Cuanto más se despliega el movimiento obrero, cuanto más cohesionadas son sus acciones, tanto más gritan los grupúsculos intelectuales desligados de las masas sobre el «fraccionalismo», la «moda pravdistófila», la «ceguera fraccional», etc. Estas buenas personas ni siquiera sospechan que con ello se están dando a sí mismas un certificado de pobreza. Donde ellas ven únicamente una especie de calamidad espontánea, por la cual solo cabe lamentarse ruidosamente, se manifiesta en realidad la madurez y la firmeza de nuestro movimiento obrero.

Nada ha desenmascarado tanto toda la sordidez, toda la falsedad de los gritos intelectuales contra el «fraccionalismo» obrero como las recientes elecciones abiertas de los trabajadores para los seguros.

Tomemos el periódico populista *Pensamiento del Trabajo*. Incluso después de todas las elecciones de los seguros en Petersburgo, hallamos en el número del 20 de abril un artículo sumamente chillón que demuestra con aires graves que en ningún caso hay que «someterse a la violencia fraccional (!!) de los pravdistas».

¡Violencia fraccional! ¡Cuánta desvergüenza necesitó el periódico populista para escribir esas palabras demagógicas!

Reflexione el lector. Se realizan elecciones abiertas por los obreros. Los obreros llevan a cabo entre ellos un sondeo sobre la orientación política de los participantes. Se publica para conocimiento general los siguientes datos, no discutidos por nadie, sobre la composición política de los electores: 37 pravdistas, 7 liquidacionistas, 4 populistas y 5 sin definir. Los obreros eligen, naturalmente, a la mayoría de los pravdistas. (Se concedió cierta representación también a la minoría: a los mencheviques no liquidacionistas.) Después de esto, el periódico populista arma un escándalo sobre la «violencia fraccional».

Pero si se ponen simplemente en ridículo, señores populistas. Con su propio ejemplo muestran claramente todo el absurdo de la manoseada palabra «fraccionalismo». Han olvidado dos sencillas cifras: 37 y 4. De 53 electores obreros, resultó que cuatro eran populistas, es decir, algo así como el 7 por ciento. Pero los populistas, evidentemente, consideran que los obreros deben elegir a sus representantes no por mayoría de votos, sino por minoría. Para complacer a los populistas, habría que equiparar a los 37 electores obreros con los 4. 37 es igual a cuatro: eso es, justamente, lo que los buenos y «no fraccionales» populistas intentan hacerle entender a los obreros. No es extraño que los obreros no acaben de comprender esa sabiduría populista.

Todo tiene un límite, señores populistas «no fraccionales». Si, teniendo 4 electores de 53, se permiten gritar sobre la «violencia fraccional» de la mayoría, con ello demuestran una sola cosa: que no saben respetar la voluntad de la mayoría, que con sus desenfrenados gritos contra el «fraccionalismo» intentan frustrar la voluntad de la inmensa mayoría de los obreros. Ustedes, y no otros, son los que verdaderamente intentan ejercer la violencia de una ínfima minoría sobre la abrumadora mayoría.

Al practicar la política más miserable y más falta de principios de un círculo aislado de las masas, intentan con sus alaridos contra la «violencia fraccional» crispár los nervios de los obreros y exigen, por ese método poco atractivo, la satisfacción de los intereses de su círculo. Si existe algún «fraccionalismo» de la peor calaña, es precisamente la conducta de los círculos liquidacionista y populista, que frustran la voluntad de los obreros.

El mismo cuadro vemos también en relación con las elecciones para los seguros en un centro tan importante como Riga.

Se celebra una reunión de los directivos de las cajas de enfermedad para proponer candidatos a la junta provincial de seguros. Están representadas 21 cajas. Se produce una lucha enconada entre las corrientes políticas. De un lado, liquidacionistas, populistas, sin partido, algunos sindicatos. Del otro, los pravdistas. Interviene una multitud de oradores por ambas partes. Como resultado, la lista pravdistá obtiene 44 votos, el bloque de todos los demás, 20. (Tomamos estos datos del propio *Pensamiento del Trabajo* nº 2.) Los pravdistas tienen así más de dos tercios.

Después de esto los populistas vuelven a alzar el llanto sobre el «fraccionalismo» y la «violencia fraccional».

Obsérvese cómo juegan con las palabras. Los populistas, en efecto, nunca han sido una fracción de la socialdemocracia. Populistas y socialdemócratas siempre han constituido dos partidos distintos, con programa, táctica y organización propios. La lucha entre socialdemócratas y populistas es una lucha política de partidos, y no «fraccional» en modo alguno. ¿Qué tiene que ver aquí el «fraccionalismo»?

¿No está claro que los gritos de los liquidacionistas y de los «conciliadores» contra el «fraccionalismo» sólo hacen el juego a los enemigos del partido obrero, sólo siembran el caos y la dispersión, confunden los conceptos y desorientan a los obreros?

Los gritos contra el «fraccionalismo» se han convertido en sistema. Los enemigos de los marxistas se valen conscientemente de él para desorientar a los obreros. Si a tal o cual intelectual o a un círculo de intelectuales no le gusta una decisión de los obreros, grita: ¡auxilio, «fraccionalismo», sálvense, «violencia fraccional»!

A nadie sorprenden con eso, señores. Cuando el escisionista y liberal F. D. en la *Gaceta Liquidacionista del Norte* jura en cada línea que él está por la «unidad»; cuando Trotski, en su revistilla archiintelectual, totalmente intelectual, grita en grandilocuentes expresiones sobre la «emancipación fraccional»; cuando los pequeñoburgueses pseudosocialistas de *Pensamiento del Trabajo* aseguran que ellos están por la unidad, los obreros les responden: quien está por la auténtica unidad del movimiento obrero, debe someterse a la mayoría de los obreros conscientes, no debe atreverse a luchar contra el programa marxista y la táctica marxista.

*El Camino de la Pravda* nº 81, 9 de mayo de 1914.

Se imprime según el texto del periódico *El Camino de la Pravda*.