Rasgo distintivo sumamente importante de la Rusia posrevolucionaria es el profundo viraje ideológico entre las capas opositoras o progresistas. Quien olvida este rasgo se priva de la posibilidad de comprender tanto la revolución rusa y su carácter, como las tareas de la clase obrera en la época contemporánea.

El viraje ideológico entre la burguesía liberal consiste en la creación de una corriente antidemocrática (Struve, Izgóiev, V. Maklákov abiertamente, los demás kadetes a escondidas, «con recato»).

Entre la democracia, el viraje consiste en una enorme descomposición ideológica y en vacilaciones, tanto entre los socialdemócratas (democracia proletaria) como entre los socialrevolucionarios (democracia burguesa). Incluso los mejores representantes de la democracia se limitan a lamentar la descomposición, las vacilaciones, el renegadismo. Los marxistas, en cambio, buscan las raíces de clase de este fenómeno social.

La principal manifestación de esta descomposición es el liquidacionismo, que ya en 1908 recibió una definición oficial, aprobada por «la totalidad marxista», como «intentos de una parte de la intelectualidad de liquidar» la clandestinidad y «sustituirla» por un partido obrero legal. En la última reunión oficial de los marxistas dirigentes, en la que estuvieron presentes representantes de todas las «corrientes» y grupitos, en enero de 1910, no se encontró ni una sola persona capaz de objetar la condena del liquidacionismo como manifestación de la influencia burguesa sobre el proletariado. Esta condena, y al mismo tiempo explicación de las raíces de clase del liquidacionismo, fue aprobada por unanimidad.

Desde entonces han pasado más de cuatro años, y la enorme experiencia del movimiento obrero de masas ha dado miles de confirmaciones de esta valoración del liquidacionismo.

Los hechos han demostrado que tanto la teoría del marxismo como la práctica del movimiento obrero de masas han ajustado cuentas de manera irrevocable con el liquidacionismo, en tanto corriente burguesa y antiobrera. Basta recordar, por ejemplo, en un solo mes, marzo de 1914, cómo *Sévernaia Rabóchaya Gazeta* denigraba la «prensa ilegal» (núm. del 13 de marzo) o las manifestaciones (el señor Gorski en el núm. del 11 de abril), cómo Bulkin denigraba de manera completamente liberal la «clandestinidad» (*Nasha Zariá*, núm. 3), cómo el tristemente célebre L. M., en nombre de la redacción de *Nasha Zariá*, apoyaba plenamente en este punto a Bulkin y defendía la «construcción de un partido obrero legal»; basta recordar esto para comprender por qué los obreros conscientes no pueden relacionarse con el liquidacionismo sino con una condena implacable y un boicot total a los liquidadores.

Pero aquí surge una cuestión muy importante: ¿cómo surgió históricamente tal corriente?

Surgió en la historia de veinte años de vínculo del marxismo con el movimiento obrero de masas en Rusia. Hasta 1894-1895 no existía tal vínculo. El grupo «Emancipación del Trabajo» solo fundó teóricamente la socialdemocracia y dio el primer paso al encuentro del movimiento obrero.

Solo la agitación de 1894-1895 y las huelgas de 1895-1896 crearon un vínculo sólido y continuo de la socialdemocracia con el movimiento obrero de masas. Y de inmediato comenzó la lucha ideológica de dos corrientes en el marxismo: la lucha de los «economistas» con los consecuentes o (más tarde) «iskristas» (1895-1902), la lucha de los «mencheviques» con los «bolcheviques» (1903-1908), la lucha de los liquidadores con los marxistas (1908-1914).

El «economismo» y el liquidacionismo son formas distintas de un mismo oportunismo pequeñoburgués e intelectualoide, que existe desde hace 20 años. No solo el vínculo ideológico, sino también el personal entre todas estas formas de oportunismo es un hecho indudable. Basta nombrar al cabecilla de los «economistas», A. Martínov, posteriormente menchevique, hoy liquidador. Basta remitirse a un testigo como G. V. Plejánov, quien personalmente en muchísimos puntos estuvo próximo a los mencheviques y, no obstante, reconoció directamente que los mencheviques absorbieron elementos intelectualoides y oportunistas, que los liquidadores son los continuadores de los errores del «economismo» y los destructores del partido obrero.

Un daño grandísimo causan a los obreros aquellas personas que (como los liquidadores y Trotski) soslayan o tergiversan esta historia de 20 años de lucha ideológica en el movimiento obrero.

No puede ser un obrero consciente quien se relaciona con la historia de su movimiento como Iván el Desmemoriado. De todos los países capitalistas, Rusia es uno de los más atrasados, uno de los más pequeñoburgueses. Por eso el movimiento de masas obrero no casual, sino inevitablemente, engendraba un ala pequeñoburguesa y oportunista en ese movimiento.

El progreso en la depuración del movimiento obrero de la influencia de la burguesía, de la influencia del «economismo»-liquidacionismo durante estos 20 años es enorme. Ahora, por primera vez, se consolida sólidamente el verdadero fundamento proletario de un verdadero partido marxista. Todos reconocen, incluso los enemigos de los pravdistas se ven obligados a reconocerlo —¡los hechos obligan a reconocerlo!—, que entre los obreros conscientes los pravdistas son la enorme mayoría. Lo que el «pleno» marxista de enero de 1910 reconoció teóricamente (el liquidacionismo es «influencia burguesa sobre el proletariado»), los obreros conscientes lo llevaron a la práctica en cuatro años, obligaron a reconocerlo prácticamente, debilitando a los liquidadores, despojándolos de sus puestos, convirtiendo al liquidacionismo en un grupo ajeno al movimiento obrero de masas, un grupo de literatos oportunistas legales.

El movimiento obrero en Rusia a lo largo de estos dos decenios de lucha de ideas crece y se fortalece, madura de manera constante. Venció al «economismo»: toda la flor del proletariado consciente se puso del lado de los «iskristas». Dejó en minoría a los «mencheviques» en todos los momentos decisivos de la revolución: incluso el propio Levitski se vio obligado a reconocer que las masas obreras marchaban con los bolcheviques.

Finalmente, venció ahora al liquidacionismo y, gracias a ello, se puso en el camino correcto de una lucha amplia, iluminada por la teoría marxista, sintetizada en consignas íntegras, del clase avanzada por las tareas históricas avanzadas de la humanidad.

*Put Pravdy*, núm. 77, 4 de mayo de 1914.

Se imprime según el texto del periódico *Put Pravdy*.