Los lectores de nuestro periódico conocen cuántas polémicas y luchas suscita el liquidacionismo en el movimiento obrero contemporáneo de Rusia. Hemos señalado incansablemente que ningún trabajador consciente (y en cierto sentido podría decirse incluso: ningún demócrata consciente) puede prescindir de una comprensión clara y precisa del liquidacionismo.

Mientras tanto, nuestros adversarios, tanto en “Sévernaia Rabóchaia Gazeta” como en “Nashá Zariá”, no sólo se abstienen de exponer íntegramente y esclarecer ante sus lectores las resoluciones oficiales sobre la esencia del asunto (por ejemplo, según los textos de 1908 y 1910) acerca del liquidacionismo, sino que hacen algo mucho peor y más perjudicial: o bien “niegan” de plano el liquidacionismo, o bien, en lugar de una exposición exacta de la resolución unánime de 1910, la sustituyen con frases confusas e impertinentes.

Por eso consideramos necesario aprovechar el caso excepcionalmente raro en que el propio L. Mártov ha dado, en letra impresa, una definición o descripción del liquidacionismo que para este autor resulta increíblemente exacta y verídica.

En el segundo tomo de la conocida obra de N. Rubakin “Sredi knig” (Entre los libros) (2.ª ed., Moscú, 1913, pág. 771) hallamos la carta de L. Mártov, reproducida por el Sr. Rubakin sin modificación alguna, en respuesta a la petición de este último de «exponer la esencia y la historia del menchevismo». L. Mártov escribe en dicha carta, textualmente, lo siguiente:

«Tras la derrota del movimiento social, la misma tendencia de los mencheviques» (a saber, la tendencia a «poner los cimientos de una nueva construcción partidaria con un espíritu de clase socialista más definido, o a dotar a la socialdemocracia de una base nueva para su autorreforma radical») «a la reforma organizativa del partido halló su expresión en una actividad intensificada para constituir toda clase de organizaciones obreras sin partido –sindicatos, círculos de autoeducación (en parte cooperativas), etc.–, así como en los intentos de, apoyándose en estas sociedades, crear un partido obrero abierto o sus avanzadas organizativas (los participantes en estos intentos recibieron en la polémica el apodo de “legalistas” o “liquidacionistas” por su actitud negativa hacia las organizaciones clandestinas subsistentes)».

Esto es todo lo que Mártov dijo sobre el liquidacionismo. Hemos subrayado aquí los pasajes principales. No nos detendremos en la pequeña inexactitud de que tan sólo «en la polémica» y tan sólo «los participantes en los intentos» fueron llamados liquidacionistas; en realidad, en la resolución marxista común, oficial y obligatoria para todos los marxistas, de 1908, se habla del liquidacionismo como de una corriente determinada. Pero esto es, en comparación, una minucia.

Y lo principal y esencial es que L. Mártov reveló aquí sin querer la comprensión y el conocimiento de lo que es el liquidacionismo.

Intentos de crear un partido obrero abierto y, por supuesto, la prédica y defensa de esa idea. Actitud negativa hacia las organizaciones subsistentes (y, desde luego, hacia las que resurgen) del «viejo tipo». He ahí la esencia del asunto, que “Nashá Zariá”, “Luch” y “Sévernaia Rabóchaia Gazeta” han intentado e intentan mil veces embrollar, oscurecer y negar.

El lector que reflexione sobre el alcance de los hechos aducidos comprenderá por qué el mero hecho de que los liquidacionistas hablen de «unidad» provoca entre los trabajadores conscientes ora una profunda indignación y cólera, ora (según el estado de ánimo) una burla mordaz. Pues puede perfectamente imaginarse que un partidario de la idea del partido abierto rechace sincera y honradamente la «clandestinidad», ya que tal es su convicción. Pero no cabe imaginarse discursos sinceros y honestos sobre la «unidad» de parte de quienes colaboran en “Nashá Zariá” o “Sévernaia Rabóchaia Gazeta”. Colaborar en esos órganos significa luchar de hecho contra la «clandestinidad» a favor del partido abierto, que ellos continúan predicando y defendiendo.

Por eso, cuando la Oficina Socialista Internacional, en diciembre de 1913, puso en el orden del día el esclarecimiento de las condiciones para la unidad en Rusia, los marxistas organizados tanto de Petersburgo como de Moscú declararon de inmediato y públicamente: la primera y fundamental condición es la renuncia resuelta e incondicional al liquidacionismo, el cambio completo y radical de toda la orientación del grupo de “Nashá Zariá” y “Luch”. Los luchistas respondieron también públicamente (tanto F. D. como L. M.) que no estaban de acuerdo con ello.

Siendo así, es evidente que quienes disertan sobre la «unidad» con ese grupo que persiste en sus ideas liberales se engañan a sí mismos y a los demás. La unidad real de la mayoría de los trabajadores conscientes ya se ha formado y seguirá formándose mediante la cohesión en torno a las resoluciones marxistas y al conjunto marxista frente a ese grupo escisionista.

“El Camino de la Verdad” núm. 73, 29 de abril de 1914.

Se publica según el texto del periódico “El Camino de la Verdad”.