Los periódicos han hablado ya mucho de la famosa sesión de la Duma del 22 de abril, con la expulsión de todos los socialdemócratas y trudoviques{73}. Pero la importancia de este acontecimiento aún no ha sido suficientemente esclarecida.

Toda crisis política, independientemente de su desenlace, es útil también porque hace manifiesto lo oculto, descubre las fuerzas que actúan en la política, desenmascara los engaños y autoengaños, las frases y las ficciones, muestra de manera evidente y mete, por así decirlo, a la fuerza en las cabezas «lo que es».

Todos los diputados demócratas de la Duma, tanto socialdemócratas como trudoviques, fueron excluidos por 15 sesiones y expulsados, en su mayoría, por la fuerza militar. Esta exclusión se llevó a cabo para complacer a aquellos que, con la inculpación de Chjeidze, pusieron de manifiesto la «firme» intención de dar un paso (o, mejor dicho, diez pasos a la vez) a la derecha. Votaron por esta exclusión las derechas y los octubristas, más una parte de los progresistas, es decir, de los liberales burgueses que se hallan en estrechísima, de hecho irrompible, alianza con los kadetes.

¡Los kadetes se abstuvieron! Esta abstención del partido que pretende ser democrático puso magníficamente al descubierto —no por primera vez, ni mucho menos— la verdadera naturaleza del liberalismo de los señores kadetes. La IV Duma se dispone a expulsar a Chjeidze, y tras él a otros socialdemócratas, y luego a todos los demócratas, empezando por excluirlos, ¡¡y los señores «jefes» de la oposición liberal se abstienen!! Por muchos mares de tinta que gasten después liberales y kadetes para urdir sofismas y evasivas, del tipo de que no aprobaban únicamente la «forma» de las intervenciones de los socialdemócratas, etc., la esencia del asunto quedará clara para toda persona que no quiera engañarse a sí misma.

Abstenerse, cuando Goremykin, Rodzianko y su mayoría excluían a los diputados demócratas, significaba, de hecho, apoyar con su silencio, aprobar moralmente, reforzar políticamente a Goremykin y Rodzianko y a su mayoría.

No se puede reconocer como acertado el punto de vista de L. M. en el n.º 61 de «Sévernaia Rabóchaia Gazeta», donde escribía que «la mayoría de la Duma, con los octubristas a la cabeza, cometió un suicidio político». Este es un punto de vista de liberal de izquierda, no de demócrata y, menos aún, de socialdemócrata.

La mayoría de la Duma y los octubristas no cometieron suicidio alguno. Todos ellos son contrarrevolucionarios conscientes, participantes conscientes del bloque del tres de junio y del sistema de Stolypin, enemigos conscientes de la democracia. ¿Qué suicidio puede haber aquí si ellos, reconociendo a Goremykin como su jefe político, siguen a este jefe contra sus enemigos de clase, contra los representantes de la democracia, notoriamente hostil a los octubristas?

¿A qué vienen estas frases hinchadas y radicalmente falsas sobre el «suicidio»? Pues estas frases suponen que los octubristas no son enemigos de la democracia, es decir, suponen algo escandalosamente falaz. Pues estas frases se asemejan al democratismo vulgar de aquellos insensatos populistas de izquierda que a menudo gritaban que la III y la IV Duma son una institución «de castillo de naipes», un castillo de naipes. La votación octubrista a favor de Goremykin, Maklákov y Scheglovítov podría considerarse un suicidio únicamente en el caso de que los octubristas fueran los portavoces de la «voluntad del pueblo». Pero, en realidad, son los portavoces de la «voluntad» de aquellas capas de la gran burguesía y de los terratenientes que sienten un miedo mortal al pueblo.

No, miremos a la verdad directamente a la cara. En política, es siempre el mejor y el único sistema correcto.

El acontecimiento del 22 de abril en la Duma rompió y mató los restos de las ilusiones constitucionales y legalistas; esta sí será la verdad. El bloque contrarrevolucionario de Purishkévich, Rodzianko y los octubristas «de izquierda», más una parte de los progresistas, actuó directa, abierta, decididamente, a lo soldado (no en sentido figurado, sino literal de esta última expresión, pues los soldados fueron llamados a la Duma) contra la democracia. Los liberales contrarrevolucionarios, Miliukov y Cía., se abstuvieron. Esto no podía dejar de esperarse después de toda la historia de la III y la IV Duma, después de toda la historia de los diez primeros años del siglo veinte.

¡Qué bien! Cuanto menos autoengaño, mejor para el pueblo. ¿Qué ganó el país con el incidente de la Duma del 22 de abril? Ganó el haber perdido una pequeña porción más de ilusiones, perjudiciales para la causa de la libertad de este país.

«Put Pravdy» n.º 76, 3 de mayo de 1914.

Se publica según el texto del periódico «Put Pravdy».