza elemental hacia ellos, que son líderes notorios de la corriente ideológico-política de los liquidadores. Puesto que esa confianza la tenéis, puesto que admitís, reconocéis y predicáis la posibilidad de la "unificación" con ellos, ¡pasad entonces a la acción, no os limitéis a las palabras!

O bien exigís a Dan y Mártox (vosotros confiáis en ellos, ellos confían en vosotros) que señalen las fuentes de los "rumores", vosotros mismos las examináis y declararéis públicamente ante la clase obrera: garantizamos que aquí no hay un chisme estúpido de comadres, ni un cuchicheo malintencionado de liquidadores irritados, sino pruebas sólidas y serias. Si vosotros hicierais esto y se demostrara que, en el momento mismo del surgimiento de los rumores, las instituciones dirigentes liquidadoras, plejanovistas, etc., tras verificarlos, los comunicaron de inmediato a la institución dirigente pravdistas, entonces nosotros responderíamos: estamos convencidos de que os equivocáis, señores, y os demostraremos vuestro error, pero reconocemos que habéis actuado como demócratas honestos.

O bien os escondéis, señores líderes de "corrientes" y grupitos que llaman a los obreros a unirse con los liquidadores, os escondéis a espaldas de Dan y Mártox, les dejáis calumniar cuanto quieran, sin exigirles que señalen las fuentes, sin tomaros el trabajo (y la responsabilidad política) de verificar la seriedad de los rumores.

Entonces declararemos abiertamente a los obreros: ¡camaradas, ¿acaso no veis que todos estos líderes de grupitos son partícipes y cómplices de los sucios calumniadores?!

Ya veremos cómo deciden los obreros.

Para aclarar el asunto, tomemos un caso concreto. Cuando la institución dirigente, reconocida por 4/5 de los obreros conscientes de Rusia, declaró que había investigado los rumores y que estaba absolutamente convencida de su total falsedad (si no peor), dos grupos se pronunciaron en la prensa: 1) el grupo de Chjeidze, Chjenkeli, Skóbelev, Jaústov, Túlikov, Mankov y Yagello; 2) los "augustovistas", es decir, la institución dirigente augustovista de los liquidadores.

¿Y qué dijeron?

¡¡Sólo que no habían participado en la investigación de los rumores por la institución dirigente de los pravdistas!! ¡¡Sólo eso!!

Analicemos este caso.

Imaginemos, en primer lugar, que en lugar del grupo de Chjeidze y Cía. vemos ante nosotros a demócratas honestos. Estas personas eligieron a Malinovski como compañero de la presidencia de su fracción en la Duma. Y de repente, en la prensa, en un órgano del que son políticamente responsables, ¡se difunde el rumor de que Malinovski es un provocador!

¿Acaso puede haber dos opiniones sobre cuál es el deber más elemental e imperioso de cualquier demócrata honesto en un caso semejante?

Crear inmediatamente un colegio de su propio seno o de quien sea, investigar de inmediato de dónde proceden los rumores, quién y cuándo los ha difundido, verificar la veracidad y la seriedad de esos rumores y declarar públicamente, directa y honestamente a la clase obrera: camaradas, hemos trabajado, hemos investigado, os garantizamos que el asunto aquí es serio.

Así actuarían los demócratas honestos. Callar, no investigar, seguir asumiendo la responsabilidad del órgano de prensa que propaga rumores oscuros es el colmo de la vileza y la bajeza, indignas de ciudadanos honestos.

Imaginemos, en segundo lugar, que en lugar de Chjeidze y Cía. vemos a cómplices y encubridores de una sucia acción calumniosa, que o bien han oído ellos mismos rumores oscuros de Mártox o de sus amigos, pero nunca han pensado siquiera en tomarlos en serio (pues ¿quién de los que están en contacto con el trabajo socialdemócrata no ha oído decenas de veces "rumores" estúpidos, manifiestamente absurdos, a los que es ridículo prestar atención?), o bien no han oído nada pero, conociendo bien la "manera" de Dan y Mártox, prefieren "pasar de lado ante la cuestión difícil y dolorosa", temiendo mancharse y deshonrarse para toda la vida con una expresión directa de confianza en la seriedad de los rumores propagados en la prensa por Mártox y Dan, deseando al mismo tiempo encubrir a escondidas a Mártox y Dan.

