Hemos ofrecido un breve repaso de la historia de la prensa obrera en Rusia y del surgimiento de «Pravda». Hemos tratado de mostrar cómo la historia secular de los movimientos democráticos en Rusia condujo a la formación de un movimiento independiente de la democracia obrera bajo la bandera ideológica del marxismo; – cómo la historia de veinte años del marxismo y del movimiento obrero en Rusia, como resultado de la larga lucha de la vanguardia obrera contra las corrientes pequeñoburguesas y oportunistas, condujo a la cohesión de la inmensa mayoría de los obreros conscientes en torno a «Pravda», creada por el célebre ascenso primaveral del movimiento obrero de 1912.

Hemos visto cómo en los dos años de existencia del periódico se agruparon ideológicamente, y en cierta medida también organizativamente, los obreros conscientes pravdistas, creando y sosteniendo, fortaleciendo y desarrollando con sus esfuerzos una prensa obrera consecuentemente marxista. Defendiendo estrictamente su continuidad con los marxistas organizados de la época histórica anterior, sin vulnerar ninguna de sus decisiones, construyendo lo nuevo sobre los cimientos de lo viejo y avanzando de manera sistemática e inquebrantable hacia la meta firme y claramente trazada del marxismo consecuente, los obreros pravdistas sentaron las bases para la solución de una tarea histórica extraordinariamente difícil.

Toda una legión de enemigos, un cúmulo inmenso de dificultades, tanto externas como internas, se alzaron en el camino del movimiento obrero durante el período de 1908-1911. En ningún país del mundo había logrado hasta entonces el movimiento obrero salir de crisis semejantes conservando la continuidad, la organización y la fidelidad a las viejas decisiones, al programa y a la táctica.

Y el obrero ruso – o, mejor dicho, el obrero de Rusia – lo logró; logró salir con honor de una crisis increíblemente difícil, conservando la fidelidad al pasado, manteniendo la continuidad organizativa y asimilando al mismo tiempo nuevas formas de preparación de sus fuerzas, nuevos métodos de ilustración y de unión de las nuevas generaciones del proletariado, para resolver con los viejos métodos las viejas tareas históricas aún no resueltas.

Entre todas las clases de la sociedad rusa, solo la clase obrera de Rusia logró esto; no, por supuesto, porque estuviese por encima de los obreros de otros países – al contrario, aún estaba muy por detrás de ellos en organización y conciencia –, sino porque supo apoyarse a la vez en la experiencia de los obreros del mundo entero y en su experiencia teórica, en las conquistas de su conciencia, de su ciencia, experiencia resumida por el marxismo, – y en la experiencia práctica de los proletarios de los países vecinos, con su magnífica prensa obrera y su organización de masas.

Los obreros pravdistas, que en los momentos más difíciles y duros defendieron su línea frente a las persecuciones externas y frente al desaliento, la falta de fe, la pusilanimidad y la traición desde dentro, pueden decirse ahora con plena conciencia y firmeza: sabemos que estamos en el camino justo, pero apenas estamos dando los primeros pasos en ese camino, y las principales dificultades aún nos esperan; todavía nos queda mucho por hacer para afianzarnos definitivamente y para elevar a la vida consciente a millones de proletarios atrasados, dormidos y oprimidos.

Que los «compañeros de viaje» pequeñoburgueses del proletariado, que siguen servilmente a los liberales, hablen con desdén contra la «clandestinidad», contra la «propaganda de la prensa ilegal»; que se dejen seducir por la «legalidad» del 3 de junio. Nosotros conocemos la fragilidad de esa «legalidad», y no olvidaremos las lecciones históricas sobre la importancia de la prensa libre de censura.

Continuando desarrollando la labor «pravdista», impulsaremos la obra puramente periodística de la mano de todos los demás aspectos de la causa obrera.

Hay que difundir «El camino de Pravda» tres, cuatro y cinco veces más que ahora. Hay que crear un suplemento sindical general, con la participación en la redacción de representantes de todos los sindicatos y agrupaciones. Hay que crear suplementos regionales de nuestro periódico (Moscú, los Urales, el Cáucaso, la región del Báltico, Ucrania). Hay que fortalecer – a despecho de los nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses de todas las naciones sin excepción – la unidad de los obreros de todas las nacionalidades de Rusia, y con ese fin iniciar, entre otras cosas, suplementos de nuestro periódico dedicados al movimiento de los obreros de las distintas nacionalidades de Rusia.

También es preciso ampliar en una medida muchas veces mayor la sección del extranjero de «El camino de Pravda» y la crónica de la vida organizativa, ideológica y política de los obreros conscientes.

Hay que crear una «Pravda Vespertina» de a kópek; «El camino de Pravda» en su forma actual es imprescindible para el obrero consciente y debe ser ampliado aún más, pero resulta demasiado caro, demasiado difícil, demasiado extenso para el obrero de la calle, para el hombre de la masa, para el representante de los millones que aún no se han incorporado al movimiento... De ellos jamás se olvidará el obrero de vanguardia, consciente de que el aislamiento gremial, la formación de una aristocracia obrera y su separación de la masa significan el embrutecimiento y el envilecimiento del proletario, su conversión en un mísero pequeñoburgués, en un lacayo lastimoso, significan la pérdida de toda esperanza en su emancipación.

Hay que crear una «Pravda Vespertina» de a kópek que penetre, en 200.000 o 300.000 ejemplares, en el seno de la masa proletaria y semiproletaria, mostrándole la luz del movimiento obrero mundial, infundiéndole fe en sus propias fuerzas, impulsándola a la cohesión, ayudándola a elevarse hasta la plena conciencia.

Hay que lograr una organización de los lectores de «El camino de Pravda» mucho mayor que en la actualidad, por fábricas, talleres, distritos, etc., y una participación más activa en el envío de correspondencia, en la dirección del periódico y en su difusión. Hay que lograr la participación sistemática de los obreros en el trabajo de redacción.

Hay que... ¡y son muchas las cosas que hay que hacer! No podemos enumerar aquí todo lo que hay que hacer; ¡seríamos incluso ridículos (y peor que ridículos) si pretendiéramos enumerar aquí todos o los principales ámbitos y campos de nuestra labor!

Sabemos que estamos en el camino justo. Sabemos que marchamos de la mano de los obreros de vanguardia de todos los países. Sabemos que el actual campo de nuestra labor es tan solo una pequeñísima parte del todo, que aún nos hallamos en los comienzos de nuestro gran camino hacia la emancipación. Pero también sabemos que no hay fuerza en el mundo capaz de detenernos en este camino.

«Rabochi» nº 1, 22 de abril de 1914.  
Se publica según el texto del periódico «Rabochi».