Cuanto más se desarrolla el movimiento obrero, más desesperados son los intentos de la burguesía y de los terratenientes feudales de aplastarlo o dividirlo. Ambos procedimientos, la represión por la violencia y la división mediante la influencia burguesa, se practican constantemente en todo el mundo, en todos los países, y uno u otro procedimiento es puesto a la orden del día por los diversos partidos de las clases dominantes.

En Rusia, en particular después de 1905, cuando los burgueses más inteligentes vieron claramente la poca fiabilidad de la mera violencia, los partidos y grupos burgueses «progresistas» de todo tipo recurren cada vez más al procedimiento de dividir a los obreros mediante la prédica de diversas ideas y doctrinas burguesas que debilitan la lucha de la clase obrera.

Entre tales ideas figura un nacionalismo refinado, que predica la división y el desmembramiento del proletariado bajo los pretextos más engañosos y bellos, por ejemplo, bajo el pretexto de defender los intereses de la «cultura nacional», la «autonomía o independencia nacional», etc., etc.

Los obreros conscientes ponen todos sus esfuerzos para rechazar todo nacionalismo, tanto el grosero, violento, de las Centurias Negras, como el más refinado, que predica la igualdad de derechos de las naciones junto con... la división de la causa obrera, de las organizaciones obreras, del movimiento obrero por nacionalidades. Los obreros conscientes, llevando a la práctica las resoluciones de la última conferencia (verano de 1913) de los marxistas{75}, defienden —a diferencia de todas las variedades de la burguesía nacionalista— no solo la igualdad de derechos de las naciones y las lenguas más plena, consecuente y llevada hasta el fin, sino también la fusión de los obreros de distintas nacionalidades en organizaciones proletarias únicas de todo tipo.

En esto reside la diferencia radical del programa nacional del marxismo y el de cualquier burguesía, por muy «avanzada» que sea.

El reconocimiento de la igualdad de derechos de las naciones y las lenguas es valioso para los marxistas no solo porque son los demócratas más consecuentes. Los intereses de la solidaridad proletaria, de la unidad fraternal de la lucha de clase de los obreros exigen la más plena igualdad de derechos de las naciones para eliminar la más mínima desconfianza, enajenación, recelo u hostilidad nacionales. Y la plena igualdad de derechos incluye también la negación de todo privilegio para una de las lenguas, incluye el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de todas las naciones.

Pero para la burguesía, la exigencia de igualdad de derechos de las naciones equivale muy a menudo en la práctica a la prédica de la exclusividad nacional y el chovinismo, y muy a menudo es compatible con la prédica de la división y enajenación de las naciones. Con esto no se concilia en modo alguno el internacionalismo proletario, que predica no solo el acercamiento de las naciones, sino la fusión de los obreros de todas las nacionalidades de un Estado dado en organizaciones proletarias únicas. Por eso los marxistas condenan resueltamente la llamada «autonomía cultural-nacional», es decir, la sustracción de la enseñanza escolar de la competencia del Estado y su transferencia a manos de cada nacionalidad por separado. Este plan es la división de la enseñanza escolar por nacionalidades dentro de la unión estatal dada en cuestiones de «cultura nacional» en uniones nacionales con sus dietas especiales, finanzas escolares, consejos escolares e instituciones escolares propias.

Este es un plan de nacionalismo refinado, que corrompe y divide a la clase obrera. A este plan (de los bundistas, liquidadores, populistas, es decir, de diversos grupos pequeñoburgueses) los marxistas contraponen el principio: la más plena igualdad de derechos de las naciones y las lenguas, hasta la negación de la necesidad de un idioma estatal, pero junto con esto la defensa del mayor acercamiento de las naciones, la unidad de las instituciones estatales para todas las naciones, la unidad de los consejos escolares, la unidad de la política escolar (¡escuela laica!), la unidad de los obreros de diferentes naciones en la lucha contra el nacionalismo de cualquier burguesía nacional, un nacionalismo que, para engañar a los incautos, se presenta bajo la consigna de la «cultura nacional».

Que los nacionalistas pequeñoburgueses, los bundistas, liquidadores, populistas, los escritores de «Dzvin»{76}, defiendan abiertamente sus principios de nacionalismo burgués refinado, es su derecho. Pero que no engañen a los obreros, como lo hace, por ejemplo, la Sra. V. O. en el núm. 35 de «Sévernaia Rabóchaia Gazeta», tratando de convencer a los lectores de que ¡el periódico «Za Pravdu» niega la enseñanza en la lengua materna!

Esto es una burda calumnia, pues los pravdistas no solo reconocen este derecho, sino que lo reconocen de manera más consecuente que nadie. ¡Los pravdistas fueron los primeros en Rusia en reconocer plenamente los derechos de la lengua materna, al adherirse a la conferencia de los marxistas que proclamó la inexistencia de un idioma estatal obligatorio!

Confundir la enseñanza en la lengua materna con «la división de la enseñanza escolar por nacionalidades dentro de un solo Estado», con «la autonomía cultural-nacional», con «la sustracción de la enseñanza escolar de la competencia del Estado» es la ignorancia más flagrante.

En ninguna parte del mundo los marxistas (e incluso los demócratas) niegan la enseñanza en la lengua materna. Y en ninguna parte del mundo los marxistas han adoptado el programa de «autonomía cultural-nacional»; fue planteado solo en Austria.

El ejemplo de Finlandia, aducido por la Sra. V. O., la refuta a ella misma, pues en ese país está reconocida e implementada la igualdad de derechos de las naciones y las lenguas (lo que nosotros reconocemos incondicionalmente y de manera más consecuente que nadie), pero no se habla en absoluto de «sustraer la enseñanza escolar de la competencia del Estado», ni de uniones nacionales especiales para administrar toda la enseñanza escolar, ni de dividir toda la enseñanza escolar estatal con barreras nacionales, etc.

«Put Pravdy» núm. 82, 10 de mayo de 1914. Firmado: V. I.

Se imprime según el texto del periódico «Put Pravdy»