Semejantes personas, que corresponden a nuestra segunda suposición, actuarían exactamente como actuó Chjeidze con los suyos.

Lo dicho se aplica enteramente también a los "augustovistas".

Que los obreros elijan por sí mismos una de estas dos suposiciones, que examinen y reflexionen por sí mismos la conducta de Chjeidze y Cía.

Examinemos también la conducta de Plejánov. En el núm. 2 de "Edinstvo" califica los artículos de los liquidadores sobre Malinovski de "indignantes" y "repugnantes", al mismo tiempo que añade, con evidente reproche a los pravdistas: ¡he aquí los frutos de vuestra escisión, "a quien le han cortado la cabeza, no llora por los cabellos"!

¿Cuál es el significado de semejante conducta de Plejánov?

Si él, a pesar de la declaración directa de Dan y Mártox de que consideran los rumores serios y veraces (pues de lo contrario no exigirían una investigación), si Plejánov, a pesar de esto, declara que los artículos de los liquidadores son indignantes y repugnantes, ¡eso significa que no tiene la más mínima confianza en Dan y Mártox!! ¡¡Eso significa que él también los considera sucios calumniadores!!

Pues, si no, ¿con qué motivo, sobre qué base razonable declarar públicamente "repugnantes" los artículos de personas que desean (según sus palabras) ser útiles a la democracia y al proletariado desenmascarando un mal grave y terrible, la provocación??

Pero, si Plejánov no cree ni una sola palabra de Mártox y Dan, si los considera sucios calumniadores, entonces ¿cómo puede echarnos en cara a nosotros, los pravdistas, semejantes métodos de lucha de los liquidadores, expulsados del partido? ¿Cómo puede escribir: "a quien le han cortado la cabeza, no llora por los cabellos"? ¡Pues eso significa que justifica a Dan y Mártox con la "escisión"!!

Es monstruoso, pero es un hecho.

Plejánov justifica a los sucios calumniadores, en los que él mismo no cree ni una gota, ¡porque los pravdistas son culpables de haberlos expulsado del partido!

Tal conducta de Plejánov es una defensa "diplomática" (como ya le dijo públicamente el "grupo de marxistas", dispuesto a creer a Plejánov pero rápidamente decepcionado)... una defensa diplomática, es decir, dictada por la diplomacia de círculo, de los chantajistas, objetivamente equivalente a alentar a los chantajistas a que continúen sus hazañas.

Puesto que nosotros —deben razonar Mártox y Dan— ya hemos conseguido de inmediato que el "antiliquidador" Plejánov, que no nos cree, acuse, aunque sea indirectamente, aunque sea en parte, a los pravdistas de que con la "escisión" nos han llevado a una lucha tan desesperada, eso significa... ¡significa que hay que seguir dándole! ¡continuar en el mismo espíritu! ¡Plejánov nos da esperanzas de que recibiremos concesiones como recompensa por nuestro chantaje!![56]

La diplomacia de círculo de Plejánov ya se ha desenmascarado por sí misma de inmediato ante los obreros. Lo demostró el comentario de los moscovitas sobre el núm. 1 de "Edinstvo" y la respuesta del "grupo de marxistas", dispuesto a confiar en Plejánov, que calificó a Plejánov de "diplomático". La diplomacia de círculo de Plejánov se desenmascarará muy pronto hasta el final.

