A María Ilyínichna Uliánova. Calle de Moscú,
casa de Samarín, apartamento 3. Vólogda. Russland. Vologda

¡Querida Maniasha! He recibido noticias de que al parecer estás descontenta por mi prolongado silencio. Soy realmente muy culpable en materia de cartas — es ya muy difícil, en nuestra (y sobre todo en tu y en mi) situación llevar la correspondencia como quisiéramos...

Ayer recibimos la carta de mamá para mí y para Nadia. Dale un fuerte beso a mamá de mi parte. Quizá en verano estéis mejor que en invierno.

Hace poco tuve noticias del destierro de Olónets. Allá están reuniendo material sobre la situación y composición del destierro: mayoría abrumadora de obreros, gente nueva (posrevolucionarios), sobre 150 personas en el distrito, 2 liquidacionistas, pocos narodniks de izquierda. Por lo visto, el destierro está cambiando mucho en cuanto a composición — sería interesante ir recogiendo datos sobre esto y publicarlos de vez en cuando en «Prosveshchenie» 327. Nadia te ha escrito y se propone escribirte más.

Nosotros dentro de unas dos semanas volvemos a salir para Poronin — allí hay montañas, y espero que el bocio de Nadia se cure, esta enfermedad se trata con montañas. Ahora hace un tiempo espléndido, yo salgo a menudo en bicicleta.

En general, por muy sorda y salvaje que sea esta ciudad nuestra, estoy sin embargo más contento aquí que en París. Allí el ajetreo de la vida colonial era increíble, los nervios se me desgarraban desesperadamente y en vano, en París es incómodo trabajar, la Bibliothèque nationale* está mal organizada — más de una vez hemos recordado Ginebra, donde se trabajaba mejor, había una biblioteca cómoda y la vida era menos nerviosa y absurda. De todos los lugares de mis peregrinaciones, yo elegiría Londres o Ginebra, si ambos no quedaran tan lejos. Ginebra es especialmente buena por su cultura general y por la extraordi-

A. I. ULIÁNOVA-YELIZÁROVA. 14 DE NOVIEMBRE DE 1914

naria comodidad de la vida. Aquí, claro, ni hablar ya de cultura — casi como en Rusia: la biblioteca es mala y muy incómoda, aunque a mí casi no me toca ir por ella...

En otoño los Tatras (las montañas cerca de las que vivimos en Poronin) son una maravilla — por lo menos el año pasado, tras un verano lluvioso, el otoño fue precioso. Tú terminas en otoño precisamente — y a veces sueño: ¿no nos veremos en otoño? Si el otoño es bueno, pensamos quedarnos en el campo también en octubre.

Un fuerte apretón de manos. Tuyo, V. U.