Los representantes de los obreros, abierta y formalmente, expulsaron del partido en enero de 1912 a un grupo determinado de liquidadores encabezados por Mártox y Dan. Desde entonces, durante dos años y medio, los obreros de Rusia, con una mayoría de 4/5, han aprobado y reconocido como suya esta decisión. El chantaje y la calumnia de Mártox y Dan no empujarán a los obreros a hacer "concesiones", sino a convencerse aún más firmemente de que sólo sin los liquidadores y contra ellos se puede construir el "todo" obrero marxista, ya edificado en 4/5.

Todos y cada uno hablan ahora del crecimiento de la conciencia política de los obreros rusos, del paso de los asuntos del partido obrero total y exclusivamente a sus manos, del enorme aumento de su madurez e independencia después de la revolución. Tanto Trotski como Plejánov apelan a los obreros contra los "círculos intelectuales" o el "fraccionalismo intelectual". Pero —¡circunstancia notable!— en cuanto se trata de datos objetivos sobre qué dirección política eligen, aprueban y crean los obreros conscientes de la Rusia actual, tanto Plejánov como Trotski y los liquidadores cambian de frente y gritan: esos obreros, los obreros pravdistas que constituyen la mayoría entre los obreros conscientes de Rusia, ellos sólo van detrás del pravdismo por "desconcierto" ("Borbá", núm. 1, pág. 6), ¡sólo ceden a la "demagogia" o al fraccionalismo, etc., etc., etc.!

Resulta que los liquidadores, Plejánov y Trotski reconocen la voluntad de la mayoría de los obreros conscientes no en el presente, sino en el futuro, precisamente en ese y sólo en ese futuro en que los obreros estén de acuerdo con ellos, ¡con los liquidadores, con Plejánov, con Trotski!!

¡Divertido subjetivismo! ¡Divertido miedo a los datos objetivos! Ahora bien, si no se trata de un simple intercambio de acusaciones mutuas de círculo intelectual, hay que tomar precisamente los datos actuales y precisamente objetivos.

Sobre la ilustración política de los obreros, que, según reconocimiento general, avanza, nuestros conciliadores, Plejánov, Trotski y Cía., razonan también con un subjetivismo divertido. Plejánov y Trotski oscilan entre dos corrientes en lucha en el movimiento de clase socialdemócrata, e imponen sus vacilaciones subjetivas a los obreros, diciendo: la participación de los obreros en la lucha de corrientes es falta de conciencia de los obreros, mientras que, cuando sean más conscientes, dejarán de luchar, no serán "fraccionales" (Plejánov, al igual que Trotski, repite "de memoria vieja" la palabra aprendida "fraccionalismo", aunque los pravdistas desde enero de 1912, es decir, hace dos años y medio, han acabado con el "fraccionalismo", expulsando directa y abiertamente a los liquidadores).

El subjetivismo de semejante valoración del asunto por Plejánov y Trotski salta a la vista. Tomemos la historia —¡no es un pecado, para un marxista, tomar la historia del movimiento!—, ella nos muestra casi veinte años de lucha contra las corrientes burguesas del "economismo" (1895-1902), el menchevismo (1903-1908) y el liquidacionismo (1908-1914). El vínculo indisoluble y la continuidad de estas tres variedades de "influencia burguesa sobre el proletariado" no están sujetos a la menor duda. El hecho de que los obreros de vanguardia de Rusia participaran cada vez en esta lucha y se pusieran del lado de los "iskristas" contra los "economistas", del lado de los bolcheviques contra los mencheviques (según admisión del propio Levitski, forzado por la masa de hechos objetivos), y, finalmente, del lado del "pravdismo" contra el liquidacionismo, es un hecho histórico.

Cabe preguntarse: ¿no nos dice este hecho histórico, referente al movimiento obrero socialdemócrata de masas, algo más serio que los buenos deseos subjetivos de Plejánov y Trotski, quienes desde hace ya diez años ven su mérito en no poder jamás acertar con el tono de la dirección socialdemócrata de masas de los obreros?

Los hechos objetivos de la época actual, tomados de ambas fuentes, la liquidadora y la pravdistas, y luego también veinte años de historia, todo esto demuestra con evidencia que precisamente en la lucha contra el liquidacionismo y en la victoria sobre él se manifiesta la ilustración política de los obreros rusos y la creación de un auténtico partido obrero, que no se acobarda ante las influencias pequeñoburguesas en un país pequeñoburgués.

Plejánov y Trotski, al ofrecer a los obreros sus deseos subjetivos (que no toman en cuenta ni la historia ni las direcciones de masas dentro de la socialdemocracia) de evitar la lucha, contemplan la cuestión de la ilustración política de los obreros desde el punto de vista de los lugares comunes. Hasta ahora ha habido historia —como bromeaba Marx contra Proudhon—, ¡pero ahora ya no la hay! Hasta ahora, durante veinte años, la ilustración política de los obreros ha avanzado únicamente en la lucha contra la corriente burguesa del "economismo" y contra las manifestaciones posteriores de una orientación homogénea, ¡pero ahora, después de un par de verdades de "moralina" sobre el perjuicio de la lucha, ofrecidas por Plejánov y Trotski, la historia cesará en su curso, desaparecerán las raíces de masas del liquidacionismo, mantenidas gracias al apoyo de la burguesía, desaparecerá el "pravdismo" de masas (¡convertido en masivo únicamente por el "desconcierto" de los obreros!) y se instaurará algo "auténtico"... ¡Qué manera más divertida de razonar la de Plejánov y Trotski!

La verdadera ilustración política de los obreros no puede avanzar sino en una lucha consecuente, mantenida y llevada hasta el final, de las influencias, aspiraciones y direcciones proletarias contra las burguesas. Y el que el liquidacionismo (al igual que el "economismo" de 1895-1902) sea una manifestación de la influencia burguesa sobre el proletariado, esto ni siquiera Trotski se atreve a discutirlo, y el propio Plejánov, en un pasado muy, muy lejano, hace un año y medio o dos años y medio, defendió la decisión del partido que estableció esta verdad.

Pero las influencias burguesas sobre los obreros nunca y en ningún lugar del mundo han consistido únicamente en influencias ideológicas. Cuando la influencia ideológica de la burguesía sobre los obreros cae, se socava, se debilita, la burguesía siempre y en todas partes recurrió y recurrirá a la mentira y la calumnia más desesperadas. Mártox y Dan, precisamente cuando frustraron la voluntad de la mayoría de los marxistas organizados, precisamente cuando les falló el arma de la lucha ideológica, empuñaron constantemente el arma de la insinuación y la calumnia.

Sólo que hasta ahora lo hacían en el ambiente de la emigración, ante círculos relativamente estrechos de "oyentes", y muchas cosas les salían impunes. Ahora se han presentado ante decenas de miles de obreros rusos, y de inmediato han pinchado en hueso. El "número" del chisme y la calumnia emigrante no ha funcionado. Los obreros resultaron ya ser políticamente lo bastante conscientes como para ver la falta de sinceridad, la mala fe de las intervenciones de Mártox y Dan de inmediato por el carácter de estas intervenciones, y los estigmatizaron, abiertamente ante toda Rusia, como calumniadores.

Los obreros de vanguardia de Rusia han dado un paso más por el camino de su ilustración política, arrebatando de las manos de un grupo burgués (los liquidadores) el arma de la calumnia.

Ni la alianza burguesa de los líderes liquidadores, Plejánov y Trotski, con los populistas, ni los esfuerzos de la prensa liberal por declarar tarea de las personas "honestas" la unificación de los obreros con los liquidadores del partido obrero, ni la campaña calumniosa de Mártox y Dan detendrán el crecimiento y el desarrollo de la cohesión proletaria en torno a las ideas, el programa, la táctica y la organización del "pravdismo".

"Prosveschenie", núm. 6, junio de 1914.
Firmado: V. Ilín